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Dos miradas

El problema es que, aquí, el arte simplemente expone la evidencia: el fascismo está vivo

El arte refleja la realidad o la modifica. O las dos cosas. Oscila entre la voluntad de ser mimético o la pulsión de combatir la naturaleza con la idea de cambiarla o, incluso, de sustituirla. El arte contemporáneo, además, introduce un factor nuevo: la crítica. A partir de la experiencia que es artística porque tiene esa pretensión (es decir, ha sido pensada antes como tal), reflejamos para modificar. Reflejamos hechos para modificar conciencias. Creo que este era el objetivo de la instalación de Núria Güell y Levi Orta para el festival Ingràvid de Figueres. Los dos artistas, habían previsto que «un coche deportivo decorado con motivos fascistas se paseara dando cinco vueltas por la Rambla cada dos horas». Se trata de un Fiat Uno bastante destartalado con retratos de Franco, banderas preconstitucionales, insignias de la Falange y otros símbolos ultras. Dicen que es «una presencia ideológica que incomoda», justo en el espacio donde el ciudadano disfruta de un día de fiesta cívica y cultural.

El Ayuntamiento de Figueres ha censurado el montaje porque dice que es de sentido común que un coche como este no puede circular por las calles. ¿No? ¿No han visto nunca ninguno? El problema es que, aquí, el arte simplemente expone la evidencia: el fascismo está vivo. ¿Y es de sentido común no hacer caso de ello? Que no sea que circule por la Rambla un vehículo así, de verdad, con fascistas de verdad, al volante. Y entonces, ¿qué? ¿A ese también le prohibirán circular?

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