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Exganadora de la WNBA

Amaya Valdemoro: "Las niñas ya no quieren ser princesas, necesitamos muchas Onas, Carolinas y Amayas"

La exjugadora de baloncesto y comentarista presenta su libro 'Los Trugos, el enigma del Trece'

"Este libro para mi equivale a una medalla. Lo más importante en la vida es dejar un legado, y éste es mi legado"

El Periódico / Agencias

Las niñas "ya no quieren ser princesas". Con esta rotunda afirmación la exjugadora de baloncesto y comentarista Amaya Valdemoro reivindica el impulso del deporte femenino en España, donde, según ella, se siguen necesitando a más iconos como la nadadora de sincronizada Ona Carbonell, la campeona olímpica de bádminton Carolina Marín y ella misma, considerada la mejor jugadora española de baloncesto de la historia.

"Necesitamos muchas Onas, Carolinas y Amayas. Creo en el compañerismo, la humildad y el esfuerzo, el mensaje de este libro, donde hay bastante de mi vida, de la Amaya real. He sido una chica diferente, muy afortunada porque se han cumplido mis sueños", continúa expresando en la presentación 'Los Trugos, el enigma del Trece'.

Editado por 'Loqueleo' y escrito junto a Nora Bucket, la ganadora de tres anillos de la WNBA, dos diplomas olímpicos (Atenas 2004 y Pekín 2008), 5 medallas en Europeos (un oro, una plata y tres bronces) y un bronce en el Mundial de la República Checa de 2010, entre otros logros, repasa en esta obra su infancia y su relación con el grupo de amigos del colegio.

"Este libro para mi equivale a una medalla. Lo más importante en la vida es dejar un legado, y éste es mi legado", dijo apuntando la exinternacional, que soñó con los atletas José Luis González, José Manuel Abascal y Carl Lewis antes de que los pósters de Drazen Petrovic o Magic Johnson ocuparan las paredes de su habitación.  

El salario de una mujer deportista 

"Nadie me ha preguntado. ¿Por qué los Trugos? Porque una vez soñé con un monstruo y lo llamé 'Trugo'. Por eso que mi pandilla del cole éramos 'los trugos'. Y el '13' era un número que nadie quería; cuando me lo dieron en el equipo de Madrid me lo apropié para siempre porque tiene carácter", enfatiza Valdemoro recordando. En la ficción literaria, Amaya tiene doce años, un perro llamado 'Trece' y una misión: crear un equipo de baloncesto, ganar un partido contra el colegio vecino y entrar en la liga para competir contra su eterno rival.

Para ello, cuenta con sus dos mejores amigos, Nando y Silvia. Tienen exactamente trece días para conseguirlo, pero antes deben resolver un misterio inesperado. Los valores del deporte, el compañerismo y el desarrollo personal recorren las páginas de 'Los Trugos, el enigma del Trece', aunque también el del esfuerzo. "Si tienes talento y no hay esfuerzo, te pasan por la derecha. Y eso no me gusta, soy muy competitiva.

En los momentos malos he aprendido a olvidar, se aprende más derrotas que de las victorias", admitió la exjugadora madrileña. Asimismo, Valdemoro persiste recordando que es esencial un mayor apoyo a los deportistas el día en el que se apagan los focos. "Me he dedicado 23 años a meter un balón en una cesta, y sí, te sientes desamparada cuando dejas de jugar. Cuando fui campeona de la WNBA gané 30.000 euros, y no millones como la gente pensaba", termina por destacar la triple ganadora de un 'anillo' de la NBA femenina.