El Periódico

NOVELA GRÁFICA AMBIENTADA EN LA CONVULSA CAPITAL CATALANA DE FINALES DEL SIGLO XIX

Sherlock y la bomba del Liceu

El detective de Conan Doyle vive una aventura de cómic en la Barcelona anarquista de 1893

ANNA ABELLA BARCELONA

Martes, 1 de mayo del 2012 - 15:59 CEST

Imagen del libro "Sherlock Holmes y la bomba del Liceu"

Ya lo decía él mismo en El carbunclo azul : «Me llamo Sherlock Holmes. Y mi trabajo consiste en conocer aquello que la gente ignora». Y ahora repite la frase, de incógnito, en las oscuras calles de la Barcelona modernista de 1893, conocida entonces por la ciudad de las bombas, convulsionada por la lucha de clases entre la burguesía y el movimiento obrero, donde el famoso detective creado por Arthur Conan Doyle sigue la pista del desaparecido submarino Ictíneo II, de Narcís Monturiol, y se ve involucrado en el sangriento atentado anarquista del Liceu, durante una funesta representación de Guillermo Tell, de Rossini.

Sergio Colomino (1980), incuestionable fan y activo miembro del Círculo Holmes, y el ilustrador Jordi Palomé (1977) debutan en el mundo de la viñeta con una ficción totalmente respetuosa con el personaje: Sherlock Holmes y la conspiración de Barcelona (Norma), que esta semana se presentará en el Salón del Cómic de Barcelona y coincide con el 125º aniversario de Estudio en escarlata, primera novela del detective.

No es inverosímil que en 1893 el detective de Baker Street recalara en la capital catalana, ya que la aventura transcurre en el tiempo perdido vivido por Holmes desde que Doyle supuestamente lo mató y luego lo resucitó. Entre 1891 y 1894, el detective estuvo resolviendo casos para el servicio secreto británico en distintas partes del mundo.

«Busqué información de la época, de la Barcelona modernista y el anarquismo. Me ayudó mucho La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza explica el guionista. No pretendo descubrir la verdad sobre el atentado del Liceu, pero era perfecto para la trama porque está rodeado de misterios: si la bomba la tiraron desde el cuarto o quinto piso, porqué no explotó la segunda bomba...». El cómic recuerda al anarquista Paulí Pallàs, cuyo atentado contra el gobernador civil alentó la venganza de Santiago Salvador en el Liceu: «Pallàs no huyó, se sacó la gorra y saludó dispuesto a morir. Su entierro fue multitudinario, con gritos de ¡Viva la dinamita! y ¡Viva la anarquía! », dice.

El dibujo de Palomé traslada esa negra atmósfera. «La historia pasa mayoritariamente de noche, por eso usé el estilo de género noir , de películas como El tercer hombre. Aporté sombras para ambientar una Barcelona oscura, con algo del Londres victoriano, pero más cercana a la Gotham City de Batman ». Pero con escenarios familiares: la calle del Call, con la imprenta Comellas (que visitó el Quijote), la plaza Sant Jaume, Argenteria, Santa Maria del Mar, el Born, La Rambla... y el Prat, en la época «todo marismas».

DETECTIVE SECRETO


«No hemos caído en la trampa de la película de Guy Ritchie, donde todo es acción afirma Colomino. Holmes sabía artes marciales y boxeo, pero aquí es más un agente secreto, muy reconocible para el lector de Doyle, con sus rasgos típicos: acción, deducción y el disfraz». La cara del detective rinde homenaje a la del actor ruso Vasili Livanov: «Lo encarnó en unos telefilmes de los 80 y es el preferido de la reina de Inglaterra».

Pero este Holmes solo fuma su pipa y viste su icónico Mac Farlane en el epílogo, donde el doctor Watson hace un cameo. «Holmes es como Quijote, tan excéntrico, que funciona mejor y brilla más con alguien normal al lado», dice el guionista. El comparsa en esta aventura barcelonesa es Jaume Maspoch, con quien Holmes mantiene serios diálogos sobre anarquismo.

¿Y el Ictíneo II ? «Se dice que acabó como chatarra por falta de inversión. Pero ¿y si no fue así? Y según Mike Mignola, de Hellboy , en toda historia victoriana debe haber un submarino». Elemental.

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