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VIOLENCIA MACHISTA

Un mosso de baja por depresión mata a su exnovia de un tiro y se suicida en Sant Feliu de Llobregat

La hija de la mujer, de 8 años, y una sobrina, de 11, estaban en la casa cuando el agente cometió el crimen

El homicida acumulaba un número elevado de bajas médicas en su expediente laboral

GUILLEM SÀNCHEZ / SANT FELIU DE LLOBREGAT

Vídeo con declaraciones de testigos del crimen. / FERRAN SENDRA / VÍDEO: ATLAS

Poco antes de las ocho de esta mañana, Miguel Ángel, un agente de los Mossos d’Esquadra de la comisaría de Ciutat Vella, se ha presentado por sorpresa en la casa de su exnovia en Sant Feliu de Llobregat. Cristina estaría dando el desayuno a su hija de 8 años y a su sobrina, tres años mayor. Su hermana, que vive en la casa contigua de este céntrico inmueble de dos viviendas, le había dejado como cada día el encargo de llevar a las dos pequeñas al colegio de Mare de Déu de la Mercè, situado justo al lado.

Él se negaba a aceptar que aquella ya no era su casa y que Cristina ya no era su mujer. Llevaban saliendo más de un año. Pero todo terminó en Semana Santa. Más o menos también por entonces, él cogió la baja laboral por una depresión. Ella nunca denunció malos tratos y él no tenía ningún antecedente. Estas últimas semanas, según cuenta el entorno de la mujer, comenzó a atosigarla con wasaps y llamadas porque quería volver con ella.

El policía acumulaba en su historial médico numerosas bajas, confirmó a EL PERIÓDICO una fuente policial. La mayoría a causa de lesiones sufridas mientras hacía deporte. Pero a veces presentaba informes médicos que contenían la aclaración “enfermedad común”, una etiqueta que puede utilizarse para referirse a una depresión sin atentar contra el derecho del paciente a que no se haga pública el tipo de dolencia que padece. Por eso los Mossos oficialmente no tenían por qué saber si estaba o no deprimido, como aseguran fuentes del entorno de la víctima.

CUATRO DISPAROS

Este martes entre los dos enseguida ha arrancado una agria discusión. José Antonio, un vigilante de seguridad privada que vive en un domicilio de la calle Joan Maragall que comparte tabique con la casa de Cristina, acababa de regresar de su turno nocturno. A ella le ha escuchado defenderse gritándole que algo -fuera lo que fuera- era “mentira”. Poco después, ha oído las “cuatro detonaciones”. Tres muy seguidas, un breve lapso de tiempo de tan solo unos segundos, y la cuarta.

El mosso, antes de disparar contra su exnovia y pegarse el último tiro en la cabeza, había sacado a las dos niñas al balcón. José Antonio, tras las descargas, ha subido corriendo a la azotea. Al asomarse ha visto a las dos chiquillas abrazadas en un rincón de la terraza. Y a los primeros vecinos salir a la calle para socorrerlas. “Incluso han sacado una escalera para bajarlas por el balcón”. El primer vecino que ha tratado de entrar en la casa ha sido, caualmente, otro mosso.

Entonces “las niñas ya no gritaban porque estaban en estado de shock”. Cuando ha llegado el cuñado de Cristina, el padre de la mayor de las dos pequeñas, se ha despejado cualquier duda sobre lo que había pasado. Según José Antonio, "la niña le ha dicho que él la había matado”.

AMOR MAL ENTENDIDO

El alcalde de Sant Feliu, Jordi San José, en una concentración de duelo en la plaza del Ayuntamiento, ha pedido que Cristina sea la última víctima “de una mala manera de entender el amor” por parte de hombres que se convencen de que son los “dueños” de las mujeres. La hija de los antiguos propietarios del bar de La Vila era “conocida” y “querida”. Hace cinco años heredó el local de la familia y hace dos lo traspasó a unos compradores chinos.  

Su exmarido llevaba un año sin verla ni a ella ni a la pequeña. “Parecían felices y yo no quise meterme, sus amigas me decían que él iba a buscar a mi hija al colegio”, comenta. Hoy le han llamado al trabajo para contárselo. Y él no entiende nada. 

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