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Gente corriente
Pintor. Este mexicano de 36 años «sobrevive» en Barcelona. En su entorno muchos se van por la crisis.

Amílcar Rivera: «Si sobrevives aquí, adonde vayas te irá bien»

Lunes, 7 de noviembre del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Catalina Gayà Catalina Gayà Periodista

Amílcar Rivera llegó a Barcelona hace dos años acompañando a su esposa, Sylwia, quien había escogido esta ciudad para estudiar un máster de diseño. En México, Amílcar era un joven pintor con éxito como también lo fue en Polonia, el país de Sylwia y donde habían vivido un año antes de recalar en el Mediterráneo. Cuenta Amílcar que aquí ha aprendido a hacer «de todo». Está convencido de que Barcelona es un laboratorio de creatividad y tiene claro que quien sobreviva aquí, luego triunfará en cualquier lugar del mundo.

Amílcar Rivera. JORDI COTRINA

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Información publicada en la página 88 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 07 de noviembre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

-Vino como consorte.

-[Se ríe] Sí. Cuando llegué, intenté trabajar como pintor, pero muy rápido me di cuenta de que era un mal momento. ¡Mi pintura no es compatible con la crisis! En México me iba bien: fui seleccionado para la feria de arte contemporánea emergente que organizaba, entre otros, la Fundación Murrieta y mi obra se vendió muy bien. Puedo decir que entonces vendía todo lo que pintaba.

-En su currículo pone que «sobrevive y trabaja» en Barcelona.

-Sí, pero le aseguro que no le guardo ningún tipo de rencor a esta ciudad. He aprendido muchísimas cosas y, además, Barcelona es un laboratorio de creatividad y de multiculturalidad tan vivo que, si sobrevives, adonde vayas te irá bien.

-Enuméreme algunas de esas cosas que ha aprendido.

-Llegué en el 2009 y, en estos dos años, he trabajado repartiendo volantes y cestas de Navidad. He hecho de camarero, de azafato, hice doblaje de voz... He hecho todo lo que ha ido saliendo siempre que fuera a medio tiempo para poder seguir pintando.

-También hace piñatas.

-Y le confieso que, cuando llegué a Barcelona, nunca había hecho una piñata.

-¿Y entonces?

-Fuimos al cumpleaños del hijo de unos amigos y le regalamos una piñata que había hecho Sylwia. Nos animaron a que las vendiéramos. Luego, llegó un tiempo en que realmente necesitamos hacer piñatas para poder comer.

- ¿Cómo aprendió?

-Gracias a Sylwia. Habíamos pasado una Navidad en México y mi mamá le había enseñado cómo se hacían. Para mí, la piñata era parte de la tradición, pero nunca me había interesado como creación.

-Y en Barcelona las vende.

-Sí, pero no sabe lo que las llegué a odiar. Es frustrante no poder desarrollar tu trabajo y tener que hacer cualquier cosa para sobrevivir.

-¿Se ha planteado regresar a México o irse a Polonia?

-Tenemos muchos amigos, extranjeros y catalanes, que ya se han ido o se están yendo porque aquí no encuentran trabajo. ¡Es gente muy preparada! De momento, nosotros queremos estar aquí. Le cuento que este verano me ocurrió algo maravilloso: presenté mi obra a la Galería Ada y, al principio, la galerista encargada me dijo que tenía que pagar para exponer. Yo no tenía dinero, pero le envié mi obra y, ¿sabe qué pasó?

-Cúenteme...

-Que le encantó y decidió exponerla gratis. La galerista me dijo que ahora, cada vez que encuentre algo que le guste de verdad, buscará fechas para poder exponer esa obra sin cobrar. No pueden hacerlo con todo el mundo porque está claro que no tienen la galería por amor al arte y tienen gastos. Además, ahora he reactivado mis contactos en México y parece que la cosa funciona. Ya me han pedido algunas obras.

-Y en Polonia ¿también pintaba?

-Vivimos allí un año y, como yo no hablaba polaco, me dediqué a pintar todo el tiempo. ¡Mi obra salió en un catálogo de pintores polacos! Fue una selección de una galería de Budapest. El primer pintor a quien encuentras cuando abres el libro es a mí. La gente piensa que soy polaco.

-Su obra no tiene el rosa palo mexicano ni es muy folclorista.

-[Se ríe] Sí, y a veces la gente espera eso. Le digo algo: yo soy Amílcar, soy pintor y resulta que soy mexicano. Me gusta mi país, claro, pero los afectos no se generan porque hayas nacido en un lugar. Los vínculos dependen de muchas otras cosas y lo que yo pinto no tiene una localización concreta. Es quien soy yo, mis circunstancias, mi vida, lo que estoy leyendo y lo que estoy viviendo.

-Titula su última serie Las incertidumbres del presente.

-Supongo que es la incertidumbre del presente porque el futuro parece estar muy lejos. Muchos no tenemos trabajo y sentimos que no hay ya nada seguro.

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