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crítica

'La noche más oscura', el precio de la venganza

POR NANDO SALVÀ

Trailer de la película La noche más oscura. / periodico

Mientras se mueve de una remota base militar afgana a un hotel bombardeado en Islamabad, a un buque de carga en Polonia, a los pasillos del cuartel general de la CIA en Virginia, La noche más oscura se revela como una narrativa absorbente y agobiante, meticulosa y eléctrica, brillante en su capacidad para crear suspense y hasta controlar el ritmo de nuestros latidos. Algunas tempranas voces críticas antes la han tachado de hagiografía de la CIA y de apología de las técnicas mejoradas de interrogación instauradas durante la Administración Bush. Otros han señalado que deja claro hasta qué punto las torturas ralentizaron y entorpecieron los métodos de inteligencia más ortodoxos. El hecho de que dos personas vean la misma película y obtengan conclusiones opuestas, en todo caso, deja claras su ambigüedad y su sutileza.

SIN TRIUNFALISMO / Es cierto que la postura de Kathryn Bigelow es clara, pero la directora no convierte en heroica la caza a Bin Laden -tal vez porque considera que el heroísmo de la misma se sobreentiende- y la retrata sin un ápice de triunfalismo. Es cierto también que mira a las torturas y dice: fueron útiles. Pero decir que fueron útiles no es lo mismo que defenderlas. Y, además, la cuestión no es esa. Es sugerir que la sed de venganza llevó a Estados Unidos a un lugar muy oscuro, y destruyó el consenso sobre su misión en el mundo que imperó desde la guerra fría. La película permanece instalada en esas sombras. Y la muerte final de Osama bin Laden no arroja ni un destello de luz.

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