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EL PULSO INDEPENDENTISTA

Puigdemont, durante su comparecencia en el Parlament.

"No hubo declaración al no haber votación"

Joan Tapia

Puigdemont, sin traicionar a nadie, puede evitar la aplicación del 155

Tras las necias votaciones del 6 y el 7 de septiembre, en las que se violaron la Constitución y el propio Estatut de Catalunya –con mayorías de 72 diputados y no de 90 como era imprescindible–, Carles Puigdemont acabó de meter la pata el martes. Nada le obligaba –sin dejar de aplaudir a los votantes– a santificar los resultados de un referéndum (muy azaroso) en el que solo votó el 43%. Se hubiera evitado el ridículo de aplazar luego una declaración de independencia que no había realizado y marear, más tarde, firmando con los diputados de Junts pel Sí y la CUP una declaración sin valor jurídico.

Las razones para la cautela eran abrumadoras, pues el independentismo –que dice querer lo mejor para Catalunya– había conseguido la semana anterior, al poner el incremento de conflictividad en las portadas de la prensa, incluso mundial, debilitar la confianza en los dos bancos catalanes, que para frenar el miedo de los clientes se vieron forzados a trasladar su sede fuera de Catalunya. Y más de otra veintena de empresas –desde Gas Natural a Planeta, la primera editorial en castellano y catalán (y la segunda en francés)– han seguido sus pasos. A Puigdemont alguien debería echarle en cara lo del Evangelio: "Por sus obras los conoceréis". 

El mal producido por el entusiasmo ideológico y la estulticia analítica está hecho

Y confiar en la vía eslovena es un despropósito. El contexto era la desmembración de Yugoslavia y Occidente intervino porque hubo muertos. Y se barruntaban desgracias peores.

La única urgencia, evitar lo peor

El mal producido por el entusiasmo ideológico y la estulticia analítica está hecho. Ya han bajado las reservas hoteleras –más que tras el atentado de agosto– y las empresas solo volverán si Catalunya deja de ser ante el mundo una zona conflictiva.

Hoy la única urgencia es evitar lo peor. Las tres cuartas partes del Parlamento español respaldan el mensaje de Rajoy a Puigdemont: o no hubo declaración, o 155 (limitación de la autonomía). Y aceptan abrir la reforma de la Constitución. El 155 es un camino incierto y muy peligroso para Catalunya (agravaría la crisis interna) y también para España, pues las protestas y el desorden también la perjudicarían. 

Javier Aroca

Analista político

DUI y 155 en diferido

Hice una primera lectura no alarmista: DUI en diferido, 155 en diferido. Pero el 155 solo se difiere ocho días. ¿Hay forma de evitar los evidentes riesgos que comporta? 
El miércoles me interesó la intervención de Aitor Esteban (PNV) en el Congreso. Le dijo a Rajoy que debía elegir entre vencer o intentar solucionar el problema y que no había declaración de independencia. Y en la respuesta, Rajoy, que cuida al PNV, deslizó: "No hace falta que [Puigdemont] rectifique, basta con que diga lo que ha dicho aquí el señor Esteban". Ahí está la salida, y Pedro J. Ramírez, portavoz del nacionalismo español más desacomplejado, ya la ha denunciado.

Puigdemont puede contestar, sin traicionar a nada ni a nadie: "No hubo declaración, porque no hubo votación". Entonces –Pedro Sánchez garantiza contención– se abriría una pausa. Claro, una pausa no es la solución, pero permite ganar tiempo y alejar lo peor. 

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