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Gente corriente

Mario Álvarez Keller: "Solo, en la montaña, me siento en casa"

NÚRIA NAVARRO

Hay otros mundos dentro del nuestro. Y uno es el de Mario Álvarez Keller (Tesino, Suiza, 1960), un naturalista que hace tres años decidió vivir en lo alto de una montaña, en la reserva natural de Boumort (Lleida), reintroduciendo el buitre negro en el Pirineo por encargo del Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa). Sin luz ni agua ni teléfono. Completamente solo.

-¿Pastor de buitres, dice?

-La tarea es como la del pastor de ovejas. Buscas el mejor sitio para que coman, compruebas que no haya veneno y les proporcionas alimento.

-Disculpe, pero esos animales dan un poco de repelús.

-Si les prestas unos instantes de atención, ves lo tremendamente cariñosos que son. Las parejas, muy fieles, se acarician con el pico continuamente. Y sorprende la dedicación a las crías. He visto a una madre quieta sobre la bolita de plumas de su polluelo toda la noche, bajo la nieve.

-Y usted ahí, observándoles.

-Me quedo inmóvil, con todos los sentidos abiertos. Llega un momento en que formas parte de su paisaje vital, notas que las barreras empiezan a desaparecer y, en cierto modo, hay un intercambio.

-Muchas horas habrá echado.

-Me interesa cualquier manifestación de vida. Me da igual si camina, se arrastra o vuela.

-¿Y eso de dónde le viene?

-En 1981, un amigo de mi hermano trajo de León un milano. Le enseñé a manejarse como un ave salvaje y en la época de migración desapareció. El milano cambió mi vida.

-Del milano al buitre.

-Entre ambos pasaron un montón de cosas. Estuve con un grupo de águilas imperiales en Monfragüe (Cáceres), y monté una escuela de naturaleza en la sierra de Ayllón. Más tarde viajé por América Latina con la Caravana Arcoíris por la Paz, fui ayudante de pastor en los Alpes, di la vuelta al mundo en solitario y, a mi regreso, me propusieron reintroducir buitres leonados.

-El peaje personal es grande, fijo.

-¡Para mí es un regalo! Veo cómo sale el sol y cómo se pone, y oigo vida salvaje a mi alrededor. Eso, junto a poder hacer felices a otros seres, me permite acostarme con la sensación de haber cumplido. Los ojos me brillan como a un niño pequeño.

-Los suyos son ojos de rapaz.

-Todos los seres vivos miran de frente porque no esconden nada. Se muestran como son.

-Desconfían de los humanos.

-Las relaciones humanas son muy enriquecedoras. Pero si para buscarlas tengo que meterme en una ciudad con toda su crispación, agresividad y malos humos, prefiero quedarme en los reductos de vida natural. Las sociedades opulentas son esterilizantes, enemigas de la vida.

-Pero usted es hijo de una traductora suiza, es culto, viajero...

-En las ciudades hay cosas que me atraen, como la creación artística. Pero el hecho de renunciar al aire limpio, al agua limpia y a la tierra sana nos está haciendo enfermar a una velocidad tremenda. La aceleración está anulando toda forma de vida que no sea la vida domesticada.

-¿Qué pasa cuando pisa la ciudad?

-Me aturde el ruido. Y procuro buscar espacios verdes, aunque sea el alcorque de un árbol.

-Al menos puede comunicarse.

-Tengo más facilidad para la comunicación no verbal con los seres que llamamos irracionales que con las personas.

-Buitres, noche, silencio... ¿Miedo?

-Al revés. Solo, en la montaña, me siento en casa. En las noches de invierno haces lo que hacían ya en la prehistoria: extasiarte con el movimiento de las llamas, dejarte llevar por el hilo de los pensamientos. Es una vía de autoconocimiento.

-¿Alguna idea en limpio?

-Como soy torpe hablando, he ido escribiendo a ratos. Tengo una veintena de libros. Son mi única propiedad. Tampoco necesito más.

-Con ellos alzará el vuelo pronto.

-Ha nacido el primer buitre negro en el Pirineo, Gala, y es hora de irme a otra parte. En marzo viajaré a Inglaterra para trabajar en una escuela ambiental instalada en yurtas [tiendas mongolas]. Y luego me gustaría hacer algo parecido en la República de Altái de la Federación Rusa.

-Sabe que el cuerpo, con los años, tiende a la avería...

-El proceso no me preocupa. Y cuando tenga que acabar, me gustaría que me pusieran en algún punto de alimentación para buitres. Enriquecer el ciclo de la vida.

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