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EMERGENCIA SOCIAL

Un himno para los afectados por la hipoteca

Lunes, 12 de noviembre del 2012 - 11:33h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Ramon Vendrell Periodista

Aleluya: existe al menos una canción sobre las víctimas de los desahucios hipotecarios, y es muy buena.

Rayos, truenos y centellas: es una canción inglesa de 1971.

La canción se llama 'Here come the people in grey' y es la primera de la cara dos de 'Muswell hillbillies', el elepé más dickensiano de los Kinks. El título del álbum juega con 'Muswell Hill', el barrio del norte de Londres donde crecieron Ray y Dave Davies, el núcleo del grupo, y 'The Beverly hillbillies', telecomedia estadounidense traducida en España como 'Los nuevos ricos'. Una compañía petrolera paga a los Clampett una fortuna por su miserable terruño y estos se mudan a pegarse la vida padre a Beverly Hills. El contraste entre el rústico clan y el sofisticado vecindario sirve las risas. La familia Davies también sabía algo de traslados traumáticos. El norte londinense fue muy castigado por los bombardeos alemanes de la segunda guerra mundial y las autoridades optaron por grandes proyectos de reurbanización, ese motor económico que, mala suerte, conlleva grandes movimientos de personas. Quieran estas o no. El título 'Muswell hillbillies' refleja además la naturaleza dual del conjunto. Los Kinks eran radicalmente británicos y hacían música de origen estadounidense. De 'Muswell' no hace falta añadir nada más. De 'hillbillies' no está de más saber que son los paletos montañeses que crearon el country, el gran cauce blanco de la música popular norteamericana de cuyo fornicio con su homólogo negro, el blues, nació el rock and roll. Resumiendo peligrosamente.

Los Kinks en la portada de 'Muswell hillbillies'. ARCHIVO

'Muswell hillbillies' es un retablo de la vida proletaria que conocieron los hermanos Davies. El orgulloso regreso a sus orígenes obreros de unos miembros destacados de la aristocracia pop surgida en la década de 1960. Mientras el resto de la nueva casta se engolfaba en excesos vitales y artísticos, ellos abandonaron la corte para volver al viejo pub.

Hay excepciones: en '20th Century man' es claramente Ray Davies, un individualista del siglo XIX, quien escupe su tirria por el mundo moderno, "una pesadilla mecánica (...) / movida por la burocracia / controlada por sirvientes civiles / y gente vestida de gris” en la que echa de menos “intimidad” y “libertad”. ¡En 1971! Pero en el grueso de los números el compositor y cantante de los Kinks se transforma en diferentes personajes y aborda con conmovedora empatía asuntos verdaderamente importantes: un tristón día de asueto, el demonio de la botella, una taza de té, una novia en la cárcel, el deseo de una vida mejor.

'Here come the people in grey' ocupa un lugar central en esta 'auca' de Muswell Hill. Pequeña trampa: el narrador no afronta un desahucio sino una expropiación. Un procedimiento igualmente forzoso. Y al que se opone. Ray Davies utiliza un tono desvalido en el que se va infiltrando desesperación. La guitarra de Dave Davies es una bestia enjaulada. Una sombra amenazadora. Todo empieza cuando el protagonista de la canción recibe por la mañana una carta con “noticias serias”. Vienen los hombres de gris. Con una orden para derribar su casa y llevarle “Dios sabe dónde”. Primero se queda patidifuso y solo piensa en que no tiene tiempo de hacer el equipaje. Después planea huir con su novia a una vida asilvestrada y libre y comprar una pistola “para mantener a la policía alejada”. Entonces la idea de plantar cara anida en su cerebro. “Voy a luchar una revolución de un solo hombre, de alguna manera, / voy a golpear a los hombres de gris”. Pero los hombres de gris se siguen acercando inexorables y bajo el impulso rebelde se notan los temblores causados por el miedo y la impotencia. Queda en el aire al final de la canción si el infeliz se enfrenta o se rinde a la maquinaria.

El momento personal e histórico, incluso el instante, determinan en gran medida cómo nos afectan las canciones pop. Salida del túnel del tiempo, 'Here come the people in grey' cae en la España actual, donde los desahucios han adquirido categoría de crimen social, como una bomba de efectos múltiples. Por un lado estremece porque nos pone en la piel de cientos de miles de desgraciados muy cercanos, inflama por su invitación a no dejarse pisotear, maravilla por su intemporalidad y universalidad. Por otro lado es como si un científico loco te inyectara tres dosis de rabia. ¿Dónde están nuestros Ray Davies? No hablamos de profesionales de la protesta. Hablamos de músicos de pop con ojos, cerebro y corazón.

El posicionamiento más potente de la cultura española ante la crisis en general y los desahucios en particular lo brindan las últimas campañas publicitarias de una entidad bancaria. Magistrales por cierto. Una docena de artistas populares y considerados guais le han vendido su imagen. El banco de marras no ha sido rescatado y ha cometido menos tropelías que otros, pero a estas alturas a nadie se le escapa que la expresión banco malo es una redundancia.

Claro que más abajo hay contestación. Tres hurras por todos y cada uno de los impulsores de Fundación Robo y de los músicos que han aportado canciones al proyecto. Tres hurras también por el Brossa Quartet de Corda y su espectáculo 'Retaule d'avars'. Pero a poca gente llegan (y por tanto consuelan o encienden) estas y otras voces de abajo. Con lo cual la sensación es de silencio de la música popular.

Una explicación a este silencio la da Fundación Robo en el texto 'Cómo hacer crac (instrucciones)'. “Mis sentimientos, mis obsesiones, mis juguetes de la infancia... La escena musical de aquí siempre ha tenido tendencia a mirarse el ombligo. Pocos grupos han sabido escapar de esta espiral narcisista que todavía domina las canciones populares”, escriben.

Otra explicación, de mayor calado y que no se limita a la música popular, se encuentra en 'CT o la Cultura de la Transición', colección de ensayos coordinada por Guillem Martínez. ¿La Cultura de la Transición? “En un proceso de democratización inestable -escribe Martínez-, en el que al parecer primó como valor la estabilidad por encima de la democratización, las izquierdas aportaron su cuota de estabilidad: la desactivación de la cultura. Con esa desactivación, la cultura, ese campo de batalla, pasó a ser un jardín”. Hasta ahora. El control que las administraciones ejercen sobre la cultura vía subvenciones, premios, contrataciones y acceso a sus medios de comunicación facilita la labor.

Mientras siga el silencio, tenemos 'Here come the people in grey'.

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