VECINA DE LAS BARRACAS DEL CARMEL ENTRE 1947 Y 1972

Custodia Moreno: "Estudiaba por las noches, con una vela"

Custòdia Moreno, en la biblioteca del Carmel, por la que tanto batalló.

Custòdia Moreno, en la biblioteca del Carmel, por la que tanto batalló. / JONATHAN GREVSEN

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Hablar de Custodia Moreno es hablar de lucha vecinal. Su historia y la del Carmel van de la mano desde que esta luchadora llegó a la ciudad, con solo cuatro años, en el célebre Sevillano el 1 de noviembre de 1947. "Vinimos porque unos amigos nos dijeron que nos habían alquilado un piso. Al llegar, ese mismo piso se lo habían alquilado a cuatro familias más", recuerda Moreno. Ante el panorama, acabaron realojados en 'casa' de estos amigos: una barraca en el Carmel, donde Custodia vivió hasta 1972 sin agua, luz ni alcantarillado -no llegaron hasta 1974, gracias a la lucha vecinal encabezada por la propia Custodia- y donde se sacó una carrera universitaria, estudiando por las noches a la luz de una vela. Fue la única del barrio que estudió una carrera universitaria.

"Nada más aterrizar aquí, mi madre se puso a servir para intentar salir adelante, pero no estaba hecha para eso, y enseguida montó una pequeña tienda en la barraca donde vendía un poco de todo. ¡Fuimos los precursores de El Corte Inglés!", bromea esta mujer, que enseguida lideró las movilizaciones para la mejora del barrio, una de las zonas de barraquismo que más años resistió y donde llegaron a levantarse 550 barracas, las últimas en pie hasta 1990.

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"Me ponía mala la doble moral de algunas señoras que venían los domingos a hacer caridad, a traer comida a los pobres barraquistas, mientras en sus casas tenían trabajando a mujeres del barrio pagándoles poquísimo y tratándolas fatal", se enciende Custodia, quien destaca la importancia del papel de las mujeres en la vida en las barracas. "Con los pocos recursos que tenían, hacían todo lo posible por sacar adelante a sus familias. Las casas estaban siempre impecables dentro de lo posible. Nunca faltaba un tapete ni un detalle", relata.

En el capítulo de lo positivo, Custodia destaca la hermandad entre los vecinos. "Éramos como una familia. Hacíamos una piña increíble. La primera Navidad que pasamos fuera de las barracas todavía la celebramos todos juntos", recuerda. En el de lo negativo -mucho más amplio- señala la falta de intimidad. "Piensa que muchos matrimonios no pudieron tener jamás una habitación donde estar solos", concluye.