Opinión | Editorial

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El triunfo del derecho y la libertad

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«ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada». ¡Cuántos años llevaban la sociedad vasca y española esperando esta frase! Han pasado 50 años desde la constitución de la organización terrorista y nada menos que 34 desde que se celebraron las primeras elecciones democráticas que enterraban definitivamente la dictadura franquista. Es decir, la mayoría de los años de actividad criminal de ETA han transcurrido en plena democracia, un dato que nunca hay que olvidar y que sitúa en su verdadera dimensión el carácter terrorista y antidemocrático de la organización que ahora anuncia el fin de la violencia.

Por eso es de un enorme cinismo la última frase del comunicado de ETA en la que hace un llamamiento a la sociedad vasca para que se implique en las soluciones destinadas a «construir un escenario de paz y libertad». Contra lo que dice ETA, la paz y la libertad ya existían en España y en Euskadi al menos desde la aprobación de la Constitución (1978) y el Estatuto de Gernika (1979), y no son objetivos que haya que lograr ahora. En todo caso, si no existían al completo era precisamente por la existencia de ETA.

Pese a que ETA intenta arropar su iniciativa en una supuesta «solución integral del conflicto» surgida de la llamada conferencia internacional de paz celebrada el lunes en San Sebastián, lo cierto es que el anuncio del abandono definitivo de la violencia, que va más allá de algunas expectativas de los últimos días, confirma que esa conferencia, tan denostada por la derecha mediática y política, era solo un envoltorio con el que justificar la rendición.

Las víctimas

Porque, gracias a la actuación del Estado de derecho, mediante la unidad democrática y la acción de la policía y la justicia, la organización terrorista ha sido derrotada. Y eso se ha conseguido, como reconoció explícitamente Mariano Rajoy, en una declaración muy sensata, «sin ningún tipo de concesión política».

La histórica decisión de ayer es, como dijo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, «una victoria de la democracia, de la ley y de la razón». Zapatero afirmó también que en adelante en España habrá «una democracia sin terrorismo, pero no sin memoria», en una referencia a los 829 asesinados por ETA y a los miles de heridos causados por su terror, y a los que la banda no hace la más mínima referencia en su comunicado final, en una muestra más de su crueldad y de su falta de generosidad.

Los principales líderes políticos que reaccionaron ayer lo hicieron con gran emoción y dignidad, desde Zapatero hasta Alfredo Pérez Rubalcaba, el lendakari Patxi López -que se encontraba de manera inoportuna aún en Estados Unidos-, el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, o el del PP, Mariano Rajoy. Todos recordaron a las víctimas y elogiaron la decisiva determinación de la sociedad de vencer al terror. Rajoy calificó la decisión de ETA de «paso muy importante» y de «gran noticia», y su única reticencia consistió en recordar que, para que el proceso culmine, ETA debe disolverse y desmantelarse completamente. Una declaración que desautoriza totalmente el tremendismo del ala radical del PP y de los medios que le hacen de altavoces.

Una vez que se cierra el capítulo terrorista, el Estado deberá ser generoso con lo que ETA o la conferencia de San Sebastián llaman «las consecuencias del conflicto», que solo pueden referirse a la situación de los presos de la banda. Si las encuestas se confirman, será un Gobierno del Partido Popular el que tenga que gestionar esas consecuencias. La prudencia mostrada ayer por Rajoy permite albergar optimismo sobre su actitud en el futuro. De confirmarse esa conducta, debería contar con el apoyo de todas las fuerzas políticas.