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EDITORIAL

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Lucha contra el coche en Barcelona

Los elevados niveles de contaminación obligan a una política restrictiva con el uso del vehículo privado

En Barcelona hay demasiados coches, ya sean los de los vecinos de la ciudad, ya sean los que llegan procedentes de las poblaciones de su entorno. Como consecuencia de ello, la polución vulnera recomendaciones y regulaciones de la OMS y la UE. Se estima en 3.500 las muertes prematuras a causa de la contaminación en el área metropolitana. Motivos hay, pues, para esta cruzada por la movilidad sostenible (y disuasoria del uso del coche) que es una de la señales de identidad del Ayuntamiento dirigido por Ada Colau. El estreno en Sant Martí de la primera supermanzana en la trama de Cerdà indica que el consistorio apuesta por disuadir a los ciudadanos de que usen el coche. Es en esta línea, por ejemplo, que se incluyen medidas controvertidas como que este mes de agosto las zonas azul y verde no fueron gratuitas y otras que desatan acalorados debates ciudadanos como la promoción del uso de la bicicleta.

No es tarea fácil lograr que los barceloneses se bajen del coche. El plan de movilidad urbana 2013-2018 contempla que el uso del vehículo privado debe caer en un 21%, pero desde el 2011 solo ha bajado en un 1,3%. Se lucha con una mezcla de hábitos de movilidad muy arraigados y, en algunos casos, contra el hecho de que no hay alternativa (o esta es muy costosa) al vehículo privado.

Va a recibir muchas críticas de los ciudadanos habituados a coger el coche, pero de entrada cabe aplaudir el proyecto de las supermanzanas (de las que en el 2018 está previsto que haya más de 15 más repartidas por Gràcia, Eixample, Nou Barris y Horta-Guinardó) como una forma innovadora y valiente de devolver la calle a los peatones. Pero junto a ello, y en la misma medida en que se dificulta el uso del vehículo privado, hay que incentivar el transporte público y de medios de transporte alternativos. En este sentido se incluye culminación de la red ortogonal de autobuses y el plan de triplicar la red de carril bici en dos años con 200 kilómetros más. Porque más allá de hábitos de cada uno, los niveles de contaminación son inaceptables. No hay que olvidar que en otras ciudades europeas se ha optado por medidas tan drásticas como prohibir el acceso de los coches más contaminantes. Eso sí, la red de transporte público en esas ciudades es mejor que la de Barcelona. Tras bajarse del coche, hay que subirse a otro transporte.

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