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CRÓNICA

Magistral y arrebatadora 'Elektra'

El montaje de Patrice Chéreau, con brillante dirección musical de Josep Pons, pone de pie al Liceu

César López Rosell

Escena de Elektra, en el Liceu.

Escena de Elektra, en el Liceu. / ANTONI BOFILL

Una noche de las que pasarán a la historia del Liceu. El público se puso de pie como impulsado por su resorte cuando, tras casi dos horas ininterrumpidas de tensión y desgaste, Evelyn Herlitzius salió a recibir los aplausos por su impresionante 'Elektra'. La heroína del montaje de la ópera de Richard Strauss, que el desaparecido Patrice Chéreau ha dejado como testamento de su arte inigualable, fue vitoreada: “Brava, brava”.  Adrianne Pieczonca y Waltraud Meier, las otras integrantes del trío de mujeres de la tragedia, y el resto del ‘cast’ fueron también aclamados, así como Josep Pons por su brillante dirección musical.

Evelyn Herlitzius deslumbra con su impresionante recreación de la heroína de la tragedia

Fue una gran velada de ópera pero también de gran teatro. La coproducción, estrenada el 2013 en Aix-En-Provence,  ha llegado al coliseo de la Rambla manteniendo la excelencia del cohesionado equipo inicial, exceptuando al imponente Alan Held, que aquí encarna a Orestes. La mayor responsabilidad recaía por ello en el trabajo de Pons, experto en la música de Strauss pero que debutaba en la dirección de esta bella y compleja obra que necesita de ajustes muy precisos en la sonoridad de una orquesta desbordada de elementos, 87, que apenas cabían en el foso.

En una partitura de tantas inflexiones, con momentos de violencia extrema y otros de intenso lirismo, la formación respondió con un sonido homogéneo y el director fue muy cuidadoso equilibrando los volúmenes para que se acoplaran con la tesitura vocal de un reparto de lujo.

En una ópera sobre la obra de Sófocles compuesta a partir del texto psicoanalítico de Hugo von Homennsthal, conseguir un trazo dramatúrgico que la acerque al público de hoy era fundamental. Esto es lo que hizo Chéreau, con una puesta en escena de líneas sencillas que sitúa la acción en un austero patio presidido por una especie de ábside románico. En este espacio presenta la tragedia como una historia de familia, en la que hay enfrentamiento pero también amor. La composición de los personajes hasta en el más mínimo detalle, expresando con claridad emociones y contradicciones, ayuda a componer una historia en la que resplandece la cara más humana del mito.

DANZA ANTES DE MORIR

El espectador se siente atrapado por la atmósfera del relato, a partir de esa secuencia inicial sin música en la que las servidoras barren el escenario creando un clímax propicio para lo que vendrá después. Herlitzius despliega lo mejor de sus recursos llegando en plenitud al final de su agotador rol con esa magistral danza ejecutada antes de morir. El suyo es no solo un gran trabajo interpretativo sino también físico. Es difícil pensar en una intérprete que sea capaz de controlar mejor los matices de una cambiante vocalidad y, a la vez, dramatizar como ella lo hace.

Hay momentos imborrables de su actuación como el de la escena del reconocimiento de su hermano Orestes, quien finalmente aparece para vengar el asesinato de su padre Agamenon, o las de la relación amor-odio con su madre, Klytämnestra (ejecutora de la  muerte del rey junto a su amante Egisto), encarnado por una soberbia Meier en su papel de mujer que intenta huir de los fantasmas de la regicidio. También impacta el contraste con su hermana Chrysotemis (impactante y emotiva Pieczonca) que prioriza sus intereses de formar una familia sobre los de la venganza. Todos están bien en esta inolvidable función. Y es que a ‘Elektra’ le sienta bien Chéreau.

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