Ir a contenido
cartell2

"¡Y la Luna!"

Toni Aira

Aquellos maravillosos 'mitinazos'

El Canto del Loco recitaba que “ya nada volverá a ser como antes” en una de sus canciones más populares. Una afirmación que le sienta como un guante a las campañas electorales, aquí y donde sea. Cada campaña es diferente a la anterior, incluso cuando las separan escasos meses, como fue el caso de las últimas dos elecciones generales españolas. El contexto, siempre en movimiento, lo condiciona todo. Qué no decir, pues, de aquellas primeras elecciones democráticas post-dictadura que se celebraron hace cuarenta años en España. Y entonces, como en las primeras veces en general, lo suyo fue ir a trompicones, equivocarse mucho, pero a la vez vivirlo con una intensidad que difícilmente se vuelve a repetir con el paso del tiempo y con la experiencia.

Aquellos anuncios electorales que hoy podemos recuperar en Youtube son, vistos ahora, odas al “no voto”. Con aquellos encuadres imposibles, con aquellos cromas de película de serie B y con los políticos desentrenadísimos en el arte de plantarse ante una cámara. Ni se intuían los tiempos de la platócracia. Manuel Fraga, por ejemplo, pasaba buena parte de su mensaje televisivo mirando a un lado de la cámara, a la derecha, claro. Eso sí, el candidato de la derecha más netamente heredera del franquismo ya hablaba de “plantarle cara a los grandes enemigos de España, que son el marxismo y del separatismo”. Eso, para una parte del electorado aun hoy no es 'vintage'. Para unos y para otros, en cambio, hoy veríamos como revolucionario lo que en su espot hacía el candidato del PCE, Santiago Carrillo: fumar un cigarrillo que lo acompañaba durante todo el metraje.

Ya nada volverá a ser como antes, como en aquella campaña. Tampoco los colores corporativos de unos partidos, de unas coaliciones y de unos espacios electorales que en muchos casos aun estaban por construir. Hoy en día, por ejemplo, todo el mundo relacionaría el verde en España con un partido ecologista. Aquel 1977, este color, junto con el naranja (sinónimo de centro en lenguaje político en nuestro entorno), era el de la UCD de Adolfo Suárez.

Como mínimo, los de Suárez captaron ya entonces dos pilares de la comunicación política que aun hoy aguantan. Una, que como dicen los yanquis, “el candidato es el mensaje”. Y dos, la importancia de la televisión. Su figura aglutinaba mucho tras de sí, electoralmente hablando. Y no protagonizó los grandes mítines de adversarios suyos como Fraga o Felipe González. Apostó por la televisión para mirar de llegar directamente a los votantes. Se adelantaba a la vía “virtual” de contacto directo que hoy día los partidos buscan a través de redes sociales digitales como Facebook. Y comparecía a lo presidente (más que candidato) y decía aquello del “puedo prometer y prometo”, cuando aún se creía en eso y no se tiraba de eslóganes que años después defenderían el “hechos, no palabras”. Apelaba a un “nuevo horizonte”, con un aire a aquel John Fitzgerald Kennedy que proponía una “nueva frontera” cuando decidió llevar al hombre a la Luna. Pero es que eso, ni más ni menos, era lo que se prometía en la campaña de 1977. La democracia tenía que solucionar todos los males acumulados por décadas de dictadura. Y eso, claro está, no sería así y acabaría generando frustración y distancia de la ciudadanía con sus políticos.

Pero eso en aquellas primeras elecciones quizás ni se intuía. Los mítines no eran eso sino 'mitinazos'. La gente se apelotonaba hasta en los carteles, como el del Pacte Democràtic per Catalunya, con hasta tres candidatos (Trias Fargas, Pujol y Verde Aldea) que compartían ahí un protagonismo que hoy en día asume (simplificación de los mensajes manda) la estrella rutilante de cada casa. Pero entonces los políticos bajaban en tropel a la arena. Las plazas de toros y campos de fútbol se quedaban pequeños. Muchos de los grandes partidos se pusieron a ello con entusiasmo y, en más de un caso, confundieron aquello con lo que acabaría siendo su realidad electoral aquel 1977 y más allá.

0 Comentarios