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Otra final de reivindicaciones

El Barça afronta la final de Copa ante el Sevilla en unas condiciones ambientales que exceden lo deportivo

Albert Guasch

Suárez y Messi en el último entrenamiento del Barça.

Suárez y Messi en el último entrenamiento del Barça. / JORDI COTRINA

Desplegará el FC Barcelona en el Wanda Metropolitano un tifo con más significado histórico del que pueda parecer a simple vista: "Barça, Barça, Barça", se leerá hoy sobre una senyera y los colores azulgranas. 

Evoca, como sabrá el lector más veterano, un célebre artículo del referencial Manuel Vázquez Montalbán en la revista 'Triunfo' y con el que dio el chupinazo a un extenso catálogo de artículos sobre el club de su vida.

Vázquez Montalbán, rememorado esta semana por Josep Maria Bartomeu a raíz de la publicación de un libro que recuerda al prolífico escritor en su vertiente barcelonista, construyó el cuerpo teórico de lo que es el Barça. Eso es algo ya comúnmente aceptado. Vertebró con su prosa rica e irónica toda la complejidad del impacto social y la dimensión política de la entidad.  

El Barça viaja al Wanda para ganar una Copa ante el Sevilla en unas condiciones ambientales que exceden los contornos de lo deportivo, como tantas otras veces en la historia del club. Como tantas veces en el pasado reciente de la Copa.

Valverde da unos toques en el campo de entrenamiento de Sant Joan Despí. / JORDI COTRINA

Bartomeu apeló a esa circunstancia -"el Barça es ante todo una señal de identidad", dejó escrito el escritor- para intervenir en el conflicto político que no deja de arder entre Catalunya y España. 

Aprovechando la caja de resonancia de la Copa y la fuerza representativa de la institución, el presidente del Barça explicitó su voluntad de no mantener al club como un mero espectador y reclamó diálogo político. También denunció la "insólita" situación de los políticos encarcelados. Y avisó –entrando ya en el meollo de lo que se avecina– que un abucheo al himno no implica "un menosprecio a los símbolos", sino una expresión de un malestar.

Política y deporte

Como era de esperar, un buen número de políticos con algo que ganar en la discrepancia corrieron a discrepar. Y en esa carrera de machoalfismo establecida durante la semana ganaron de forma destacada Juan Ignacio Zoido, el ministro de Interior, y Javier Tebas, el presidente de LaLiga, que hablaron de "violencia verbal" y de medidas disciplinarias serias en caso de que el himno o el Jefe de Estado sean zarandeados por el viento del abucheo.

En ese recurrente debate acerca de los límites de la libertad de expresión hubo voces escasamente imaginativas que afearon que se mezclase política y deporte. Alan Bairner, un profesor de deporte y política social en la universidad de Loughborough, de Inglaterra, era citado ayer en 'The New York Times' por indicar que "a menudo, cuando alguien dice que la política no tiene cabida en el deporte, quiere decir en realidad que ‘tu política no tiene sitio en el deporte’".

Curiosamente, el Barça es el club que más ha hecho por prestigiar el torneo de la Copa en los últimos años. Puede levantar el sexto trofeo en diez años. Porque lo ha perseguido. Jugando con muchos futbolistas titulares en rondas previas. Lo admite el propio Tebas, que seguramente preferiría a estas alturas que no disputara en un tiempo la final.

"Cerrar un desencanto"

Este año a nadie le debe interesar más esta Copa que a Ernesto Valverde. Se diría más que a los propios aficionados, que tardaron como nunca en comprar todo el cupo de entradas cedido al Barça. 

El técnico azulgrana se quedó sin trofeo cuando fue derrotado en el Camp Nou en la temporada 2014-2015, dirigiendo al Athletic, por un Messi inspiradísimo que firmó uno de esos goles que apetece visualizar periódicamente.

"Es una gran oportunidad para mí", admitió contenido el preparador, que suspira que su primer título en el banquillo azulgrana sirva, si se gana, para "cerrar un desencanto". Se refería al de la Champions, el estropicio ante el Roma.

"Los títulos se valoran sobre todo cuando se pierden, al menos en los clubs grandes. Y al menos fuera del vestuario; dentro es otra cosa, porque sabemos que nos lo hemos ganado con trabajo", reflexionó Valverde, como si se temiera que ese entorno que calificó hace unos días de "depresivo" diera por cantada la victoria.

Valverde necesita de algún modo reivindicarse tras algunas críticas a su modelo de juego, que no a sus resultados. Parte de los seguidores, como la junta directiva, necesita también reivindicar el simbolismo identitario del que hablaba Vázquez Montalbán. Será un día de ruido. 
 

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