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La rueda

Prohibido enfermar en viernes

Olga Merino

Nadie puede ponerse malo en según qué barrios porque han cerrado el ambulatorio. Tampoco resulta conveniente averiarse en viernes porque en el hospital de Sant Pau se han suprimido las consultas externas. Y resta y sigue. Rocambolescos recortes en Sanidad que fascinarían al doctor Caparrós, aquel inmenso Joan Capri que pasaba consulta con una faria entre los dedos. Una poda generalizada que nutriría de sarcasmos una temporada entera de la serie House:

Doctora Cuddy: ¿Has vuelto para ver a una paciente?

House: No, a una puta; le da mucho más morbo aquí que en casa.

Lo más curioso del tijeretazo sanitario es el intercambio de papeles. Instalado Rajoy en una cómoda indefinición a la gallega, a su escudero, González Pons, se le ocurre la proclama sindicalista de bautizar a Rubalcaba como Alfredo Manostijeras responsabilizándole del «mayor hachazo social de la democracia». Como si el PP no se dispusiera a emplear la tijera presupuestaria si gana las elecciones. Tijera, hacha, cizalla y guadaña.

El discurso político se llena de llamamientos a una austeridad tan necesaria como éticamente deseable. Arengas a menudo tramposas porque parecen culpar del derroche al usuario de la sanidad pública y no a la gestión. Me viene ahora a la cabeza lo sucedido con el excedente de vacunas de la gripe A, la pandemia apocalíptica que luego no fue. En realidad, estamos asistiendo en directo al desguace desideologizado del Estado del bienestar. Consigna planetaria. Cambio de era.

Dicen que la risa es la mejor de las medicinas, y convendrá usarla a menudo en plan preventivo, para evitar caer enfermo. La gran suerte es que habitamos en un país jocoso, con un humor garbancero y poco sutil, pero muy efectista. Lo de El Dioni, por ejemplo, el exvigilante de seguridad que se largó con un furgón blindado hasta arriba de billetes. Se ve que la Guardia Civil lo detuvo en pleno programa de telerrealidad. Genial; una imagen muy terapéutica.

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