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Máquinas de aprender

Tomàs Navarro

Los niños son un auténtico peligro. Cuidado. Vigila. Están por todas partes. Estas diminutas máquinas de aprender nos están observando continuamente, siempre, incluso cuando creemos que no lo hacen, es más, llegan a ser capaces de aparentar que están despistados para poder observarnos mejor. Los niños son máquinas perfectamente diseñadas para aprender. Sus ojos, su piel, sus oídos, su sentido del tacto, su cuerpo y su mente están buscando continuamente estímulos nuevos e interesantes.

Pero eso no es lo más grave, créeme, lo más grave es que son capaces de asimilar e integrar lo aprendido de tal manera que pueden guardarlo en su extraordinaria memoria para recuperarlo cuando más les interese. Pero la situación se complica todavía más; no tienen bastante con estar vigilándonos continuamente, no les basta con recordar hasta el más mínimo detalle; sino que además son capaces de transferir y poner en práctica este aprendizaje en diferentes entornos. Pero todavía hay más, los niños son capaces de crear nuevas relaciones causales e incluso de extraer sus propias conclusiones que guiarán y dirigirán su conducta y su manera de relacionarse con el mundo a partir de lo que están viendo, sintiendo y experimentando.

Esto es terrible. Sinceramente terrible. Los niños siempre están aprendiendo, siempre. Aprenden por observación, por deducción, por inducción y por asociación; pero sobretodo, lo más peligroso de todo, es que aprenden por imitación y por modelaje.

¿Qué ejemplo somos para los niños que nos rodean? ¿Qué pueden ver en nosotros? ¿Qué conductas prosociales o incívicas les mostramos? ¿Qué estamos dando por normal? ¿Qué valores observan en nosotros? ¿Qué valores ven en los programas que miras en la TV mientras crees que están distraídos jugando? ¿Y en las noticias que nos rodean? ¿Y en los comportamientos que son relevantes? ¿Qué conclusiones pueden extraer del tiempo que les dedicamos? ¿Y del que no les dedicamos?

¿Te has parado a pensar que en unos cuantos años estos niños vivirán la vida según los diferentes modelos que han tenido? No es necesario que tengas hijos para saber que puedes ser un modelo para los niños que te rodean. La responsabilidad de educar a un niño no es exclusiva de los padres. En otras culturas más ‘primitivas’ todos los miembros de una comunidad se cuidan de los niños sean o no sean sus hijos. Pero es más, en muchas especies animales también ocurre lo mismo. Mira, te propongo un ejercicio. Intenta adoptar durante unos días el punto de vista de un niño, pero con la perspectiva de un adulto, con el objetivo de analizar los ejemplos que te rodean y que estás viviendo. Te animo a que lo intentes y a que compartas tus reflexiones conmigo.

Para poder controlar este terrible peligro necesitamos la colaboración de diferentes personas empezando por unos profesores motivados, formados, respetados y reconocidos, que sean capaces de apoyar su autoridad en la seguridad que proporciona la profesionalidad y la vocación; siguiendo por los programadores de la parrilla televisiva, los productores y otros agentes de los medios de comunicación; sin olvidarnos de los diseñadores de videojuegos o de los profesionales del marketing que utilizan a los niños para conseguir que sus padres compren su producto. Pero también somos responsables del ejemplo que les damos a los niños las anónimas personas del metro, de la calle, del parque y como no los padres, abuelos, tíos y demás familia. Y no nos olvidemos del papel crucial que tienen los líderes pensantes, los que deciden y los que tienen la capacidad de asignar el uso de las inversiones públicas.

¿Sabes que puedes hacer para ser un buen ejemplo para los niños que te rodean? Pues exigirte lo mejor de ti mismo, vivir con coherencia y llevar una vida ejemplar y respetuosa. ¿Crees que es muy complicado?

Cuando desfallezcas en tu propósito recuerda que los niños no pueden elegir lo que ven, pero tú sí que puedes elegir lo que les vas a mostrar.

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