Las nuevas aplicaciones fotográficas en nuestros smartphones han hecho que la fotografía se democratice, que cualquiera pueda captar una imagen y lanzarla al mundo. Ciudades como Barcelona se atestan de turistas armados de teléfonos para captar su recuerdo de la Sagrada Família. Si hubiera estadísticas de las fotografías que se pueden llegar a disparar en un solo día en la ciudad, nos asombrarían. La evolución del mundo de la foto ha sido exponencial en los últimos años. Ya no son solo los aficionados a la fotografía los que tienen herramientas para lograr estas instantáneas. Aplicaciones como Instagram hacen posible que cualquiera con un smartphone capture imágenes y con una serie de artificios como los filtros vintage sature colores, desvirtúe paisajes o logre blancos y negros estupendos. Soy fotoperiodista y hacer fotografías me engancha, me divierte, me sirve de válvula de escape; yo utilizo Instragram. El fotoperiodismo y esto otro son cosas distintas. La cámara es para el periodista una herramienta con la que debe contar con objetividad lo que sucede, sin trampas, ni filtros, ni colorantes. No se puede desvirtuar una noticia. Estas aplicaciones tan bonitas, tan sencillas y que nos dan libertad de crear arte nunca sustituirán una buena fotografía. Al final, la imagen la toma una persona que ha de tener ojo fotográfico. Instagram, ¿sí o no? Como buen gallego que soy, depende.
Información publicada en la página 5 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 23 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)