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a pie de calle

Una copa con el «sicario del sexo»

Edwin Winkels

Hay 3.814 personas apuntadas en el grupo que se llama «papis y mamis». Otras 4.977 en el de «viajeros». El grupo más grande es de quienes prefieren «actividades al aire libre». En el de los «nuevos y sus novatadas» hay 3.981 inscritos. El grupo cultural tiene 2.308 miembros, y el grupo gastronómico se queda un poco atrás con 700 interesados, pese a que esta gente organiza un curso de «cocina de seducción». Unas 200 de estas personas se vieron el miércoles en el Snooker de Roger de Llúria para tomar una copa y otras 300 más ayer en el Love Factory de Aribau para un pica pica y baile posterior.

Me paso por el cercano Snooker, donde ellos se ven cada miércoles por la noche. Lo llaman, en su jerga, la kedada. Es la jerga de los singles, nombre inglés que agrupa a solteros, divorciados, viudos: cualquiera que no tenga pareja. «Soy asidua», dice Trini, dos veces divorciada ya. A su lado está, igual de sonriente, Fran, más inhibido, «menos social», dice.

Todos, o casi todos, han llegado aquí a través de una página web, la de singlesbarcelona.es, que arrancó hace ocho años y que vive un crecimiento vertiginoso en los últimos años. En diciembre del año pasado tenía 27.000 usuarios, ahora van por los 43.000. Todos en Barcelona y sus alrededores, como indican también otros subgrupos como los singles del Maresme o los de Gavà. O los que prefieren escapadas en moto, o que piensan que «a los 50 comienza lo mejor», o los menores de 35 años, o los lletraferits, «locos por los libros», porque los singles no solo buscan amor o sexo, sino también gente de su onda, para compartir intereses.

Más divorciados

3 «Dicen que un matrimonio dura ahora una media de cuatro años. El mercado de solteros y separados es enorme, y crece y crece», dice Efrem García, que esta noche actúa como coordinador de Singles Barcelona. Es el que mantiene el contacto con bares, restaurantes y discotecas, locales encantados con la masiva afluencia en las que solían ser horas o noches flojas. De ahí que pacten precios amables; la cena y disco de ayer costaban 10 euros. Y eso solo por decir que eres un single, palabra que de esta manera ha perdido rápidamente el yugo de la soledad, de la tristeza o del abandono.

Cerca de los billares, que tienen menos adeptos que la increíble colección de whisky de Nicolás Pasielo, el dueño del Snooker, otro soltero, Juan Antonio, que tiene 51 años, explica que hay «buen ambiente», que aquí se mezcla gente en paro sin un duro con empresarios acaudalados pero sin pareja. «Montamos salidas, conseguimos viajes baratos, se junta gente con sus hijos...» Pero también se liga, por supuesto, para no quedarse single siempre. Algunos ligan, además, con apodos que impresionan. Me presentan a Manuel, sombrero negro sobre la calva, camisa abierta, un colgante misterioso, que no tiene pinta de pertenecer al grupo de menores de 35. «Es el sicario del sexo», dicen las mujeres, riéndose. «Y este otro, el cañero». Vaya fama. Pero se lo pasan bien.

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