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Contra las mujeres reales (y los cuerpos normales)

Marta Roqueta

Hace tiempo que hago campaña en blogs y redes sociales para desterrar del vocabulario cotidiano el concepto de ‘mujer normal’ aplicado al cuerpo de las mujeres, y también para limitar al máximo el uso de la expresión ‘belleza real’. Si fuera por mí, podrían enterrarse en lo más hondo de un pozo. Yo misma me encargaría de lanzar un par de bombas atómicas encima para asegurarnos de que del suelo no vuelva a brotar ni una sola idea similar.

Soy partidaria de que cualquier imagen pasada por Photoshop incluya una leyenda bien visible sobre qué se ha retocado, y de que los medios de comunicación, los libros, los videoclips y la publicidad se llenen de mujeres de todas las edadestamañosgéneroscolores de piel y diversidades funcionales posibles. Por eso pienso que la proliferación de los prototipos de mujer ‘real’ o ‘normal’ no deja de ser una actualización, a menudo bienintencionada, de esa tendencia de etiquetar el cuerpo de las mujeres. Echando un vistazo a los medios, parece que ahora se llevan las que tienen curvas y antes las delgadas como hace diez años íbamos con pantalones campana y ahora llevamos pitillos de cintura alta.

Lo único que hemos hecho de destacable es encontrar una clasificación que comprenda a más mujeres, y que implique que las que estén fuera de la norma no tengan que poner en riesgo su integridad física para intentar entrar en ella –aunque deberíamos empezar a hablar en serio de esas curvas domadas a golpe de fajapíxel dieta rara. Es un paso, pero sigue habiendo unas ‘nosotras’ y unas ‘ellas’. Para mí sería un gran avance introducir la perspectiva de la salud y del bienestar –tanto mental como físico–  en el debate sobre qué es bello, ya que permite a cada mujer apropiarse de la idea de belleza y hacer que ésta esté al servicio de sus necesidades.

El principal problema tanto de las mujeres normales como reales es que no sabemos a quiénes nos referimos. Si existen mujeres normales, ¿las hay de anormales y de subnormales? Lo que es seguro es que la mujer normal sigue desposeyendo de belleza a las transexuales, a las mujeres con diversidad funcional o a muchas deportistas.

En el caso de la belleza real, no queda claro si el límite de la realidad lo marca el bisturí, el maquillaje o el Photoshop (y en qué grado). El ejemplo que se me ocurre en el que me parecería aceptable hablar de ‘realidad’ es en el caso de muñecas personajes de ficción que pretenden ser un ejemplo de belleza para las niñas. Si fueran personas, muchas de estas referentes no podrían vivir debido a sus medidas.

Asociar los conceptos de ‘normalidad’ o ‘realidad’ a la belleza me parece simplista. No sólo por el carácter subjetivo de ésta, sino porque hay una serie de elementos no vinculados a la apariencia física –como el carácter, el olor o la forma de moverse– que perfilan el atractivo y la sensualidad de una persona. Siguiendo con la lógica del etiquetaje, calificar a una mujer de ‘normal’ o ‘real’ en función de unos parámetros físicos no deja de ser una forma reduccionista de ver la condición femenina.

Quién es más real o normal, ¿Angela Merkel o Sofía Vergara? ¿Nos atreveríamos a calificar a Bill Gates o Messi de hombres ‘normales’ y ‘reales’ y a Joe Manganiello de tipo ‘extraordinario’ o de otro planeta?

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