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La encrucijada catalana

Lo que CiU y ERC no responden

Xavier Rius

¿Qué haremos después de que la Moncloa o el Congreso impidan que hablen las urnas en Catalunya?

Pese a que parece que pronto conoceremos la pregunta y la fecha en la que el Govern desea hacer la consulta sobre la independencia, lo que no han explicado ni la Generalitat, ni ERC ni la Assemblea Nacional Catalana es cómo continuará el proceso cuando Mariano Rajoy prohíba su celebración o impugne la ley de consultas, ni qué se hará al día siguiente de unas hipotéticas elecciones plebiscitarias, que creo que CiU no convocará sabiendo que las perdería. Leí con gran interés diversos libros publicados hace un año que argumentaban jurídica y políticamente la viabilidad del proceso hacia la independencia, entre ellos el de Joan Ridao, y quedé decepcionado por la omisión del precio que deberíamos asumir para conseguir un ruptura no pactada con España.

LA CUESTIÓN no es que Catalunya haya llegado a un punto en el que la consulta es la mejor opción para encarar el futuro -como así lo pienso-, y que esta consulta, si hubiera voluntad política, encajara con la Constitución; ni que Catalunya fuera sostenible económicamente fuera de España. La cuestión que ni CiU ni ERC responden es: ¿qué haremos después de que la Moncloa o el Congreso impidan que hablen las urnas? Y en el caso de que hubiera comicios plebiscitarios, ¿qué haremos si las fuerzas independentistas obtienen la mayoría y Madrid se niega a negociar la transición y el reparto de activos y pasivos financieros? Lo que hicieron Macià y Companys el 14 de abril de 1931 y el 6 de octubre de 1934, respectivamente, fue proclamar, emitir por Radio Barcelona y mandar a los guardias de asalto a controlar dicha emisora y Telefónica, mientras se esperaba la llamada favorable o desfavorable del capitán general y de quien ocupaba el poder en Madrid. La cuestión no es que Rajoy optase por encarcelar a Junqueras y Mas como se hizo con Companys, que sería poco inteligente, sino que ignorase la declaración de independencia. La pregunta es hasta dónde estamos dispuestos a emprender una desobediencia civil y económica y asumir el precio de ello.

En algunos de estos libros, y en documentos del Consell Assessor per la Transició Nacional que muestran la independencia como algo fácilmente asequible, se hacen analogías con los casos de Eslovaquia -los checos respondieron que estaban encantados de que se separaran- y los de las repúblicas soviéticas, cuyas leyes lo permitían y que lo hicieron mientras la URSS agonizaba. Pero no pertenecemos a un imperio que se desmorona, ni tenemos un socio que quiera divorciarse, ni Rajoy es David Cameron. Se defiende la viabilidad de la declaración unilateral en base a la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia que no consideró ilegal la independencia de Kosovo, y se suele aludir al papel de arbitraje de la Unión Europea en el caso de Montenegro. Pero un servidor, que vivió in situ el proceso de desconexión de Kosovo y Montenegro de Serbia, releyendo las analogías que se han hecho con esos territorios tiene la sensación de que se han escrito con una notable ignorancia de lo que allí ocurrió.

Cuando digo que se desconoce qué ocurrió en Kosovo no me refiero solo al olor de los cadáveres y los pueblos arrasados, que son parte del proceso. Me refiero al contexto. Montenegro, siendo en 1999 miembro de la Federación Yugoslava, acogió a miles de desertores serbios que se negaron a luchar en Kosovo, sin que el Ejército federal pudiera hacer nada. Mientras se exigía visado para entrar en la República Federal Yugoslava, los montenegrinos dejaban entrar a quien fuera como turista. Es decir, mientras Yugoslavia se desangraba, y sin romper oficialmente con Belgrado, Montenegro se había convertido en una entidad que solo aplicaba las leyes federales que le convenían. Respecto a Kosovo, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con Belgrado y por el veto ruso, la ONU y la OTAN -que administraban desde 1999 un territorio sin apenas vinculación con Serbia- permitieron que, tras un referendo, el Parlamento kosovar proclamara la independencia. Con posterioridad, el Tribunal Internacional de Justicia consideró que eso no vulneraba el derecho internacional. Pese a ello, y por la oposición de Rusia y Serbia, Kosovo no es miembro de la ONU.

TRAS LOS VIAJES de Artur Mas a Israel y la India, el mismo president ha hecho analogías de la tenacidad de los catalanes con la de los que crearon Israel y con Gandhi, que consiguió la independencia de la India. Pero ambos casos tuvieron grandes costes humanos y económicos. Si Rajoy no acepta negociar, y dado que es evidente que el secesionismo no tomará las armas, ¿encabezará Mas un movimiento de desobediencia civil como Gandhi? El único que ha dicho algo es Junqueras al insinuar un paro de la economía durante una semana, y fue desautorizado.

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