19 feb 2020

Ir a contenido

BARCELONA, 1 - GRANADA, 0

El Barça de Setién gana y gusta

Un gol de Messi resuelve un partido en el que los azulgranas monopolizaron la pelota pero carecieron de remate

Rafael Tapounet

Messi, perseguido por German Sánchez y Yan Eteki.

Messi, perseguido por German Sánchez y Yan Eteki. / LLUIS GENÉ

Posesión, triangulaciones, paredes, pases al primer toque, llegadas por fuera, presión alta…, conceptos que un día fueron los dogmas sobre los que el Barça edificó su iglesia futbolística y que los fieles habían ido olvidando como se olvidan los juguetes que nos hicieron felices en la infancia. Todo ello volvió al Camp Nou con la intensidad de una borrasca cantábrica en el primer partido de lo que en adelante llamaremos la era Setién. Agarrado a esos principios felizmente recuperados, el equipo azulgrana doblegó al resistente Granada en un encuentro en el que tal vez, solo tal vez, lo de menos fue el resultado. El triunfo por la mínima, 1-0, puede parecer un logro muy menor, pero la ovación que el Camp Nou tributó a los suyos con el pitido final revela que los aficionados vieron algo, cuanto menos, prometedor en este nuevo Barça de Quique Setién.

Hay quien se ha empeñado en vender al entrenador cántabro como un esteta irreductible cuyo propósito en esta vida no es ganar títulos sino hacer que los aficionados de sus equipos acaben aplaudiendo los pases horizontales con el mismo deleite con el que los modernistas del Cau Ferrat aplaudían las puestas de sol. Acaso para contradecirlos, Setién dispuso de salida un once de esos que hacían asomar las horcas y las antorchas en Twitter en la época de Ernesto Valverde, con Sergi Roberto en el lateral derecho, Umtiti acompañando a Piqué en el centro de la zaga y Rakitic y Arturo Vidal como interiores (insertar emoticono de carita angustiada con gota de sudor). La presencia de Ansu Fati en la izquierda del ataque, casi obligada por las ausencias de Suárez y Dembélé, era la única noticia relativamente novedosa a la que podían aferrarse quienes esperaban algo parecido a una revolución.

Los azulgrana celebran el gol de Messi ante el Granada / JOAN MONFORT

Pero en cuanto empezó el partido se vio que quizá sí habría más argumentos a los que agarrarse para mantener viva la llama de la ilusión. Armado de paciencia, el Barça se aplicaba en el nacimiento de las jugadas y conseguía casi siempre una salida limpia, gracias en buena medida a la posición de Sergi Roberto, que se alineaba con los centrales y permitía a Busquets recibir un poco más adelantado y jugar en corto como en sus mejores tiempos. Se diría que Setién había prohibido a sus jugadores rifar la pelota y ello, sumado a una presión ejecutada con ganas de agradar al nuevo técnico, generaba una posesión abusiva como no se veía desde la última proyección de ‘El exorcista’.

Escasas ocasiones de gol

El reverso sombrío de este dominio casi tiránico sobre el balón era el magro saldo de ocasiones de gol. Con Jordi Alba y Ansu Fati funcionando como extremos y Messi y Griezmann ofreciéndose con libertad por el centro del ataque, el equipo insinuaba muchas cosas sin llegar a concretar ninguna. Solo el juvenil descaro de Ansu, siempre valiente a la hora de encarar a su par, algunos vestigios de la eterna conexión Alba-Messi y un par de faltas lanzadas por el rosarino provocaron cierta zozobra en la ordenada defensa nazarí, que vivió una primera parte bastante más plácida de lo que probablemente esperaba.

Cambiaron poco las cosas tras el descanso. Los locales seguían monopolizando la pelota sin mostrar síntomas de impaciencia, pero el juego se diluía una y otra vez cuando llegaba a las inmediaciones del área del Granada. Los interiores azulgranas, quizá los dos futbolistas con menos fluidez a la hora de hablar el idioma del juego de posición, empezaban a enseñar las costuras más de la cuenta, de manera que cuando el Granada, en su único disparo a puerta, estrelló la pelota en el palo, Setién decidió empezar a mover el banquillo.

El factor Riqui Puig

Entre los minutos 69 y 70 ocurrieron dos cosas importantes. Primero, el Granada se quedó con 10 futbolistas después de que Germán viera la segunda amarilla por una falta sobre Messi. Y a continuación, el técnico montañés hizo entrar en el campo a Riqui Puig en sustitución de un Rakitic a quien ahora mismo se le adivinan pocas posibilidades de mantenerse como titular en este equipo. Y fue precisamente el chaval de Matadepera quien inició la jugada del gol después de robar un balón en la punta izquierda del ataque. Lo que siguió fue una pequeña obra de orfebrería labrada al primer toque por Busquets, Messi, Griezmann, Vidal y de nuevo Messi para batir a Rui Silva.

No hizo falta mucho más para cerrar el partido. La escandalosa cifra de posesión azulgrana (82%) explica con elocuencia lo que ocurrió sobre el césped. El primer mandamiento de Cruyff, que debutó como jugador con la camiseta azulgrana precisamente frente al Granada, decía que si tú tienes la pelota, el contrario no la tiene. Setién demostró en el Camp Nou que ese catecismo se lo sabe al dedillo.

Barcelona, 1 - Granada, 0

FC Barcelona: Ter Stegen (6); Sergi Roberto (6), Piqué (6), Umtiti (5), Jordi Alba (7);  Rakitic (5), Busquets (8), Arturo Vidal (6); Messi (8), Griezmann (7), Ansu Fati (7).
Técnico: Setién (7).
Cambios: Riqui Puig (7) por Rakitic (m. 70); Carles Pérez (sc) por Ansu Fati (m. 79); Arthur (sc) por Arturo Vidal (m. 83).
Granada: Rui Silva (7); Víctor Díaz (6), Germán (4), Duarte (7), Foulquier (7); Gonalons (5), Eteki (6), Azeez (5), Vadillo (5); Machís (6); Carlos Fernández (4).
Técnico: Diego Martínez (6).
Cambios: Herrera (5) por Azeez (m. 55); Puertas (5) por Vadillo (m. 65); Martínez (5) por Eteki (m. 72).
Goles:
1-0 (m. 76) Messi finaliza una estupenda jugada al primer toque del ataque azulgrana.
Árbitro: Pizarro Gómez (7), madrileño.
Tarjetas: Machís (m. 11), Germán (m. 59 y 69), Carlos Fernández (m. 71),.
Estadio: Camp Nou. Espectadores: 65.444.