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La nueva ley de autónomos es puro maquillaje

Juan Carlos Trujillo

La normativa apenas oferce nada nuevo a los más de tres millones de personas que ya trabajan de esta manera

Se acaba de hacer pública la proposición de ley de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo. Si los lectores de estas líneas examinaran la exposición de motivos de la misma, allí podrían comprobar cuál es la situación real de los autónomos y darse cuenta de lo poco que solucionará esta ley cuando entre en vigor, al día siguiente de su publicación en el BOE.

Para poner la cuestión en perspectiva: los trabajadores autónomos somos más de tres millones de personas en España, y en el primer semestre del 2016 generamos 107.248 empleos netos, el 40% son por cuenta propia y el 60% por cuenta ajena. Esto supone que el 27,6% de todo el empleo generado el año pasado correspondió al trabajo autónomo y que actualmente uno de cada cuatro empleos en nuestro país le es atribuible.

Pese a ello soportamos trabas administrativas y elevados costes de cumplimentación de las obligaciones formales con la Hacienda Pública y la Seguridad Social. Esas excesivas cargas económicas que soportamos no se adaptan a la incertidumbre de unos ingresos variables y además ofrecen una protección social que dista mucho de la que disfrutan los asalariados.

A todo ello se suman otras desventajas, de las que detallo un par de ejemplos: En primer lugar, la penalización por no abonar en plazo las cuotas de autónomos, es excesiva y de carácter confiscatorio al elevarse hasta un 20% el recargo por ingreso fuera de plazo. En alguna ocasión he escrito que a los autónomos más bien deberían llamarnos "emprestadores"”: emprendedores que prestan dinero a la Administración.

Además estamos sujetos a una peor financiación, haciendo frente a una elevada tasa de morosidad y a una mayor carga financiera del IVA al tener que anticipar en numerosas ocasiones el impuesto devengado a los clientes sin haberlo cobrado. Tenemos una mayor dificultad para conseguir financiación bancaria debido a las exigencias de avales y al limitado patrimonio personal de muchos autónomos.

Visto lo anterior uno se pregunta si es tan difícil dar soluciones concretas a situaciones concretas, y en mi mundo de Yupi y Lechuguinos, necio de mí, creo que sí es posible, pero en realidad, a parte de la cosmética, ¿qué nos están dando con esta nueva ley?

¡Una batería de medidas! A destacar, la primera, consistente en modular los recargos por el ingreso fuera de plazo de las cuotas a la Seguridad Social de los trabajadores autónomos. ¡Caramba! ¿No teníamos lo mismo antes del 2012?

La segunda es ampliar la tarifa plana a los nuevos autónomos; pero los más de tres millones actuales seguiremos pagando las cuotas, aunque no ingresemos lo suficiente.

La tercera, bonificar a las trabajadoras autónomas que se reincorporen a su actividad después de la maternidad.

La cuarta, la deducibilidad en el IRPF de los gastos relacionados con automóviles parcialmente afectos a una actividad económica con el mismo tratamiento que se le daba al IVA y los suministros de agua y electricidad en un 20%, para los contribuyentes que realicen una actividad económica sin local afecto.

En resumen, nos devuelven lo que nos quitaron y nos dan cositas que afectan a los nuevos "emprestadores" que quieran arriesgarse y a parte del colectivo; pero no al grueso de los más de tres millones de autónomos que generamos el 27% del empleo. Desde mi punto de vista, mucho ruido y pocas nueces, aunque mejor poco que nada.

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