El Periódico

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La gestión de la derecha

Josep Fontana

Josep Fontana

Historiador

Los amos del cortijo

Las memorias de Aznar reflejan cómo llevó al país a la ruina con incompetencia y autoritarismo

Martes, 12 de noviembre del 2013

Conviene leer el segundo volumen de las memorias de José María Aznar, porque nos ayudan a entender mucho de lo que sucede hoy en este país. Nos muestran, por ejemplo, cómo se formó el hábito de usar arbitrariamente el poder que proporciona la mayoría absoluta, contando con la pasividad de los paniaguados que ocupan las instancias encargadas de garantizar el cumplimiento de la Constitución. Gracias a esta impunidad, los gobernantes del PP se han acostumbrado a actuar como los amos de un cortijo.

Se puede ver esto, por ejemplo, en relación con el Plan Hidrológico Nacional del 2001, un proyecto encaminado a multiplicar las urbanizaciones y los campos de golf. Refiriéndose a su frustración, Aznar comenta: «Rodrigo Rato se preguntaba con gracia: '¿Qué clase de país estamos construyendo en que no puedes llevar agua de un sitio a otro?'». Un «no puedes» que expresa un sentido de propiedad respecto del uso de los recursos naturales semejante al de Cristóbal Montoro, que suele olvidar que el dinero que maneja procede de los impuestos pagados por los ciudadanos y parece considerarlo como una fortuna propia que administra a su gusto.

Mucho más importantes aún resultan los elementos que estas memorias nos proporcionan para entender cómo y por qué aquella España que marchaba, gracias a la pretendida clarividencia de Aznar, «rumbo a una prosperidad desconocida en toda su historia» ha llegado a la situación actual, con más pobreza, paro y privaciones que en toda su historia. Unos problemas que no se van a resolver con la mejora del beneficio bancario, de las cotizaciones de bolsa o de algún otro de los indicadores que Mariano Rajoy exhibe como muestra de recuperación, puesto que el camino hacia la salida de la crisis debe pasar necesariamente por el crecimiento del empleo. Este es un principio válido tanto para la Europa del sur como para EEUU, donde Paul Krugman señalaba hace poco: «Al fracasar en la resolución del desempleo estamos sacrificando también el futuro; lo que se considera estos días como una política sensata es en realidad una forma de automutilación económica».

La «política sensata» que practica actualmente el PP, siguiendo la inspiración heredada de Aznar, nos ha llevado a una depresión sistemática de los salarios en la que las empresas se atreven a exigir reducciones de hasta el 40% a quienes deseen conservar su puesto de trabajo, y nos va a condenar, según la opinión de los expertos, a niveles de ocupación inferiores a los de antes de la crisis durante muchos años.

¿Qué tiene que ver todo esto con las memorias de Aznar? Una de las revelaciones que nos ofrece el relato que de su gestión hace el hombre que dirigió la política española entre 1996 y el 2004 es la total ausencia en sus páginas de referencias a la evolución económica, salvo unas jaculatorias en el prólogo acerca de los milagrosos efectos de sus rebajas de impuestos. Esa parece ser la única aportación que hizo Aznar a las «grandes iniciativas de ideas» en el terreno económico. Los populares acostumbran a cargar las culpas de la crisis a la gestión de Rodríguez Zapatero del 2004 al 2011, lo cual es injusto, porque en el 2004 ya no había quien pudiera atajar el desastre que se avecinaba, que se había acabado de fraguar bajo la incompetente gestión de Aznar y sus asesores económicos (¿hará falta citar nombres?), que ni siquiera se enteraban de lo que estaba ocurriendo.

Porque sI está claro que los orígenes de la crisis norteamericana de 2007-2008 datan de la desregulación financiera de la época de Bill Clinton, que llevó a Robert Skidelsky a decir que «nunca en la historia de las finanzas se había otorgado un espacio tan grande a la codicia», también lo está que ese mismo desbordamiento de la codicia se estaba produciendo en España en los años de Aznar, en medio de la escalada insensata de los créditos concedidos a los constructores, de los negocios turbios de las cajas de ahorros y de todo tipo de escándalos en el terreno de la especulación. En el 2003 se puso en marcha la macrourbanización de Seseña, estimulada por el ascenso meteórico de los precios de la vivienda y alimentada con créditos que nunca se iban a recuperar.

No se trata de culpar al PP de haberse beneficiado de los negocios turbios de esa época (lo hizo, al igual que sus oponentes del PSOE). Lo realmente escandaloso es que, como muestran las memorias de Aznar, ni siquiera se enteraban de lo que estaba ocurriendo, de modo que condujeron al país a la crisis, atado de pies y manos, como consecuencia adicional de una política personalista y autoritaria.

Es malo estar sujeto a unos amos de cortijo; pero lo peor es que encima resulte que estos administren mal la hacienda y nos lleven a todos a la ruina.

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