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Narices rotas

Jaume Subirana

Exposición de ilustradores catalanes en la feria del libro infantil de Bolonia.

Exposición de ilustradores catalanes en la feria del libro infantil de Bolonia. / periodico

Hace unos días, en la presentación en la librería Seminary Co-op de un libro del poeta y activista Kevin Coval, el presentador comentó que Chicago es una mujer guapa con la nariz rota. Allí, sentado, lejos de mi pequeño país, esa imagen acertada me hizo pensar de golpe en la literatura catalana.

A la literatura catalana las alegrías le duran cuatro días

Pensé en una literatura guapa a la que las alegrías (la presencia como invitada en la feria de Bolonia, por ejemplo) le duran cuatro días. Nariz rota. En un sector agrietado pero fibroso y voluntarioso sobre el que los responsables políticos a un lado y otro de la plaza de Sant Jaume han querido extender en pocos meses dos caros planes de promoción de la lectura que regatean euros a las bibliotecas escolares, promotores residentes o profesionales del sector y se los gastan en unos anuncios banales que han entretenido, eso sí, a los opinadores durante unas semanas. Nariz rota. La Institució de les Lletres Catalanes pierde el bello logo republicano diseñado por Josep Obiols y pasa a ser considerado como “los otros servicios del Departament de Cultura” cuando ni es un servicio ni nunca se había querido que fuese como los otros, y en el gremio todo el mundo calla con la alegría funeral de los que o no saben o no les importa o tienen el culo (la subvención) alquilado. Nariz rota. Desde un diario general de aquellos que habían tenido influencia se critica el libro coordinado por Xavier Pla sobre la recepción de Proust en Catalunya porque no pone énfasis en la traducción al castellano de Alianza (como si Josep Pla y sus contemporáneos hubiesen tenido que esperar a finales de los años 60 para leer 'À la recherche...'), y la discusión acaba enredada con el Procés. Nariz rota.

Y así vamos tirando, siempre pidiendo permiso o disculpas por existir. Quizá porque no nos gusta lo suficiente la danza. Merce Cunningham lo había dicho bien claro medio siglo atrás: “De lo que se trata no es de ninguna licencia, sino de libertad, es decir: de una conciencia absoluta del mundo y al mismo tiempo de la desconexión de este mundo". Libros y autores guapos, narices rotas y toda la libertad del mundo. Que cada uno se fije en lo que quiera.

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