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Gente corriente

Irene Cordón: «A mi hijo le cuento el mito de Osiris, no la Cenicienta»

Gemma Tramullas

En vez de truculentas hazañas bélicas, su relato del antiguo Egipto introduce recetas y extravagantes métodos anticonceptivos. La entrevista arranca frente a Cleopatra VII en la Estela de la Donación, uno de los tesoros del Museu Egipci de Barcelona.

-Pasó a la historia por seductora.

-¡Hollywood ha hecho mucho daño! Da igual su aspecto físico, lo importante es que era una mujer terriblemente inteligente y fuerte.

-¿Cleopatra, Hatshepsut y compañía se parecían más a Merkel y a Thatcher que a Carla Bruni?

-Más bien sí. Son las Ermesendas [Ermesenda de Carcasona, que gobernó en el año 1000] de la antigüedad. Tenían que tener un carácter muy fuerte para sobresalir en un mundo de hombres. En el antiguo Egipto, la mujer tenía un papel activo. No tenía los mismos derechos que el hombre pero, según los pocos documentos jurídicos que han sobrevivido, las mujeres de la élite -de la inmensa mayoría de la población no han quedado rastros escritos- podían testar, heredar, tener negocios...

-¡Incluso llegar a faraón!

--¡Sobre todo nunca diga faraona! Faraón es un concepto; faraona solo hay una: Lola Flores. Hay cinco aceptadas: Nitocris, Nefersobek, Hatshepsut, Tauseret y Cleopatra VII. Pero estoy segura de que hubo más.

-¿Quién fue la primera mujer con poder de la que tiene referencia?

-En la Paleta de Narmer, un documento de 5.100 años de antigüedad, sale un personaje caminando por delante del primer faraón de Egipto, Narmer. Nadie se mojaba sobre quién sería, hasta que en los años 90 alguien dijo: «Es una mujer, una reina».

-Una reina de 5.100 años.

-Decirlo no es suficiente y yo quise probarlo. Lo aporté todo: posición en la escena, postura de los brazos, peinado, nombre... Neithetep fue la primera reina de Egipto y tuvo tanto poder que su tumba era más grande que la de Narmer. ¡La habíamos tenido delante de las narices y no la veíamos! A partir de ahí me puse a investigar e hice un listado de las mujeres de la realeza del antiguo Egipto, desde la dinastía 0 hasta la III.

-¿Tiene alguna preferida?

-Meretneit. En 1901 el inglés Petrie excavó su tumba. Era tan lujosa que estaba convencido de que era de un faraón pero, al darse cuenta de que era una mujer, la despojó del título automáticamente. Pero Meretneit era una reina, hija, esposa y madre de faraón, y fue regente antes que su hijo, el gran faraón Den.

-Usted les devuelve la identidad a esas mujeres.

-De algunas solo tengo el nombre, pero ya es mucho. Si conocemos el nombre de una persona que vivió hace 5.000 años la hacemos eterna. ¡Meretneit, ya te he despertado!

-¿Qué más sabe de ellas?

-De épocas posteriores hay unas cartas de mujeres que sabían leer y escribir, que se llamaban hermanas entre ellas y que se intercambiaban cosas como recetas de cocina. Son fabulosas. Yo las he hecho. A esto se le llama arqueología experimental.

-No imagino a Howard Carter interesándose en un jeroglífico culinario.

-Pues los huevos de codorniz con cebolla caramelizada están de lujo. También descifré varios métodos anticonceptivos femeninos. Uno era excremento seco de cocodrilo con miel y se insertaba en la vagina.

-Ese no lo habrá experimentado...

-[risas] ¡No! Y de las hojas de acacia se hacía crema espermicida.

-Advertencia a las lectoras: no intenten repetirlo en casa.

-Si no quedabas embarazada, cogías una infección que no lo contabas.

-Hurga en fuentes poco valoradas.

-Como la literatura de aquella época, que es bestial y no se suele explicar. Yo a mi hijo de 5 años le cuento el mito de Osiris, no la Cenicienta. ¿Qué es eso de una mujer que se queda fregando una casa para siete tíos mientras ellos se van a trabajar?

-Esa es Blancanieves...

-Las dos son producto de una época, como los fabulosos cuentos anónimos del antiguo Egipto, que a menudo reflejan más la sociedad que las inscripciones de las tumbas.

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