SUPERCOPA

La incongruencia del nuevo fútbol del VAR

El videoarbitraje anuló dos goles al Barça en medio de otra actuación objetable por sus mismos preceptos

El barcelonista Piqué (i) protesta ante el colegiado de la semifinal de la Supercopa frente al Atlético.

El barcelonista Piqué (i) protesta ante el colegiado de la semifinal de la Supercopa frente al Atlético. / AP

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Como la invención de la imprenta o la llegada de internet para la comunicación, la irrupción del videoarbitraje en el fútbol es el mayor cambio de paradigma de su historia. Ahora, los jugadores protestan con vehemencia cada balón que pasa cerca del brazo de un rival, exageran con pomposa teatralidad cada encontronazo con el contrario y, al día siguiente, la afición vuelca sus frustraciones sobre esa variable figura, que a veces señala cosas imperceptibles a primera vista, de un colegiado que supervisa el partido desde media docena de monitores de televisión.

La impredecible victoria del Atlético ante el Barça en la semifinal de la Supercopa estuvo salpicada por el intervencionismo selectivo del VAR. La primera acción clave fue con el partido ya metido en la vorágine del segundo tiempo, para anular por mano el que hubiera sido el 2-1 de Messi. Entre la incredulidad, el argentino insistía en que había utilizado el hombro para acomodar el balón, pero el gesto instintivo de mover el brazo tras el rebote en la pierna de Saúl le delató ante los inquisidores ojos de la cámara lenta de la televisión.

El foco de atención del VAR se ha trasladado de corregir un error flagrante a la rectificación incesante de infracciones accidentales de dudosa intencionalidad que se convierten en trascendentes para el partido.

Dejen seguir

Hubo una vez en el fútbol en el que la recomendación arbitral ante un fuera de juego dudoso era favorecer el juego de ataque, dejar seguir, pero con la llegada del videoarbitraje el concepto “estar en línea” ha pasado a mejor vida. En sus minutos de esplendor, el Barça marcó otro gol anulado, VAR mediante, por un fuera de juego milimétrico de Arturo Vidal antes de asistir a Piqué para sentenciar el partido con otro gol. 

Entre las líneas que mostró la tecnología no había césped, solo dos colores casi superpuestos, mientras el balón casi salía disparado de las botas de Messi (la norma dice que el momento que marca el fuera de juego es cuando el pasador entra en contacto por primera vez con la pelota). Los avances de la tecnología se han empleado en normas selectivas, de las líneas con precisión milimétrica a los pies de los porteros en los penaltis, lejos de los preceptos que vendió como su gran propósito: corregir errores “claros, manifiestos y obvios” del colegiado, según recoge su propio el protocolo. 

El debate que promulgan los críticos que no consideran una infracción mínima un error incuestionable del árbitro ha alcanzado las más altas instancias: “No es de recibo que se pueda incurrir en el fuera de juego por tener un número de pie más grande que el contrario”, aseguró el presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin.    

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La confusión de las manos

Entre el habitual intervencionismo del VAR, la sensación ante la mano de Piqué que cortó el centro de Morata era que iba a terminar en penalti. La experiencia con el videoarbitraje hacía pensar que la llamada al monitor era inevitable, por más que se pueda considerar un movimiento hacia su espalda del defensor del Barça era sin intención de tocar el balón. En esa ocasión, para pronunciar los argumentos de la confusión tras la mano señalada como penalti el día anterior al Real Madrid, el árbitro de la televisión no consideró la jugada como susceptible de ser revisada.