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Inmigrantes en su propio país

Javier López

Desgraciadamente estas navidades muchos jóvenes emigrantes no pudieron estar en tan señaladas fechas junto a sus familias al no poder pagar un billete de avión de vuelta a casa para estar con sus seres queridos.

Mientras tanto, el PP aprovechó el momento, conscientes de que el país entero estaba en plenas fiestas navideñas, para aprobar una nueva medida en el Boletín Oficial del Estado del 26 de diciembre que elimina el derecho automático a la sanidad a los emigrantes que estén fuera del país más de 90 días. Éste es el último de una larga serie de agravios contra los ciudadanos, especialmente los jóvenes.

Ya hicieron algo parecido en el 2012, con una medida que excluyó de la sanidad pública a los mayores de 26 que aún no habían cotizado. O mejor dicho, no habían podido cotizar por culpa de la insostenible tasa de paro juvenil.

En el mismo paquete de medidas excluyeron a los inmigrantes no regularizados de la sanidad ordinaria. Recientemente 'The Economist' se hacía eco de cómo 'The Lancet' (una de las revistas médicas más prestigiosas), avisaba sobre el peligro de una crisis de la sanidad pública española y posibles epidemias de tuberculosis y malaria 14/12/14.

Limitar la cobertura médica no es forma de tratar las enfermedades contagiosas. Ellas no parecen preguntar por el DNI o el pasaporte. Si la sencilla decencia humana no te motiva, al menos el sentido común te debería guiar. Pero no al PP.

Nos quitan derechos, conseguidos tras años de lucha, y los diluyen en privilegios. Ese es el cambio de fondo y lo están cambiando todo. La justicia es "universal", pero ahora tienes que pagar por ella. Las universidades son "públicas" pero suben las matriculas mientras que las becas se limitan y condicionan. Las mujeres son "ciudadanas de pleno derecho" pero antes podían decidir sobre sus propios cuerpos y ahora tendrán que pagarse un vuelo para poder ejercer sus derechos y evitar el Código Penal.

En lugar de un estado que garantice una dignidad colectiva están poniendo obstáculos a los que estorbamos. Y somos muchos. Pero eso sí, ya descorchan el champán para celebrar el final de la recesión cuando no hay nada que celebrar. Según Eurostat, el paro juvenil ha aumentado en 22 de los 23 meses que se han registrado desde que Rajoy es Presidente y esta semana hemos conocido la escandalosa tasa de 57,7% para los menores de 25 años.

La emigración forzosa es ahora una cruel realidad para miles de españoles y catalanes, sobre todo gente joven. Nuestro país ha dejado de ser una tierra de oportunidades. El goteo de talento y energía que deja nuestro país va en aumento. En lugar de castigar a los que buscan una vida mejor (con trabajo) más allá de nuestras fronteras, deberíamos estar ayudándoles y ser conscientes de nuestra corresponsabilidad.

El mercado laboral expulsa a gente del país y el PP les cierra la puerta de retorno. Restringir los derechos de los emigrantes españoles es una perversión de la idea de una Europa con libertad de movimiento y bienestar universal.

La medida convierte en papel mojado el artículo 41 de la Constitución, que garantiza la Seguridad Social. Pervierte el artículo 42, que dice textualmente "Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo. La asistencia y prestaciones complementarias serán libres". Y atenta contra artículo 43, el derecho a la salud. Sota-caballo-rey del PP.

Y como era de esperar, hasta contradice su propio programa electoral, donde decían "Velaremos por los derechos sociales y sanitarios, educativos y culturales de los españoles en el exterior." Esto, como muchas otras cosas, se les ha olvidado.

Nuestro (mal)gobierno está contribuyendo a una Europa de divisiones. Una Europa del norte versus una del sur, de mayores contra jóvenes, de 'insiders' contra 'outsiders'. Una Europa de privilegios para unos pocos en lugar de derechos para todos.

El PP está regresando al pasado; no sabemos a qué década. Pero tampoco a que siglo.

@fjavilopez

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