SUPERCOPA DE ESPAÑA

El Atlético tira el plan a la basura

La idea conservadora de Simeone iba camino del declive víctima de un gran partido de Messi

La reacción final rojiblanca para ganar fue una apoteosis ofensiva delegada de normas y convenciones

Diego Simeone celebra el gol de la victoria del Atlético ante el Barça en la Supercopa.

Diego Simeone celebra el gol de la victoria del Atlético ante el Barça en la Supercopa. / EFE

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El Atlético de Simeone, que pasó gran parte de la semifinal de la Supercopa aculado en su área ante un buen juego del Barça, se puso por delante de manera inesperada y llegó a ser una víctima vilipendiada ante un principio de un recital de Messi, pero cuando dio el partido por perdido rompió todas las convenciones, olvidó las precauciones, tiró a la basura el plan establecido y retomó la euforia de las mejores gestas de la era de Simeone, todo entre otro derrumbe del Barça de Valverde al estilo de Roma o Liverpool, pero acelerado. 

Como un frío estadista que gestiona sin sentimientos, Simeone se presentó ante el Barça con una nueva idea conservadora, muy alejada de una previsible presión inicial fuerte. El argentino dispuso un plan conservador que los jugadores se empeñaron en poner en marcha a toda costa, sin improvisaciones fuera del guión establecido, con prioridad para la defensa y para la minimización de riesgos. 

CONTRA LAS CUERDAS 

El resultado fue que el Atlético se pasó casi buena parte del partido contra las cuerdas, aculado en su área, a merced del Barça, sin capacidad para atravesar la medular, sin más recursos que para achicar agua en una defensa desesperada. En medio del asedio, se pronunció la jerarquía de un Felipe ya se acerca a la importancia de los centrales uruguayos con Simeone, con el protagonismo compartido con las sublimes paradas de Oblak. 

La entrada de Koke al descanso fue un impacto sobre el partido que no había previsto ni el técnico rojiblanco: gol a los 18 segundos. El nuevo escenario no le duró mucho al Atlético, víctima de la falta de contundencia de Savic, después de tres meses sin jugar, ante la inspiración de un Messi claramente motivado. 

Todavía concienciado en mantener la estabilidad defensiva, el Atlético vio cómo el Barcelona crecía cada minuto que pasaba sin sufrir presión, sin una amenaza para el área de Neto. Joao Félix y Morata tocaron el balón en ese tramo en ocasiones excepcionales, menos que el portero del Barça.

Con el último cuarto de hora llegó la locura. El Barcelona había podido sentenciar (no lo hizo VAR mediante), pero cuando el Atlético se lanzó sin miramientos al ataque destapó todas las carencias que habían estado intactas del rival. 

REACCIÓN EUFÓRICA 

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El ataque final fue como una huida sin previsión, una carrera a la desesperada disparando a ciegas con la que consiguió hacer más daño que cuando estaba constreñido a las normas. La eufórica reacción del Atlético generó más peligro para el Barça que en el resto del partido y, entre carreras a la espalda de la defensa rival, abordaron a los de Valverde. 

El Atlético era el más necesitado de los cuatro contendientes en la Supercopa: entre las dudas respecto a la configuración de la plantilla, con problemas de gol y oteando el mercado en busca de un 9. Sin embargo, del partido ante el Barça se lleva la el aprendizaje de que tiene argumentos ofensivos para hacerle daño al más pintado, siempre que proyecte al ataque sus planteamientos, con la eliminatoria de Champions ante el Liverpool en el horizonte.