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LA GESTACIÓN DE UN PROYECTO INÉDITO

Max y el reto del primer cómic táctil, en la Bienal de Venecia

El dibujante hizo un experimento con invidentes en Barcelona en diciembre para hallar las claves de cómo crear una historieta que pudiera leer cualquier persona, ciega o no

Anna Abella

Un alumno de Elisava con una viñeta de barro, el pasado diciembre, en el taller que sirvió para preparar el cómic táctil del dibujante Max, que Catalunya presenta en la Bienal de Venecia.  / ÁLVARO MONGE

Un alumno de Elisava con una viñeta de barro, el pasado diciembre, en el taller que sirvió para preparar el cómic táctil del dibujante Max, que Catalunya presenta en la Bienal de Venecia.
Viñeta de barro, el pasado diciembre, en el taller realizado en Elisava que sirvió para preparar el cómic táctil del dibujante Max, que Catalunya presenta en la Bienal de Venecia.
Viñeta de barro, el pasado diciembre, en el taller realizado en Elisava que sirvió para preparar el cómic táctil del dibujante Max, que Catalunya presenta en la Bienal de Venecia.
Viñeta de barro, el pasado diciembre, en el taller realizado en Elisava que sirvió para preparar el cómic táctil del dibujante Max, que Catalunya presenta en la Bienal de Venecia.
Viñeta de barro, el pasado diciembre, en el taller realizado en Elisava que sirvió para preparar el cómic táctil del dibujante Max, que Catalunya presenta en la Bienal de Venecia.

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El encuentro tiene lugar a mediados de diciembre del 2016 en un aula de la escuela universitaria de diseño Elisava. Parece casi un juego: sobre una gran mesa, cuatro parejas de adultos moldean figuras sobre unos cuadrados de barro. Son voluntarios de la ONCE, invidentes o con problemas de visión -Ramón, Carme, Merche y María José-, junto a alumnos del Máster de Ilustración y cómic del centro, tutelados por Mery Cuesta. A su alrededor también se mueve, atento y concentrado, el dibujante Max (Francesc Capdevila, Premio Nacional de Cómic 2007). A medida que van terminando las estampas quienes no ven se turnan para adivinar, solo tocando el barro con los dedos, qué han querido explicar sus compañeros con esos relieves sin palabras. Se trata del necesario experimento que ayudará a Max en los meses posteriores a realizar el que será el primer cómic táctil universal, ‘leíble’ por cualquier persona, ciega o no, y que formará parte del proyecto ‘La città che non si vede’ (la ciudad que no se ve), de Antoni Abad (quien también observa a los participantes) con el que Catalunya participa en la 57ª edición de la Bienal de Venecia, que comisarían Cuesta y el artista Roc Parés.

Antes de ponerse a moldear han elegido cuatro itinerarios por el centro de Barcelona, como por el Raval o el puerto, y, en parejas -un invidente y un estudiante-, han grabado en archivos de audio sus impresiones sensoriales durante el recorrido: sonoras (música, el ladrar de un perro...), olfativas (el olor del agua de mar), de movilidad (obstáculos...)... Luego las han expresado como si de plastilina se tratara en cuatro bloques de barro a modo de viñetas que explican una secuencia, que después se ‘imprimirá’ en termoformado. En el cómic para la Bienal, Venecia tomará el lugar de la capital catalana.

Texto Alternativo

ÁLVARO MONGE

El dibujante Max (izquierda) y la comisaria Mery Cuesta, el pasado diciembre, en Elisava, en el taller que sirvió para preparar el cómic táctil que forma parte del proyecto catalán para la Bienal de Venecia, con un invidente y un alumno experimentando con una viñeta de barro. 

Así, en Elisava, en una de las viñetas de barro se ‘dibuja’ un personaje con tupé; al lado, otro más pequeñito y con menos relieve (que puede significar que no es el protagonista). También hay una cruz sobre una edificación (es una iglesia), con palitos que salen de lo que sería el campanario (las campanas están tocando). En otra ‘viñeta’ hay tres caras consecutivas de prominentes bocas dentro de un semicírculo (esta cuesta de entender: se trata de la fuente de la plaza de Sant Just).   

MEDIO VISUAL

“Es un reto absoluto y he tenido algún momento de pánico porque no se ha hecho antes nada parecido”, contaba entonces Max, que decidió aceptar la propuesta de Cuesta. El taller le sirvió para ver las dificultades de realizar el proyecto “porque el cómic es un medio eminentemente visual y te preguntas cómo puedes traducir ese lenguaje de viñetas, bocadillos e imágenes en una expresión táctil para gente que no ve”. “Temía que el cómic perdiera sus características y que surgiera algo táctil pero que no fuera un cómic”, se sinceraba el dibujante, que gracias al taller vio el camino a seguir y se ratificó en su opinión de que “el cómic ha crecido siempre luchando contra las dificultades”. 

En este experimento en Barcelona Max vio qué funcionaba y qué fallaba. Le ayudó a descubrir cómo debía ser el lenguaje de ese cómic táctil que se aplicaría en el proyecto para la Bienal. “Hay cosas habituales del cómic que los que no ven no entienden -explicaba la comisaria-. En cambio, se han usado muchas visiones cenitales que los videntes también comprenden, símbolos como líneas onduladas para el olor, líneas rectas que salen de algún objeto para mostrar el sonido. Las siluetas de personas deben ser enteras, no planos americanos; los bocadillos, en lugar de palabras, deben contener emociones, como un rayo, que significará enfado...”. 

IMPRESO EN RESINA

El objetivo final, según Cuesta, es mostrar “la Venecia que no se ve, la Venecia invisible para los que vemos, entender cómo la perciben las personas con problemas visuales”. Para el cómic táctil que se presentará en la cita artística, Max hizo un recorrido en barca por la ciudad italiana guiado por una invidente veneciana y ha trasladado la experiencia a la historieta, en blanco y negro, con tinta negra sobre papel, como hace habitualmente. Luego se le ha dado relieve e impreso en resina. El cómic irá acompañado de textos teóricos de los comisarios y un índice con los códigos para entender los símbolos. Y, cómo no, tendrá escritos en braille.  

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