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LA LEGENDARIA SAGA DE PORTEROS

La manita de Ibai, la cuarta generación Zubizarreta

El nacimiento del primer hijo de Markel Zubizarreta, manager deportivo del fútbol femenino del Barça, conecta con la tradición de una larga familia de porteros

Emilio Pérez de Rozas

El recién nacido Ibai se agarra, con su robusta mano derecha, al dedo índice izquierdo de su abuelo Andoni Zubizarreta.

El recién nacido Ibai se agarra, con su robusta mano derecha, al dedo índice izquierdo de su abuelo Andoni Zubizarreta. / EL PERIÓDICO

Esa manita, que pese a simular ser una manaza, tiene solo tres días. Y, ya ven, tiene ¿a que sí? toda la pinta de ser y representar lo que es, la mano de un soberano porterazo. No en vano se trata de una de las manitas de Ibai Zubizarreta Badia, el bebe, el niño, el futuro guardameta, fijo, con el que podría estar arrancando la cuarta generación de porteros vascos, tradición que empezó con el bisabuelo Pedro Mari Zubizarreta, de 83 años, que jugó en el Eskoriatza (Guipúzcoa), localidad cerquita de Aretxabaleta, donde debutó el gran Andoni, el nuevo abuelo de 55 años, cuyo hijo mayor, Markel, que hoy cumple 31 años, se retiró, no hace mucho, en el Guineueta, de Nou Barris. Sin olvidarnos del doctor Luken, de 24 años, hermano menor de Markel y nuevo refuerzo del Lloreda, una vez acabada la carrera de Medicina, superado el MIR y ya de prácticas en Traumatología del Vall d’Hebrón.

Pedro Mari, el bisabuelo, jugó en el Eskoriatza, su abuelo Andoni fue todo un mito, su padre se retiró en el Guineueta y su tío, el doctor Luken, acaba de fichar por el popular Lloreda

Ibai (río en euskera) no solo tiene, según relata su padre Markel, manos de cancerbero también tiene pies de portero, grandes, fuertes, firmes, con piernas que podrían ser columnas. Y es que ha tardado una semanita larga en nacer lo que, al parecer, le ha permitido ver la luz con mayor fuerza y corpulencia: 3 kilos 620 gramos. Tanto Ibai como su madre, Susana Badia, están estupendamente bien y juntos han logrado romper la tradición de los ocho apellidos vascos que los Zubizarreta han tenido a bien lucir toda la vida.

Ser portero se lleva en los genes

Es evidente, cómo no, que ni el bisabuelo Pedro Mari ni los licenciados Markel (INEF, Master en Gestión Deportiva y nuevo manager deportivo del fútbol femenino del Barça) y Luken (Licenciado en Medicina) se dedicaron nunca, de una forma profesional, al fútbol. Fueron, son, porteros por tradición, por devoción, casi por religión, por mantenerse en forma, por ayudar, por jugar en equipo, por hacer ejercicio y demostrar que lo llevan, lo lucen, en sus genes. Nada que ver, claro, con el impresionante historial del recién estrenado abuelo Zubi, director deportivo del Olympique de Marsella, poseedor de todos los títulos habidos y por haber, estrella del Athetic, Barça y Valencia, con 622 partidos y 55.746 minutos de Liga en sus manos, además de los 126 encuentros con la selección absoluta de España.

Markel Zubizarreta, en su etapa de portero del CP Sarrià / JORDI COTRINA

Es posible, sí, que Ibai herede muchas de las cosas de las tres generaciones de porteros vascos que le preceden. La presencia de Pedro Mari, la regularidad de Andoni, la serenidad de papá (“me gustaría que Markel se atreviese a salir más de lo que salía Andoni”, llegó a decirme un día Francesc Villarroya, entrenador de Markel en el CP Sarriá) y el prodigioso juego de pies de Luken, de quien el gran Zubi solía decir que hacía con los pies “las mismas filigranas que Cuenca”.

Ibai Zubizarreta Badia acaba con la tradición en la familia de los ocho apellidos vascos

Veremos si Ibai es zurdo como papá o ambidiestro (chuta con la izquierda, firma con la derecha) como el abuelo. Claro que puede que, con esas manazas robustas, de dedos largos y redondos, que en la fotografía se agarran con devoción al dedo índice izquierdo del abuelo Andoni, a Ibai le de por el baloncesto como a su tía Jone, de 20 años, la hermana pequeña de Markel y Luken, estudiante de Administración de Empresas y Marketing, en Madrid, y excelente ala-pivot, en su tiempo, en el Colegio Caspe, de Barcelona.

Temas: Generación Z