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POLÉMICA VISITA DEL JUEZ DE LA AUDIENCIA NACIONAL

Videla huye de Garzón

El exdictador argentino abandona la sala donde es juzgado por crímenes contra la humanidad para protestar por la presencia del magistrado español como invitado

Miércoles, 11 de agosto del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ABEL GILBERT
BUENOS AIRES
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El juez Baltasar Garzón experimentó ayer de cerca esa forma de intolerancia argentina que suele mezclar de manera empalagosa la cruz y la espada. Simpatizantes del exdictador Jorge Rafael Videla y el temible exgeneral Luciano Benjamín Menéndez intentaron agredir al magistrado cuando salía de los Tribunales Federales de Córdoba, donde se juzga a decenas de oficiales acusados de cometer delitos de lesa humanidad entre 1976 y 1983.

El juez presenció el juicio que se les sigue, entre otros, a Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez, por el asesinato de 31 presos políticos de la Unidad Penitenciaria 1 de Córdoba. YOUTUBE / TV PÚBLICA ARGENTINA

El juez Baltasar Garzón es increpado a la salida del tribunal donde se juzga a Videla, ayer. AP / OSVALDO RUIZ

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Información publicada en la página 16 de la sección de Política de la edición impresa del día 11 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

El togado fue increpado por los apologistas del tormento y la ejecución de ciudadanos con ojos vendados. Hubo empujones y gritos. Un periodista intentó retratar con su cámara la tentativa de pugilato y recibió una trompada. «Fueron gritos de intolerancia. Quieren hacer de este juicio un escándalo», afirmó Martín Fresneda, abogado de la organización que agrupa a los hijos de padres desaparecidos.

El ambiente estaba caldeado en la sala cuando Garzón, suspendido de sus funciones como juez de la Audiencia Nacional, puso un pie en ella acompañado del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Eduardo Duhalde. En ese momento, el tribunal tomaba juramento al legislador Enrique Asbert, testigo clave de la causa contra los represores. Al ver a Garzón, Videla, Menéndez y los suyos se levantaron y pidieron retirarse del lugar. Siguieron el desarrollo del juicio a través de un monitor instalado en una habitación contigua.

De haber enfocado la cámara a Garzón, los viejos señores de la muerte habrían constatado su perplejidad a medida que Asbert avanzaba en el relato de lo que había ocurrido en la Unidad Penitenciaria Número 1 (UP1) y el Departamento de Informaciones (D2) de la policía de Córdoba tras el golpe de Estado. El testigo recordó cómo lo torturaron en los genitales. Fue tanta la saña y el sadismo que uno de los captores aseguró: «Este no coge [folla] más». Asbert habló además del asesinato de Pablo Balustra, un preso político hemipléjico a causa de los tormentos a quien se le aplicó la ley de fuga.

El juez se abstuvo de comentar el incidente ante las puertas del tribunal y dijo sentirse honrado de presenciar el proceso como invitado. «Es un orgullo que Argentina esté desarrollando los juicios, con todas las garantías, contra aquellos que aparentemente son responsables de esos crímenes», afirmó tras reunirse con el canciller, Héctor Timerman, para hablar de una posible colaboración en el área de derechos humanos. En esa comida participó el fiscal del Tribunal Penal Internacional de La Haya, Luis Moreno Ocampo, quien en 1985 fue uno de los acusadores de la Junta de Comandantes que concluyó con la primera condena de prisión perpetua para Videla y los otros exjerarcas.

Dos años más tarde llegaron las leyes de impunidad y los indultos de los militares acusados de perpetrar hechos aberrantes. En ese momento Garzón cumplió un papel fundamental: desde Madrid, pidió la extradición de decenas de represores invocando las potestades de la justicia universal. Los presidentes argentinos Carlos Menem y Fernando de la Rúa le dijeron que no, pero la rueda que iba a derribar el muro que protegía a los represores había comenzado a andar.

Afirmación velada

Estos días, Garzón también ha visitado Buenos Aires, donde participa en un seminario sobre represión y género y ha formalizado su apoyo a la candidatura de las Abuelas de la Plaza de Mayo al Nobel de la Paz. Suspendido de sus funciones por presunta prevaricación al ordenar la investigación de los crímenes cometidos durante la guerra civil y el franquismo, el magistrado no se privó de intervenir en la política interna de Argentina pero, en rigor, para hablar oblicuamente de lo que a él le ha ocurrido. Garzón criticó con dureza al expresidente Eduardo Duhalde por haber planteado una consulta popular para que la sociedad se pronuncie a favor o en contra de la continuidad de los juicios de los militares.

«La amnistía es absolutamente contraria a los crímenes contra la humanidad. Lo dicen las leyes y los tratados internacionales. No puede aplicarse a crímenes catalogados como genocidio y crímenes de lesa humanidad. Es la regla básica y fundamental», dijo para que, tal vez, todos lo escucharan.

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