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LUTO EN EL CAMP NOU

"Tú, papá, no vas a trabajar. Tú vas a pasártelo bien"

Emilio Pérez de Rozas

Se lo contaba, aquel 24 de abril del 2012, Andoni Zubizarreta Pep Guardiola en el vuelo Barcelona-Milán. El gran vasco le explicaba al 'mago' de Santpedor el cabreo de Marcelo Bielsa cuando la UEFA, tras sancionar al Fenerbahçe y sustituirlo por el Trabzonspor en la Champions, clasificó al Athletic para la siguiente ronda de la Europa League sin jugar. "Bielsa --le contaba Zubi a Guardiola-- dijo que eso no le gustaba porque el fútbol, como la vida, al final, tarde o temprano, te acaba cobrando esos regalos".

Los dos se miraron y descubrieron que por su mente discurría idéntica reflexión: alguien nos está pasando factura por ganar tanto, por ser tan buenos, tan elogiados. Las enfermedades de Éric Abidal Tito Vilanova les quitaba el sueño e, incluso, llegaron a pensar, los dos, que, a ese precio, preferían dejar de ganar.

El último mensaje

Vilanova, el segundo apellido de Pep, el técnico que llegaba el primero (o segundo, o al mismo tiempo, pues Guardiola también madrugaba, también) a la Ciutat Esportiva Joan Gamper y se iba el último, muchas veces porque se quedaba a ver entrenar a su hijo Adrià, entonces en el cadete B y ahora en el juvenil, nos ha dejado. Y nos ha dejado con el dolor. Ya hubiese querido, ya, llevarse con él todo el dolor que nos ha causado su enfermedad, pero no ha podido. Aquí nos deja, con la sensación de que no hemos podido hacer nada por él. Únicamente, lo que él nos pidió: respetar su silencio, respetar su 'tarannà', siempre discreto, siempre alejado del ruido, siempre sin buscar compasión o gesto de piedad alguno.

Su último mensaje en mi móvil fue "Gracias, Emilio!!!", y data del 17 de septiembre del pasado año. Sí, el día de su cumpleaños. El mío había sido, simplemente, el de siempre, el de cada mes: "No quiero saber mucho de ti. Solo quiero que sepas que me acuerdo a diario de ti. Y espero que lo notes". "Gracias, Emilio!!!". Ya no hubo más por su parte. Sí por la mía, que no cesaba de enviarle, de vez en cuando, periódicamente, saludos, abrazos, cariño, roce. Sabía de su presencia en algún partido de la Joan Gamper por mi hermano Carlos, que lo veía y me contaba. No más. Ni menos. Suficiente.

Cuando nadie daba un duro por ellos

Francesc Tito Vilanova (Bellcaire d'Empordà, 1968), filigranero centrocampista que jamás llegó a debutar en el Camp Nou, buen técnico, mejor maestro y superlativo estratega, aconsejaba a Guardiola, convirtiéndose en su segundo apellido cuando nadie daba un duro por ellos. Si no se fiaban de Guardiola como primero, imagínense la fe que tenían en Tito como segundo. Y solo ellos, solitos, llevaron al Barça a la gloria más absoluta. Luego se separaron, pero dejémoslo. Mejor así. Triunfaron por separado y eso debe reconfortarnos.

"Mucha gente --me explicaba Tito-- cree que si te dedicas profesionalmente al fútbol te pierdes cosas de la vida, pero yo creo que es al revés. Cuando te dedicas al fútbol profesional, ganas más de lo que pierdes. En La Masia lo pasábamos de fábula, éramos felices, convivíamos gente cuyo único fin era divertirse con el fútbol, jugar, jugar y jugar". Ese era el recuerdo de Tito y la peña Els Golafres, integrada por Guardiola, Vilanova, Jordi Roura, Aureli Altimira y, a menudo, Jaume Torras José Antonio García Covelo. Los 'golafres', ya saben, debían su apodo a lo mucho y bien que comían y a las fiestas gastronómicas que organizaban en La Masia, de la mano del bueno de Avelino Blasco, cocinero de aquella curiosa residencia, cuando los chicos regresaban de cortas estancias en casa de sus padres con materia prima de primera mano de sus pueblos.

"Si a esa vivencia --explica Zubizarreta-- unes su pasión por el fútbol, su amor por el Barça y el hecho de nacer y crecer con una guía no escrita de cómo se juega al fútbol en el Barça, entiendes que esa gente haya trasladado lo que mamaron juntos a las nuevas generaciones". Lo más grande es que no hay nada escrito sobre cómo ha de jugar el Barça, qué futbolistas debe tener.

El hombre ideal

Es muy posible que, junto a Guardiola, Tito fuese, sin duda, el hombre ideal para crear el acta fundacional de esa red, de ese mapa futbolístico, de ese tejido que hace único al Barça. Hay quien piensa que, si se escribe, puede desaparecer el encanto. Tito lo tenía en su cabeza y todo ha volado con él. Nos queda el dolor y esa Champions juvenil que los chicos de Jordi Vinyals le dedicaron nada más conquistarla el otro día, deseando que "Tito también gane su personal Champions". Todos, incluso esos jóvenes, sabían que el asunto estaba duro, muy duro. Perdido.

"Cuando dejo a Adrià en el colegio y me voy a la ciudad deportiva --me explicó un día Tito--, siempre me dice lo mismo: 'Papá, tú no vas a trabajar. Tú vas a jugar, tú vas a pasártelo bien, tú vas a hacer lo que más te gusta en esta vida'. Y tenía razón". Yo no pienso borrar su móvil. Ahora ya tengo el móvil de Dios. Igual algún día lo necesito. Y no por fútbol, no. Al fútbol que le den. Como dice Bielsa, como pensaron aquel día de abril Zubi y Pep, todos hubiésemos dejado de ganar para no perder a Tito. Todos.

Temas: Tito Vilanova