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ARTÍCULO DEL PRIMER DIRECTOR DE 'EL PERIÓDICO'

Una conversación entre dos periodistas

En aquel primer contacto, Antonio Asensio no solo era un editor, también un periodista discutiendo con otro sobre cómo debía ser el diario moderno ideal

Antonio Franco

Antonio Franco y Antonio Asensio, el 26 de octubre de 1978.

Antonio Franco y Antonio Asensio, el 26 de octubre de 1978.

No he conseguido precisar qué día de la primera quincena de abril de 1978 me telefonearon consecutivamente dos buenos amigos, Manuel Martín Ferrand y Álex J. Botines, con quienes había trabajado pocos años atrás en 'El Diario de Barcelona'. Me dijeron que Antonio Asensio Pizarro, el editor que había triunfado rápida y espectacularmente lanzando el semanario 'Interviú', en el que colaboraban, quería conocerme. Circulaba el rumor de que Asensio pensaba invertir el dinero que ganaba creando un diario pero no se tomaba la idea demasiado en serio. Barcelona tenía demasiadas cabeceras de prensa ('Diario de Barcelona', 'La Vanguardia Española', 'El Correo Catalán', 'Mundo Diario', 'Catalunya Exprés', 'Solidaridad Nacional' y 'La Prensa', ambos de la cadena Prensa del Movimiento, 'El Noticiero Universal', 'Tele/Xprés' así como 'La Hoja del Lunes') y varias estaban en crisis por el exceso de oferta en un mercado en el que también estaba presente la prensa de Madrid, especialmente 'ABC' y 'El País'. 

Antonio Asensio, un editor distinto

Antonio Asensio era, me dijo Botines, un editor distinto a los que habíamos conocido hasta entonces. Ya me lo había descrito antes como innovador, intuitivo, trabajador, lanzado y muy periodista, y por teléfono me confirmó que realmente deseaba  lanzar un diario e iba a iniciar una ronda para recoger ideas y conocer personas. Y añadió que Asensio conocía bien la prensa regional francesa y le habían dicho que a mí también me gustaba, que hablaba bien de ella en las clases de Periodismo que daba de la Universidad Autónoma de Bellaterra. Antonio y yo estábamos en una misma situación: casados con francesas que en las vacaciones de verano leíamos esos diarios. 'Mis SudOuest' y 'La Depêche', de Burdeos y Toulouse, así como 'Midi Libre', 'Ouest Franc'e y 'La Voix du Nord', eran rotativos populares muy pegados al lector de provincias por sus informaciones y servicios de proximidad a través de sus numerosas ediciones locales, y cada uno de ellos vendía más del doble --en algunos casos el triple-- que los prestigiosos diarios de París como 'Le Monde', 'Le Figaro', 'France-Soir'  y  'Libération'. 

El objetivo era conectar con la calle sustituyendo a los diarios desbordados por la nueva realidad

En la conversación de tres o cuatro horas muy pronto dejamos de hablar de que tanto 'El Correo Catalán', el diario barcelonés que más se ocupaba de las comarcas, como los rotativos de Lleida, Girona, Tarragona, Manresa y Vic no tenían nada que ver con la prensa francesa por sus planteamientos, para pasar al tema de que el verdadero hueco del mercado de  aquí era otro. Le dije que pensaba que 'Interviú' se había impuesto a las demás revistas al ofrecer un medio de comunicación distinto que respondía mejor que ellas a lo que un sector muy amplio de la gente deseaba leer. Y enseguida convinimos que el objetivo sería conectar con la calle sustituyendo a los diarios que habían quedado desbordados por las nuevas realidades y sensibilidades que había traído el final del franquismo. Y coincidimos al expresar que en plena transición democrática y con una opinión pública mucho más abierta y progresista que lo que encarnaban los periódicos existentes --ninguno de ellos podía borrar en las hemerotecas lo que habían dicho y lo que habían callado durante la etapa de Franco-- existía un amplio espacio por cubrir

Rigor y diseño

En la segunda parte de la conversación Asensio ya no era un editor planteando un posible negocio sino un periodista (comprobé que Álex Botines tenía razón, él tenía alma de eso) discutiendo con otro sobre cómo tendría que ser el moderno diario popular progresista ideal que se podía hacer. Y empezamos a hablar sobre su rigor en el  contenido, primando el espacio dedicado a lo que le interesaba más a la gente que nos rodeaba: la política, los deportes y el consumo, y ofreciendo en cambio pocos sucesos --en contraste con la prensa popular convencional europea y americana-- para evidenciar su condición de periódico de calidad. De ahí saltamos a detallar que el diseño debería conseguir que el periódico fuese muy fácil  de leer (cuerpo de letra algo superior al que estaba de moda entonces; titulares, fotos y gráficos grandes; textos no muy largos aunque completados con despieces que proporcionasen al lector muchos titulares informativos menores, explicativos y complementarios). Aunque, gracias a su larga experiencia, Martín Ferrand  posteriormente aportó ideas muy claras sobre el ritmo de la paginación, la utilización de todos los géneros periodísticos aunque con predominio de los reportajes y crónicas, el periódico que hoy conocen ustedes quedó perfectamente dibujado en aquella primera y definitiva charla. Futuros compañeros como Enrique Arias y los diseñadores Fermín Vílchez y Carlos Pérez de Rozas redondearían después el concepto de lo que se quería hacer.

Dos cuestiones cerraron aquella entrevista. ¿Había gente en condiciones de hacer un diario así? Le dije a Asensio que se trataba sencillamente de dejar trabajar con plena libertad a algunos de los muchos periodistas rodados que estaban incómodos por el corsé de timidez que les ponían en los diarios en los que trabajaban en aquellos momentos. Y sobre los detalles concretos de la posible línea editorial progresista prometí escribirle tres o cuatro folios aquella misma tarde y hacérselos llegar antes de la hora de cenar. Así lo hice. En ellos detallé que el periódico debería tener articulistas de todos los colores (cuando salimos a la calle el abanico de columnistas incluía desde Manuel Vázquez Montalbán a Emilio Romero, desde Cándido a Jorge Semprún, o desde Manolo Martín Ferrand a Montserrat Roig) y precisé que en el hervor reformista que vivía la calle en aquel 1978 se tenía que defender sin ambigüedad la legalización del divorcio y el aborto, la abolición de la pena de muerte y la equiparación de derechos entre hombres y mujeres. Cuando seis meses después El Periódico de Catalunya salió a la calle todo eso iba completado explícitamente por una defensa de la Constitución democrática naciente y una reivindicación del Estatut, que aún tardaría un poco en llegar. Antonio Asensio se puso a trabajar volcándose empresarialmente para que su diario fuese digno de aquellos a los que ahora, 40 años después, su cabecera califica como la gente comprometida. Y lo logró.