"SUFRE UNA CONMOCIÓN"

Araujo tuvo que abandonar el césped en ambulancia y es ingresado en el hospital

Araujo entra en la ambulancia tras el golpe que sufrió con Gavi en el Camp Nou.

Araujo entra en la ambulancia tras el golpe que sufrió con Gavi en el Camp Nou. / Jordi Cotrina

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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Se asustó Araujo. Se asustó el Camp Nou. Se asustó el fútbol. Caído el coloso uruguayo sobre el césped, tras un choque con Gavi, su compañero, que le hizo abandonar el estadio metido en una ambulancia dejando un tremendo poso de preocupación alterando el paisaje de un extraño partido. 

Asustados estaban todos porque el defensa se desplomó tras ese golpe con el pequeño Gavi, mientras el estadio no dejaba de corear “¡¡¡uruguayoooo, uruguayoo…!!! con los médicos atendiendo al defensa en esos largos minutos que no tenían fin. Todo lo que ocurrió antes y después ya dejó de tener sentido.

Riqui Puig, en el banquillo antes de comenzar el Barça-Celta en el Camp Nou.

/ Jordi Cotrina

Como, por ejemplo, que Riqui Puig no fue titular. Había tres centrocampistas sanos para tres puestos siguiendo el formato táctico tradicional del 4-3-3. Estaba destinado a un trío en la sala de máquinas integrado por Frenkie de Jong, Gavi y Riqui Puig, que se colaría en el once aprovechando la sanción de Busquets y las lesiones de Pedri y Nico. Era, en teoría, su noche.

Un dibujo táctico innovador

En teoría se quedó porque Xavi recurrió a una fórmula tan innovadora en el once inicial que solo apostó por dos (Frenkie y Gavi), quedando Riqui en el banquillo. Un partido más. Y ya eran 25 de forma consecutiva. O sea, desde enero pasado, prueba de la escasa confianza que tiene el técnico en el joven de Matadepera. 

Dembélé, en una jugada de ataque en el Barça-Celta del Camp Nou.

/ Jordi Cotrina

Cambió toda su biblia Xavi. Sin Busquets decidió alterar la esencia de su modelo, con los jugadores desconcertados y el cuerpo técnico intentando ajustar esa desorientación táctica. Hasta cuatro ocasiones acudió Òscar Hernández, su hermano, a la línea de cal, abandonando precipitadamente el banquillo para susurrarle algo al oído. Incluso Gavi recurrió una explicación adicional a esa pizarra que pocos comprendían.

La luz de Ousmane

Agotaba el reloj la primera media de un juego horroroso cuando Dembélé, en medio de la penumbra melancólica que rodea al club y angustia al equipo, encendió la luz. Caño, autopase, cabalgada y Memphis, que no sabe aún si continuará en el Camp Nou la próxima temporada, como tantos otros, dio la tranquilidad al preocupado cuerpo técnico azulgrana, desconcertado por esa extraña puesta en escena.

Con Busquets en la grada, el Barça se desfiguró. Estaba irreconocible. Como el propio Dembélé, capaz de tener la pausa que no suele tener, inteligente en la lectura de los espacios, tanto en el 1-0 como en el 3-0. Tal vez, sea su penúltimo partido como azulgrana en el Camp Nou, pero no se le había visto tan lúcido y preciso en la toma de elecciones.

Aubameyang festeja el 3-0 al Celta en el Camp Nou.

/ Jordi Cotrina

Acostumbrado el barcelonismo, tras casi cinco años de compleja cohabitación, a que sus centros no tuvieran la clarividencia necesaria, el Celta tuvo una condena inesperada. Y Xavi, entretanto, desandó el extraviado camino andado y retornó al 4-3-3, con la inclusión de Riqui Puig ocupando la plaza de un también extraviado Ferran Torres. Dembélé, entretanto, a lo suyo.

La puntería de Aubameyang

Dos galopadas por el flanco derecho, dos asistencias (suma 13 en la Liga, nadie es tan generoso como el francés) y dos goles de Aubameyang. Pero el estadio quedó en un sobrecogedor silencio cuando Araujo y Gavi chocaron entre ellos, dejando al uruguayo en el césped. De inmediato, sus compañeros, el primero fue Eric García, llamaron a los médicos.

Aubameyang celebra uno de sus goles al Celta en el Camp Nou.

/ Jordi Cotrina

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Alves reclamó la presencia de la ambulancia que entró con urgencia en el césped del Camp Nou, arropado por los servivios médicos del Barça y del Celta. El grito de la afición (no eran ni 60.000 personas) retumbaba en el viejo estadio: ‘¡Uruguayooo, uruguayo….!’

Se le colocaba una protección para que no se moviera ni un solo milímetro su cabeza, trasladado de inmediato a un hospital. ¿El partido? Ya era lo de menos. Hasta Iago Aspas falló uno de los goles más fáciles de su vida, enredando una jugada porque todos tenían la mente en esa imagen de Araujo abandonando en la camilla, costó subirla a esa ambulancia amarilla, que entró en el césped.