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ENTREVISTA

Lucía Lijtmaer: "El nicho de mercado son nuestras vaginas"

Kiko Amat

La escritora y periodista Lucía Lijtmaer, posando para ilustrar <br/>esta entrevista.

La escritora y periodista Lucía Lijtmaer, posando para ilustrar esta entrevista. / JULIO CARBÓ

Tiene un árbol genealógico más mezclado que la sala de espera de Ellis Island en 1892 (lo que explica la diabólica j en mitad de su apellido). Es periodista pop y anticapitalista. También feminista, de la Escuela Caitlin Moran Para Chicas Cabreadas con Propensión a la Hilaridad. Lleva el sentido del humor de serie, pero no teme desenfundar cuando hay que plantar cara al malo. Escribe para muchos medios y siempre está en muchos sitios, a menudo en eventos simultáneos, lo que ha originado teorías sobre su sobrenatural capacidad de omnipresencia. Su último libro es un manual tronchante y militante que plantea el feminismo de un modo natural y práctico, nada blandengue ni envarado.

claves BIOGRÁFICAS

  • Estudió Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona y Periodismo Internacional en la Universidad de Westminster.
  • Es la comisaria de un festival en La Casa Encendida de Madrid, el celebrado Princesas y Darth Vaders –en pos de su cuarta edición–, donde se mezclan humor y cultura de guerrilla para hablar de feminismos.
  • También es traductora literaria (tradujo a Jarvis Cocker) y profesora en distintos centros superiores, como la Universitat de Vic. 
  • Ha publicado los libros ‘Quiero los secretos del Pentágono y los quiero ahora’ (Capitán Swing, 2015) y ‘Casi nada que ponerte’ (Los Libros del lince, 2016), una semi-memoria sobre su infancia argentina.

El Día del Golpe en la Cabeza es el momento en que se adquiere conciencia de vivir en un mundo injusto para las mujeres. ¿Cómo fue su golpe? Era una reunión informal de trabajo. Primero me dijeron dónde sentarme, algo que naturalicé pero que no es nada natural. Algo más tarde me hicieron callar. Vi que mi opinión era menos importante que la del resto del grupo: todo hombres. Vi algo que ya intuía: que las mujeres éramos de segunda clase. Que en cultura, por mucho que lo intentemos, las mujeres jamás seremos tan guays como los hombres. Yo siempre he temido molestar. Pero, claro, lo de no molestar de repente entraba en contradicción con la violencia. Hacer callar a alguien es un acto de violencia.

¿Recuerda cómo pensaba antes de ese momento? Yo creía que las feministas eran pesadas, quejicas… Recuerdo que les decía a amigas militantes que por qué tenían que hablar de «sus cositas». Yo era una ferviente creyente en la meritocracia. Creía que el feminismo estaba superado, y que nosotras conseguiríamos llegar a la meta por mérito propio. «Si somos buenas, triunfaremos». Una idea neoliberal que no tiene en cuenta nada de tu entorno ni tu realidad social. Yo no veía la idea más amplia: que no estaba en igualdad de condiciones.

Propone intercambiar enunciados. Colocar la palabra «negro» en alguna frase referida a las mujeres para darse cuenta de lo ofensivo que resultaría. A mí, me gusta unir conceptos de género y clase. En el fondo van juntos. Las cosas que dicen Salvador Sostres o Pérez-Reverte sobre las mujeres y sobre el proletariado serían impensables si hiciesen referencia a raza. Todos esos discursos se están radicalizando: contra las mujeres, contra la clase obrera… Voces que defienden barbaridades escudándose en que están «oprimidos», que hay una censura de «corrección política» (los varones blancos de clase alta están oprimidos, según se ve). Pero escuchas a los alcaldes del FN del sur de Francia y aquello cala entre una población polarizada. Lo que sucede es que esa gente no debería tener un púlpito desde el que hablar. Al igual que los machistas. ¿Por qué tenemos que soportar un discurso de odio?

Por otra parte, el discurso de algunos medios es más insidioso y perverso que el de un alcalde del FN. Hablo, por supuesto, de 'Friends'. La mayoría de 'sitcoms' acaban en matrimonio y bebé. Hay contadas series que dibujen una alternativa que no sea parir o casarse. Que dos tías estén en un bar tomando un cóctel, hablando de cualquier cosa que no sea hombres, es radical.

Uno se pregunta cómo permitieron que se filmara 'Thelma y Louise'. Aunque, naturalmente, hubiese sido más radical si en lugar de follarse a Brad Pitt hubiesen hablado de libros. O follado entre ellas [ríe]. 'Thelma y Louise' es una rareza. La experiencia femenina siempre es femenina, nunca es universal. Es un género en sí mismo: «pelis de mujeres». El nicho de mercado son nuestras vaginas. Cuando hablamos de genérico hablamos de hombres que hacen cosas. Dos hombres y un destino no es una película «masculina», pero no dejan de ser dos hombres todo el rato, haciendo cosas de hombres. Pero como no es de mujeres, es un «clasicón» [ríe].

"Que Cristina Cifuentes diga que es feminista, mientras desahucia a mujeres maltratadas, 
no me lo trago"

Si una chica escribe un libro que hable de «haber degollado a toda la población de Huelva», en la portada llevará un jarrón con flores y un filtro pastel. Si eres chica y escribes libros, aunque sean de ciencia ficción, siempre son «sobre ti misma». Nunca le preguntan a Philip Roth, que ha escrito muchas veces el mismo libro vivencial, si va «de él». No. Lo suyo es «universal». Siri Husvedt decía que cuando escribió un libro sobre infidelidad todo el mundo le preguntaba si estaba bien con Paul Auster. Si eres mujer no es ficción. Eres nicho de mercado. Hace poco, Errejón dijo que era «el día de estar con el colectivo de las mujeres». Alguien le recordó que no somos un «colectivo», sino la mitad de la población.

Revistas femeninas. ¿Quién escribe las paridas de 'Marie Claire'? Usted dice que son mujeres a quien «les toca apechugar», lo cual me suena un poco al «solo cumplía órdenes» de los juicios de Dachau. A la vez, tengo varias amigas redactoras, y veo lo que están haciendo desde dentro para que no sea así. Colocar según que artículos en esas revistas es muy complicado, y lo están consiguiendo en algunos casos. Pero muchas abandonan, y con asco. ¿Por qué las periodistas siempre terminan en revistas femeninas? Porque son uno de los pocos espacios donde pueden ascender. No quería culpar a las trabajadoras. El problema son los anunciantes, la dirección… El problema es el capitalismo. Dicho esto, hay mujeres que no están concienciadas. Muchas creen en esos discursos de belleza y en esos cánones.

Las mujeres no concienciadas perpetúan un discurso de opresión. Sí. Pero intento no demonizarlas, porque entonces perpetúas el viejo «mira qué tonta». Es muy fácil odiarse entre mujeres. Todo está preparado, y tú estás diseñada, para tener miedo de la tía que tienes al lado: porque te robará el novio, porque te quitará el empleo… Tampoco es cuestión de irse al otro extremo. El concepto de solidaridad femenina debería revisarse. A mí, que Cristina Cifuentes diga que es feminista, mientras está desahuciando a mujeres solteras maltratadas… No me lo trago.

Gwyneth Paltrow y las 'yummy mummys', 24 horas al servicio de la 'über-maternidad', también es intragable. Gwyneth Paltrow es la primera estrella de Hollywood que compra y vende el discurso aspiracional. Existe un modelo de mujer, pero no existe un modelo de hombre. El modelo de mujer es alguien como ella. El capitalismo te vende que si no eres feliz es porque no eres como ella. Porque no tienes el horno de leña toscano y la crema de caviar y…

…Y las operaciones de bajos. [Ríe] Sí. Por alguna razón, tu coño nunca está bien. Y el súmmum de todo ello son las madres mormonas. 25 años y 5 hijos. ¿Cómo me puedes vender que eso es feminista? Parir no es feminista. No es un logro del feminismo. Se plantea como una opción personal («yo he decidido quedarme en casa y criar») que tenemos que respetar. Y la respetamos. Pero que no nos vendan que la gran conquista social del 2010 fue quedarte en casa y hornear magdalenas. No me parece casual que nadie optase por tocar la batería o aprender defensa personal, sino por hacer colchas [cara de asco].

Me irrita la dictadura de la belleza femenina. Nacieron así, por el amor del cielo. La guapura tiene cero mérito. Muchas mujeres entran en el feminismo cuando empieza a decaer su atractivo físico o poder sexual. Dejan de ser «deseables». Nos enseñan que ese es nuestro motor de vida: atraer. Yo me pregunto si compramos ese discurso en todas partes. Por ejemplo: Pussy Riot. ¿Habrían tenido tanta visibilidad si no pareciesen supermodelos? Pero la culpa fue de la atención mediática. El concepto de «gordibuena» también es un mal mediático. El «fofisano» tiene que estar solo sano, pero la «gordibuena» tiene que estar buena. Explicar hasta qué punto eso te afecta es un ejercicio de honestidad crucial. Caitlin Moran dice que todas queremos ser una versión más delgada de nosotras mismas.

Lamenta que a finales de los noventa tuviese que estar todo el día hablando de sexo. Yo a lo de follar le puedo encontrar un deje político, con lo del posporno, los cuerpos no normativos… Lo que me parece el demonio es la idea de consumo. Es decir: el sexo como capitalismo. Que de repente tengas que hablar de ciertas cosas con gente que no conoces de nada, y que eso suma puntos de moderno, y que para colmo es feminista. Se lanzó ese mensaje porque querían vendernos cosas. La promiscuidad sexual no es siempre libre. A menudo es una imposición comercial.

El troleo en la red es 100% machista. Twitter lo permite todo. Tendrías que cargarte a alguien para que te cerraran una cuenta. Es natural: la cúpula dirigente de Twitter, en su 90%, está formada por hombres blancos anglosajones de clase alta. Su realidad no entiende el abuso. Owen Jones dice lo mismo: háblale a alguien del 'establishment', que va de Eton al Parlamento o la Banca, sobre ayudas sociales. Twitter perpetúa el problema ofreciendo impunidad completa a los machistas o racistas. Luego vienen las amenazas físicas, y todo el mundo hace la vista gorda. Es un mal endémico de este país. 

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