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Gente corriente

David Íñiguez: «Muchos pilotos murieron por defender Barcelona»

Catalina Gayà

La sede de ADAR (Asociación de Aviadores de la República) es un trajín de ancianos con porte digno y un pin con un avión Mosca en la solapa. Son aviadores, mecánicos, armeros...de la segunda república. David Íñiguez lleva una década trabajando con ellos. Hace 11 años llegó a ADAR con una ametralladora bajo el brazo.

-¿Una ametralladora?

-Era de una exnovia de mi hermano. ¡Era una ametralladora de un avión Mosca! Llegué y muchos de ellos habían pilotado un Mosca.

-Estudiaba Historia del Arte.

-Hice un trabajo universitario de investigación sobre los aeródromos republicanos en el Penedès. Por eso llegué a la ADAR.

-Sea sincero: ¿qué ha aprendido de estos abuelos?

-Aquí ha nacido mi tesis doctoral, pero, la verdad es que me han enseñado valores como la amistad, la lealtad, el esfuerzo. ¡Tienen una vitalidad increíble y ganas de aprender a los 90 años! No pierden el sentido del humor y eso que vieron morir a compañeros y hermanos.

-¿Cómo explica esa vitalidad?

-Sus vidas son muy largas: entre los 18 y los 20 años se alistan a un ejército para defender un Gobierno legítimo. Algunos se suben a un avión, pero no sabe lo que vivieron los mecánicos de la aviación. Luego, el exilio, la cárcel, los campos de concentración... Y el olvido de la sociedad.

-Pensaba que todo estaba escrito.

-Se sigue haciendo el discurso expiatorio de la transición. Es el que quieren escuchar los políticos. ¡Expliquemos una historia de la guerra sin militarismo! Aún es: «Yo no te recuerdo la matanza de la plaza de toros de Badajoz y tú no me recuerdas la de Paracuellos». En Catalunya, por ejemplo, parece que es mejor no tocar el tema.

-Póngame un ejemplo.

-Los últimos 55 días de la guerra en Catalunya: del 23 de diciembre de 1938 a febrero de 1939. Mi colega David Gesalí señala que se pintan como una desbandada, pero nadie ha documentado que en esos días se consigue que medio millón de personas crucen la frontera. Luego, Alemania invade Francia en 40 días. ¡El poderoso Ejército francés cae en cuatro semanas y el republicano resiste durante 55 días!

-Siga, por favor.

-Se dice que los aviadores republicanos eran jóvenes e inexpertos. Ahora se sabe que el material soviético que vino era limitado y nefasto. La historiografía progresista ha estudiado los bombardeos contra la población civil, pero hay mucho más para estudiar: hubo aviadores republicanos que defendieron Barcelona de día y de noche. ¿Se ha preguntado por qué no hay un gran museo que explique la guerra civil?

-Tiene razón.

-De la guerra aérea quedan los aeródromos, refugios y emplazamientos antiaéreos. Se puede explicar y entender la guerra aérea a través de este patrimonio. Pero no existe una legislación que lo proteja.

-¿Se puede visitar algún refugio?

-Sí. El de La Garriga se convirtió en museo casi dejando intacto lo que había. Elaboramos una serie de recursos sonoros que explican el contexto global y lo que pasó en la zona. Hay un diálogo recreado, por ejemplo, que muestra la presencia de brigadistas internacionales. Todo el mundo dice que se fueron después de la batalla del Ebro. ¡Se van los que pueden regresar a sus países! Ni alemanes ni húngaros ni italianos ni checoslovacos pueden irse.

-¿Hay más refugios?

-Estoy trabajando en un proyecto de investigación en Santa Margarida i els Monjos. Preparamos un centro de interpretación con diversos recursos museográficos que explicarán la importancia de la aviación en la guerra.

-¿Y desde ADAR?

-En los últimos años, la asociación ha localizado y dignificado lugares donde algunos aviadores fueron enterrados. El Ayuntamiento de Barcelona acaba de concederle la Medalla de Oro del Mérito Cívico. El problema es que ahora ya empiezan a faltar muchos socios. Cuando mueren, los familiares llaman porque quieren información. Saben poco. Así vamos reconstruyendo la historia.

-¿Por la gente que llama?

-Gracias a un familiar, pude poner nombre a un piloto del que durante años solo supimos el alias. Su sobrino llamó preguntando por un avión caído en Teruel. Lo pilotaba su tío a quien llamaban El Metralleta.

-Y todo se lo debe a una exnovia de su hermano.

-[Se ríe] Gracias a esa ametralladora que no sabemos de dónde salió.

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