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Un edificio de presente y futuro indefinidos

Reivindicación de la Monumental

Maria Rubert

El antiguo coso debe abrirse a usos variados y, a la vez, contribuir a la transformación de la zona

La Monumental y Las Arenas se construyeron en el límite del Eixample, como el matadero o la cárcel. La cuadrícula de Cerdà servía para todo, pero no necesariamente mezclado. Las calles principales no eran lugares para la sangre ni el abastecimiento. El coso de Las Arenas que construyó August Font Carreras en 1899 se situaba en el extrarradio, en la Creu Coberta. La Monumental, proyecto de Ignasi Morell, también apoyada en la Gran Via, se levantó en 1914 cerca de Glòries. La afición a los toros justificaba dos plazas cuando Barcelona tenía poco más de medio millón de habitantes.

La transformación de Las Arenas en el 2010 conservó la fachada de la vieja plaza levitando sobre unos esforzados pilares de hierro, una obra de una complejidad técnica enorme difícil de justificar. Por dentro es un edificio activo y abigarrado, un centro comercial más. La Monumental no ha sufrido ninguna manipulación, tiene una bonita fachada neomudéjar rematada con unos huevos con revestimiento cerámico blanco y azul espectaculares. La entrada principal se sitúa en un cruce importante del Eixample, lo que en 1900 se imaginaba como el futuro centro de la metrópolis. La plaza cerró en el 2011 con una emocionante corrida de José Tomás. Ha habido muchas propuestas de transformación, entre otras la de construir una gran mezquita (también Las Arenas en los años del frenético Fòrum tuvo ofertas para usos similares) y es lógico dada su posición y factura.

Fuego lento y decisiones contrastadas

Creo que en los últimos años hemos aprendido que es más fácil desmontar usos que llenar de contenido edificios vacuos. Y que, a menudo, son atractivos proyectos y programas que se encajan en espacios previstos para otros fines (naves industriales como escuelas o bibliotecas, fábricas como museos, garajes como gimnasios). Hemos comprobado también que algunos procesos necesitan fuego lento y decisiones contrastadas. Probablemente los experimentos menos interesantes desde el punto de vista urbanístico de los últimos años, me refiero al episodio del Fòrum por ejemplo, fueron una respuesta rápida y eficaz a un problema mal plateado. La ciudad no se hace de decisiones intuitivas en un plis plas.

La lista de lo que no se ha derribado en Poblenou tras la presión vecinal, por ejemplo, cuenta tanto o más que los edificios de oficinas que se han construido. Es más, desde el punto de vista estrictamente económico, algunos edificios industriales adaptados a nuevos usos son tan o más rentables que edificios de oficinas que sustituyeron a viejas naves. Los turistas prefieren la animada rambla del Poblenou o la abigarrada calle de Pere IV antes que el entorno del centro comercial Diagonal Mar o los Congress Center y el edificio Fòrum en Taulat.

En palcos, gradas y tendido

Las Arenas no entra dentro de los programas de visitas turísticas obligadas. Tengo la impresión de que harían cola en la Monumental. La forma de la plaza sugiere imaginar actividades y espectáculos en los que acción y movimiento sean importantes y se puedan aprovechar palcos, gradas y tendido: deportes que se puedan adaptar al perímetro del coso, una enorme sala de baile, un centro de experimentación plástica, un 'concert hall', un espacio para teatro o circo. Y también usos de carácter productivo como un centro activo de artesanía, un espacio de producción audiovisual, un gran centro de plantas... Usos que aprovecharían la arquitectura y le darían vigencia y modernidad. En la Monumental se han celebrado conciertos monumentales: el de los Beatles el de 3 de julio de 1965, Rolling Stones, Bob Marley, Dire Straits o Tina Turner.

La Monumental puede ser el inicio de la transformación de la calle de Marina que dé sentido y fije sinergias entre un conjunto de equipamientos desconectados -el Teatro Nacional, la Escuela Superior de Música y el Auditori, el Museu del Disseny-, que aparte de su interés arquitectónico o de la calidad de su programación no contribuyen a complementarse ni a generar vida en las aceras. La calle de Marina como una nueva rambla puede canalizar el flujo hacia la Sagrada Familia, un monumento visitado por un volumen de turistas descomunal, que actualmente van en metro o autobús, que inundan el barrio y que necesitan espacios cercanos para tomar el aire y alejarse del hacinamiento.

Es la ocasión para abrir la plaza a usos variados y a la vez aprovechar esta situación para emprender una mejora real del barrio. Nuevos usos en las plantas bajas pueden servir para activar la zona y acompañar otros comercios y equipamientos cercanos. El interior es un espacio imponente, espléndido. Un vacío tan bonito sirve para casi todo y necesita la implicación de los barceloneses y un programa. Faltan los muebles y ornamentos porque la arquitectura ya la tenemos y es magnifica.

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