Adiós a un culé inolvidable

Tito 1968-2014

El técnico, de 45 años, fallece víctima de un cáncer que se le detectó en noviembre del 2011

Cómplice de Guardiola en el mejor Barça de la historia, él pilotó la Liga de los 100 puntos.

Tito 1968-2014

JORDI COTRINA

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MARCOS LÓPEZ
BARCELONA

Francesc Vilanova i Bayo, Tito para todos, se apagó ayer por la tarde en una habitación del Hospital Quirón de Barcelona. Se venía apagando desde hacia casi tres años cuando se le detectó un tumor en la glándula parótida. Desde noviembre del 2011, Tito, el amigo de Guardiola, su ayudante en cinco inolvidables temporadas (una con el filial y cuatro con el primer equipo), combatió en silencio contra una terrible enfermedad, convencido de que podría derrotarla. Pero al final se apagó para siempre, con apenas 45 años, el marido de Montse y el padre de Carlota Vilanova, estudiante de Esade, y Adrià Vilanova, central del juvenil del Barça. Se apagó sin poder disfrutar del sueño de volver al banquillo, tras pilotar con éxito el cambio del guardiolismo sin Guardiola, la transición más difícil del Barça.

A Tito, que nunca pudo debutar en el Camp Nou como futbolista y tuvo que protagonizar una curiosa carrera por Catalunya, Galicia, Extremadura, Mallorca y Alicante antes de volver a La Masia, no le dejó la enfermedad disfrutar del cargo de primer entrenador. Ni una temporada entera pudo hacerlo. Tras completar una vuelta de récord en la Liga pos-Guardiola (18 victorias y 1 empate), Tito sufrió una recaída en diciembre del 2012, justo un año después de que se le detectara el tumor. Decidió marchar para tratarse a Nueva York, donde, curiosamente, Guardiola disfrutaba de un año sabático tras abandonar el Barça.

Tratamiento en EEUU

En Estados Unidos, se sometió a una terapia que le tuvo tres meses largos alejado del equipo. Pero dirigía a distancia desde un apartamento cercano a Central Park con la ayuda de Jordi Roura, el Tito de Tito, que ponía voz a sus órdenes ante la plantilla. Su silla permaneció vacía en el banquillo, tanto en el Camp Nou como fuera de casa, durante los meses que siguió el tratamiento.

Era el recuerdo obligado para el hombre que no dudó en atender la llamada de Pep Guardiola en el verano del 2007. Ejercía en ese momento de director deportivo del Terrassa y estaba dispuesto a asumir el mando también en el campo. «Nano, no t'ho pensis ni un segon», le dijo Carles Rexach, su amigo, protector y hasta tutor, cuando le explicó que Guardiola lo quería como ayudante en el Barça B. Hacía casi 15 años que habían perdido el contacto, pero la amistad, tejida en largas noches de charla en La Masia, no se había roto.

No dudó ni un segundo y se sentó al lado de Guardiola. Primero en el Mini (un año, ascenso de Tercera a Segunda B); luego, en el Camp Nou (cuatro años para la eternidad). Hasta que Pep se agotó y el segundo pasó a ejercer de primero. Solo tenía dos experiencias previas en un banquillo. En la primera (2001-02), dirigió el cadete B azulgrana con Messi, Piqué y Cesc, y en la segunda, al Palafrugell durante media temporada (2003-2004), aunque no pudo evitar que bajase de la Tercera División.

Turbulencias y reencuentro

Metódico, discreto, estudioso del juego, innovador en la estrategia, silenciosamente apasionado de los detalles tácticos, se hizo indispensable por su mirada crítica para evolucionar el modelo. «Cuando Pep nos dijo en octubre que se planteaba no continuar, buscar un sustituto era un gran reto. Tito Vilanova representa el juego, el análisis, la planificación, el compromiso y la personalidad», contó Andoni Zubizarreta, el director deportivo, para avalar el cambio. El relevo originó turbulencias en la relación entre dos amigos que, al final, quedaron mitigadas en otro discreto encuentro entre ambos, ya con Tito enfermo, en la casa barcelonesa del hoy técnico del Bayern de Múnich.

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Con Tito, el Barça logró la Liga de 100 puntos con 115 goles, dejando al Madrid de Mourinho, el técnico que un día cobardemente le metió el dedo en un ojo, a 15 puntos de diferencia. Cuando había iniciado el segundo curso, la enfermedad le arrancó del banquillo por tercera vez. «Cuando me comunicaron lo que tenía, fue un momento duro y pensé en mis hijos más que en mí. Creía que aún me necesitaban», confesó a TV-3 relatando su batalla contra el cáncer, emocionado por el recuerdo a Carlota y Adrià. «La confianza que me transmitió la doctora Bescós hizo que entrara como quien va a tomar un café en una terraza. Estaba muy tranquilo. Además, no quise que lo supieran mis íntimos amigos para que la doctora no tuviera una presión añadida el día de la operación».

Así era Francesc Vilanova i Bayo. El joven discreto y silencioso que maduró cinco años en La Masia y no pudo cumplir su sueño de jugar en el Barça, pero sí de entrenarlo.