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SANT MARTÍ

Baile de altos vuelos

La primera escuela de danza aérea empieza las clases en el barrio de El Parc i la Llacuna del Poblenou

SÍLVIA ALBERICH
BARCELONA

Lola se descuelga con gran maestría de un columpio situado a unos metros del suelo, mientras Tali intenta escalar por una tela que cuelga del techo, a 12 metros del suelo. Estas dos niñas comparten su afición por las alturas y forman parte de OnAir Kids, unas clases de danza aérea para niños organizadas por OnAir Barcelona (Pere IV, 99), la primera escuela de esta disciplina artística creada en nuestro país.

Estos pequeños acróbatas se suman a los adultos que también forman parte de esta escuela, fundada hace poco más de siete meses por el bailarín Jorge Alcover, y que ya cuenta con un centenar de alumnos. «Mientras estudiaba la carrera de Danza, empecé a formarme en acrobacia aérea y compaginé ambas disciplinas, aunque acabé centrándome en la segunda, que me llevó a ejercer como profesor y a crear OnAir», explica Alcover.

Seis modalidades

Para el creador de este innovador proyecto, con el que los bailarines hacen piruetas en el aire y se desplazan por las paredes, hallar un local adecuado no fue fácil. «Poblenou es un barrio cosmopolita y emergente en el ámbito artístico y el único lugar en Barcelona en el que hay naves industriales con techos muy altos», matiza el fundador.

Este es el caso de la fábrica remodelada en la que él y otros profesores enseñan seis modalidades de danza (vertical, con arnés, telas, aro, trapecio y cuerda). A las clases acuden perfiles de aficionados muy variados, desde una cocinera hasta un ingeniero, y de edades que van desde los 6 hasta los 52 años. «Las sesiones suelen durar una hora y media y la gente viene una o dos veces por semana, pero también tienen la opción de seguir practicando aquí, por cuenta propia, fuera del horario», afirma Alcover.

Hacer deporte

El director asegura que para sus alumnos la danza aérea «es una manera distinta de hacer deporte que no requiere de una preparación previa». «En las clases -añade- los alumnos establecen unos vínculos muy fuertes y el ambiente es muy familiar».

«Las clases son muy variadas y me ayudan a dormir mejor, a tener más control corporal y a encontrarme más ágil», explica Berta Gelonch, alumna de esta la academia de danza aérea.

Para Sara Bernabeu, profesora de las modalidades de telas y trapecio para niños, explica: «Lo más gratificante es ver cómo evolucionan, porque son muy ágiles. Estas actividades les aportan coordinación, agilidad y, además del ejercicio físico, se divierten y hacen amigos». 

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