ÚLTIMA HORA José María Olazábal gana el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2013
Periodista
Tenemos las aulas revolucionadas. Y los claustros. La tecnología ha metido las puertas de los lavabos --con aquellos mensajes, insultos y declaraciones de amor escritos en posición de urinario-- en las pantallas de móvil, tableta u ordenador. El cotilleo, el rumor, el exabrupto, han conquistado páginas de Facebook para el acné de extracción popular y aplicaciones genuinas para jóvenes de clases pudientes. Los alumnos van locos, y los profesores piden prudencia.
Josep Antoni Duran Lleida y Oriol Pujol, tras la cumbre de partidos sobre el pacto fiscal, en julio pasado. JOAN PUIG
En este contexto, bien se puede afirmar que la política catalana es un patio de colegio. Las relaciones adolescentes y el cotilleo se equiparan, en el Parlament, a la política de tuiteo. Se pelean socios de federación --socialcristianos con convergentes-- y compañeros de partido --los del aparato con los díscolos--, y los viejos parámetros de la política cerrada, de pacto de despacho y llamada telefónica, han dado paso a la discusión pública en las redes. Facebook y Twitter han dinamitado cualquier intento de acallar el debate, esconder la discrepancia y lanzar consignas y argumentarios de partido.
Las peleas entre Convergència y Unió del pujolismo --recuerden aquellas listas municipales con CDC y UDC por separado-- son ahora un rifirrafe sin pudor ante 'followers' y periodistas ávidos de piezas para la web. Jordi Pujol gobernó la federación analógica, a Artur Mas se le complican los equilibrios internos en la lógica digital. El obiolismo fue familia controlable antes de internet, pero a Pere Navarro la polifonia interna se le multiplica por mil entre tuit y tuit.
Escolares y parlamentarios, hiperconnectados e hiperexcitados, tomen precauciones y no se hagan daño.
Leer más artículos de: