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Geometría variable

Junqueras y Puigdemont, en el Parlament.

El desconcierto independentista

Joan Tapia

Ni los votantes de ERC ni los del PDECat saben quién es el auténtico candidato a 'president'


Un gran desconcierto sacude al secesionismo. No es para menos tras el ridículo de la independencia «simbólica». ¿Qué argumentar cuando la hoja de ruta se ha hundido y el sueño de la independencia con prisas ha desembocado en el 155? Además, los que fueron juntos a las plebiscitarias del 2015 van ahora desunidos porque ERC no admitía renunciar otra vez a la victoria y porque la antigua CDC no quiere entregar a los republicanos la bandera de la casa gran del independentismo. Por eso Mas ha tolerado e incitado –las dos cosas a la vez– la candidatura de Puigdemont.

Dijeron que cada uno iría por su lado, pero con una parte del programa pactada. Ni eso ha sido posible. La CUP ponía como condición seguir con la vía unilateral, lo que ni ERC ni el PDECat podían aceptar porque es la insurrección de la que se les acusa en los tribunales. Y el PDECat exige que Puigdemont siga siendo presidente porque tiene la legitimidad. Aunque pierda. Otra cosa es aceptar el 155. Pecado mortal.

La idea de los dos gobiernos

Marta Rovira, siempre preclara, propuso que coexistieran dos gobiernos: uno en el exilio, presidido por Puigdemont, y otro ejecutivo. Pero el invento tuvo poco recorrido. Además, ni los votantes de ERC ni los del PDECat saben quién es el auténtico candidato. Junqueras quizá no pueda serlo por su situación jurídica, y además Xavier Domènech afirma, con razón, que le sabe mal decirlo porque está en la cárcel, pero que su gestión económica ha sido un desastre. En un arrebato feminista, se ha entronizado a Marta Rovira, pero ya ha quedado patente que la republicana no aguanta. Carles Mundó, que acaba de salir de la cárcel, sería una buena opción para una ERC revisionista, porque intuyó que la declaración unilateral no funcionaría. Pero quizá eso sea en ERC motivo de excomunión, como le ha pasado a Santi Vila en el PDECat. Aunque Mundó –al revés que Vila– obedeció disciplinadamente una estrategia en la que no creía.

Y en el PDECat el tapado es el gran misterio. Está claro que Puigdemont solo es útil hasta el 21-D y que luego tanto Artur Mas como Marta Pascal –que se entienden solo a ratos– querrán controlar la lista. Pero les costará, porque no estarán en el Parlament. Turull Rull, que han salido de la cárcel, tienen experiencia, pero son de piñón fijo y la lista a encuadrar es demasiado heterogénea.

Repetición estéril de misas y manifestaciones

Y la gran cuestión es el programa real del separatismo. La renuncia al unilateralismo –de todos menos la CUP– es aceptar que la independencia va para largo. ¿Qué proponen entonces a corto? Solo tienen dos opciones. Una, seguir con la repetición estéril de misas y manifestaciones, lo que puede cansar. Dos, pasar de la poesía a la prosa, a un icetismo con cafeína más cargada, a lograr más autogobierno a través de las leyes y la negociación. Pero sería rectificar lo emprendido en el 2012 y no parecen preparados. Lo ha escrito Josep Ramoneda: «El independentismo necesita ganar para demostrar que sigue pese a los errores encadenados». Es algo para contentar a los que piensen que el año que viene en Jerusalén.

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