El Periódico

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Barómetro preelectoral / estimación de voto en las autonómicas

CiU avista la mayoría absoluta en un 28-N que ganará la abstención

El PP supera a Esquerra, ICV cae, Ciutadans se mantiene y Laporta podría obtener dos diputados

Mas puede conseguir entre 63 y 65 escaños y doblar así al PSC, que retrocede hasta 30 o 31

CARLES COLS
BARCELONA

Lunes, 4 de octubre del 2010

Artur Mas vencerá en las próximas elecciones autonómicas del 28-N con una autoridad de la que ni siquiera pudo presumir Jordi Pujol en los 11 años en que gobernó con mayoría absoluta. Mas -según el Barómetro Preelectoral de GESOP para EL PERIÓDICO- podrá gobernar con comodidad los próximos cuatro años porque, de los 135 diputados del Parlament, entre 63 y 65 serán de la federación nacionalista que él lidera. El jefe de la oposición será el actual president, José Montilla, con la deshonra de ejercer su nueva tarea con el más pequeño grupo parlamentario de la historia del PSC: 30 o 31 escaños. CiU tendría así más del doble de diputados que su gran rival. Ese trofeo no lo tiene Pujol en sus vitrinas. Si el 28-N fuera un gran premio de automovilismo, Montilla sería hoy un piloto doblado, pero no tanto por la velocidad punta de Mas, sino porque la abstención (51% o 52%) amenaza con poner sobre la mesa, pasadas las elecciones, el debate de la orfandad política que parecen sufrir buena parte de los catalanes que no irán a votar.

Catalunya avista en el horizonte una nueva etapa política, el retorno de CiU a la Generalitat, con todas las consecuencias que en la política española ello conlleva, pero, según revela el Barómetro Preelectoral de EL PERIÓDICO, no parece que el cambio de ciclo sea fruto de una ola de entusiasmo filoconvergente. La nota que merece CiU como oposición por parte de los encuestados es un suspenso (4,8). Mejor, por supuesto, que la que merece la gestión del tripartito (4,4). Es más, el sondeo concluye, efectivamente, que Mas podrá gobernar casi con mayoría absoluta, pero del análisis de los resultados se deduce también que el líder de CiU se beneficiará de la incapacidad del independentismo catalán, por una parte, y del españolismo más puro y duro, por otra, de ir indiviso a las elecciones.

EL PP, NUEVA TERCERA FUERZA / Esquerra, actualmente tercera fuerza política del Parlament, pasará a ser la cuarta en favor del PP. Su descalabro es notable. De 21 escaños puede pasar a 12 o 13, una sangría que será doblemente amarga si, como apunta el barómetro, Joan Laporta consigue dos diputados en la próxima legislatura. Reagrupament será fuerza extraparlamentaria, así que quedará en el aire la incógnita de qué peso real podría tener el secesionismo si no anduviera a la greña.

Ciutadans resistirá, al parecer, la irrupción de rivales que concurren a las elecciones con un catálogo de ofertas no muy distinto al que ofrece Albert Rivera. Ni UPD (que el pasado fin de semana, por cierto, eligió a Antonio Robles como cabeza de lista) ni Montserrat Nebrera relevarán a Ciutadans en el Parlament, pero probablemente tampoco permitirán a Rivera crecer. La encuesta, por cierto, descarta la entrada de la xenofobia de Plataforma per Catalunya en el Parlament.

UN RIVAL ESCURRIDIZO / Primer resumen: CiU ganará cómodamente el 28-N porque tiene un electorado muy fiel (82,1%), porque sus rivales parecen haber decepcionado a sus respectivas parroquias (ICV tenía en junio una fidelidad del 60% y ahora la tiene del 31,4%, de ahí que pueda retroceder hasta tres diputados), porque la operación limpieza que Joan Puigcercós emprendió en Esquerra la purgará en las urnas y, también, porque Mas, si de lucha grecorromana se tratara, se ha revelado como un rival hábilmente escurridizo.

¿Por qué? Pues porque, en primer lugar, el líder de CiU cimenta su victoria en todos los segmentos de edad, en poblaciones pequeñas medianas o grandes, entre hombres y mujeres, entre gente sin estudios y entre universitarios... No deja a Montilla ni una tierra para cultivar. En segundo lugar, despierta poca animadversión entre los simpatizantes de sus contrincantes. Es inmune, parece, a las campañas basadas en el miedo. Una cuarta parte de los encuestados que en el 2006 votaron a Esquerra querría que Puigcercós fuera el próximo president, ¡pero otra cuarta parte querría que fuera Mas! En el caso del PSC, casi una tercera parte (31,3%) de quienes votaron a Montilla en el 2006 preferiría ver ahora al líder de CiU como jefe del Govern.

No es, para desespero del PSC, solo una cuestión de preferencias. El Barómetro Preelectoral, dentro siempre de un contexto de una enorme abstención, predice importantes trasvases de votos en beneficio de la federación nacionalista. CiU apenas sufre fugas y, al mismo tiempo, puede que termine por recoger en sus redes y por este orden importantes bolsas de votos socialista, popular y republicano. Más transversal, casi imposible, y además en un momento en el que judicialmente han rebrotado las extrañas relaciones entre el saqueador Fèlix Millet y Convergència. El leve descenso de CiU respecto al anterior barómetro en voto directo (del 32,3% en junio al 29,5% ahora) podría entenderse, tal vez, como un castigo por esa cuestión, pero en cualquier caso no permite al PSC remontar, ya que pierde dos décimas desde junio.

A la hora de buscar culpables de sus males, los socialistas, según la encuesta, siempre podrán mirar al PSOE. José Luis Rodrígue Zapatero suspende en nota en Catalunya (3,7), igual que lo hace Mariano Rajoy (2,7), pero al menos los simpatizantes populares aprueban a su líder en Catalunya. Zapatero no aprueba ni entre los afines al PSC (4,7). La consecuencia no es solo que el líder del PSOE tal vez lastra a Montilla cara al 28-N, sino que, extrapolados a las elecciones generales, los resultados de la encuesta pronostican que el PSC verá menguar próximamente su representación en el Congreso de 25 a 17 diputados, mientras CiU crecerá un 50%, de 10 a 15.

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