El Periódico

ARQUEOLOGÍA

La Pompeya de la edad de bronce

Un poblado de hace 3.000 años ha quedado conservado por el barro en Inglaterra

El yacimiento destaca tanto por la riqueza como por la variedad de los restos

La Pompeya de la edad de bronce

PETER NICHOLLS

Arqueólogos trabajan en el yacimiento de la edad de bronce cercano a Peterborough, en Inglaterra.

BEGOÑA ARCE / LONDRES

Domingo, 17 de enero del 2016 - 19:56 CET

Escondido en el barro, el asentamiento de Must Farm, descubierto por los arqueólogos de la Universidad de Cambridge, ha sido bautizado como, la 'Pompeya de la edad de bronce'. Los restos, en el centro de Inglaterra, del que fuera hogar para varias familias hace 3.000 años son de una variedad, riqueza y estado de preservación excepcionales. Armas, utensilios domésticos, telas, adornos e incluso restos de comida permitirán conocer detalles hasta ahora ignorados de la vida diaria de un periodo que va de los años 1.000 al 800 a.C. “Es un yacimiento de importancia internacional. Las excavaciones transformarán nuestro entendimiento de ese periodo”, afirma Duncan Wilson, director de Historic England.

En los 1.100 metros cuadrados donde tienen lugar los trabajos había un poblado de casas circulares, construidas sobre pilotes de madera al lado de un río. El asentamiento sufrió un incendio y sus habitantes huyeron precipitadamente. Los pilotes ardieron y las casas cayeron al río. Su contenido quedó recubierto y preservado por el limo y la arcilla. "Todo quedó en ese momento detenido en el tiempo", explica Wilson. "Gracias a ello, estamos aprendiendo más de nuestros antepasados". Los restos están tan bien preservados que las maderas carbonizadas del techo son claramente visibles, incluso se han encontrado las huellas de los pies de quienes vivían allí.

PUCHEROS CON COMIDA

Entre las piezas halladas a dos metros bajo tierra hay lanzas, espadas y objetos para la casa como jarras, copas, tazas y cazuelas de cerámica. En uno de esos pucheros quedan restos de la comida que se estaba cocinando -algo parecido a una sopa- en el momento de la huida, escapando de las llamas. En esa época, cuenta Chris Gosden, profesor de Arqueología europea de la Universidad de Oxford, “tomaban gachas de avena espesas, a las que añadían unas cuantas hierbas y con suerte algo de miel”. Un plato de sabor bastante discutible y poco apetitoso, por el que, según Gosden, no daríamos ahora saltos de alegría si nos lo pusieran en el menú. “Lo que la gente comía básicamente eran platos hechos con verduras y no es una gran sorpresa el hallazgo de esa sopa, porque la carne era algo reservado para ocasiones especiales”.

Los textiles descubiertos están realizados con fibras de la corteza de los árboles de tilo y sugieren una capacidad tecnológica más compleja de lo que hasta ahora se creía, cuando se hablaba de la edad de bronce. También es sorprendente “la sofisticación, que tampoco se asocia con esa época”, de unas cuentas de vidrio, que debieron formar parte de un collar. De acuerdo con la arqueóloga Selina Davenport, que forma parte de las excavaciones, las cuentas de cristal son muy similares a las de los romanos y eso sugiere que el comercio estaba más extendido de lo que se pensaba. “Esas cuentas confirman algunas de nuestras sospechas. Las marcas dentro del cristal nos dicen que proceden de los Balcanes. Sabemos que había ciertas rutas establecidas de comercio entre los continentes y Gran Bretaña en aquel tiempo, pero esto amplía aún más ese territorio”.

CÁPSULA DE TIEMPO

En los hallazgos arqueológicos de este periodo lo habitual es encontrarse con algunos huesos o algunas piezas de metal. Pero Must Farm es el poblado mejor conservado del Reino Unido. Una “extraordinaria cápsula de tiempo”, según los estudiosos. “En esta ocasión es muchísimo más lo que se ha conservado. De hecho podemos ver la vida de cada día durante la edad de bronce”, asegura Gibson. “Es arqueología prehistórica en 3D con unos hallazgos reunidos de un valor sin igual, en lo que a gama y cantidad se refiere”. No ha podido saberse si el incendio que abatió el lugar fue un accidente o un acto intencionado, pero los arqueólogos bendicen aquellas llamas que han permitido conservar tan extraordinario legado. 

Los objetos hallados deberán ser trasladados del lugar donde han reposado hasta ahora por miedo a futuras inundaciones. Una vez extraídos del barro, cuando sean limpiados y catalogados, lo más probable es que se expongan al público. Ese momento aún tardará en llegar. El proyecto tiene una duración prevista de cuatro años y aún va por la mitad.   

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