LA CRÓNICA DEL CAMP NOU

Iniesta hace de Iniesta

El Barça remonta con el genio pero pierde su renta por un error de Valdés

Piqué remata de cabeza un saque de córner ante Ronaldo y Sergio Ramos.

Piqué remata de cabeza un saque de córner ante Ronaldo y Sergio Ramos. / JORDI COTRINA

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MARCOS LÓPEZ
BARCELONA

Con Iniesta no le bastó al

Barça para apabullar al Madrid de Mourinho. Con el genio no fue suficiente para que el equipo de Tito tuviera una mayor renta después de un partido donde nada parecía lo que era. Tras el gol de Ronaldo, a la salida de un córner del Madrid -hay cosas que no cambian nunca en el Barça-, la reacción fue tan instantánea como espectacular, liderada por un inmenso Iniesta. Inmenso porque no solo hizo de Iniesta, algo único, sino también ejerció de Messi hasta que a Valdés se le enredaron las piernas de forma tan absurda que el Madrid se fue sonriendo cuando tenía ya Moulas lágrimas en las mejillas.

Nada sucedió en la primera mitad de claro dominio azulgrana, pero sin contundencia. Y en la segunda parte pasó de todo. Desde el error de la defensa del Barça en el cabezazo de Ronaldo hasta esos minutos brillantes, casi sobrenaturales, guiados por un celestial Iniesta. No lo detectó el Madrid y, claro, el niño que repartía caramelos se ha convertido en un maduro padre de familia, recién casado este verano, cuyo fútbol es de otra galaxia.

Pasados, eso sí, los 10 primeros minutos, el Barcelona tomó la pelota. Y si el Barça, sea de Guardiola o de Tito, tiene el balón, todo es mucho más sencillo. Pasados los 10 minutos iniciales, después de un par de incursiones amenazadoras de Cristiano Ronaldo, que ni pisó el área, Piqué se puso el disfraz de mariscal, Mascherano el de escolta, Busquets, pese a algunos arabescos, tomó la brújula, Xavi e Iniesta cogieron el mapa del estante en que está depositado en el vestuario, Messi se animó, Pedro presionó y a pesar de que Alexis, pegado a la banda derecha, no se conectó al partido, el Barcelona impuso su ley. El Madrid no aguantó ni dos carreras seguidas. Con Ronaldo enjaulado por un imnenso Piqué y un correcto Alves, de Özil no hubo noticia alguna, a Benzema se le vio apagadísimo y entonces tomaron protagonismo las piernas duras y antirreglamentarias de Xabi Alonso, Arbeloa, Albiol y hasta del despistado Coentrao.

El Barça producía mucho fútbol, pero intimidaba poco. Era un volumen de juego grande para adquirir poca relevancia en el marcador del Camp Nou. Se supo que Casillas estaba bajo los palos en la primera parte por un disparo fuerte, pero centrado de Pedro. Y nada más. Mucho fútbol, demasiado poco remate. El Madrid, sudado y agotado, se marchó al descanso más feliz que un niño.

SEGUNDA PARTE VOLCÁNICA / Feliz se fue el equipo y Mourinho, por supuesto, porque a tan rácano juego no le llegó el castigo merecido. Y por esos guiños del destino, el Barça, el viejo Barça (ningún fichaje en el once inicial, ni Alba, ni Song), fue fiel a sus defectos. Al tercer córner, el testarazo de Cristiano y el silencio inundó el Camp Nou. El viejo Madrid. De la nada, un gol. Otra vez los problemas, ya tradicionales en los azulgranas, en la defensa de los balones aéreos. Suerte tuvo el Barça de que su reacción fue instantánea. Al minuto, Mascherano oteó la carrera al espacio de Pedro (a quien Tito puso en la derecha en la segunda mitad) y con un excelente control sentó a Coentrao antes de fusilar a Casillas.

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El partido, que era tranquilamente del Barça, adquirió ese aire volcánico que tan bien le sienta al Madrid de Mou, hasta que Iniesta tomó la batuta de mago. Decidió ponerle su nombre al balón además de engatusar, como ya es costumbre, a todo el Madrid. No, no fue un penalti de Ramos. Fue, eso sí, un penalti provocado por Iniesta, cuyo quiebro, seco, rotundo, elegante, hizo que todo un central campeón del mundo quedara retratado cual juvenil.

Iniesta forzó el penalti, Messi lo pateó a su rincón de seguridad (a la izquierda de Casillas), luego dibujó una jugada de magia para Xavi y el Madrid renació después de que Valdés estropeara todo lo bueno que había hecho su mejor amigo.