El Periódico

Perich sigue vivo

Cuando se cumplen 20 años de la muerte del humorista, su legado sigue más vigente que nunca

ELENA HEVIA / BARCELONA

Sábado, 31 de enero del 2015

En una de tantas veces que Jaume Perich se dibujó a sí mismo, lo hizo sentado en una bomba. Para indicar que el oficio del humorista, si verdaderamente se emplea a fondo como se empleaba él, puede provocar las iras de los fanáticos -«un individuo que tiene razón aunque no tenga razón», como él los definía- e incluso llegar a ser letal como bien saben ya las víctimas de Charlie Hebdo. Hace 20 años, un 1 de febrero de 1995, Perich moría sin aviso previo. Ácrata de izquierdas, con un ajustado sentido común, el hombre que como lo definió su gran amigo Manuel Vázquez Montalbán era «un tío que no se equivocaba nunca», tierno y esquivo a la vez como los gatos a los que tanto amaba, conciencia crítica de los años de la hoy denostada Transición. En estos 20 años al Perich no se le ha olvidado. Lo atestiguan recuperaciones de su trabajo, exposiciones -a los 10 años de su muerte en la Virreina el Ayuntamiento le dedicó la muestra El Perich sense concessions y su correspondiente libro-; ahora está a punto de aparecer el libro El Perich sense caducitat (Efadós), en el que sus compañeros de profesión, gente de la cultura e incluso políticos de distinto pelaje, hasta un número de 60, le homenajean con sus textos.

Y como el título indica, comprobarán la plena vigencia que todavía destilan sus viñetas, esa sensación de irónico desamparo colectivo de sus dibujos y sus filosóficos aforismos con los que es tan fácil identificarse hoy. Han pasado 20 años pero su crítica social de entonces sigue golpeando en las mismas miserias: los ricos y los pobres, Hacienda y quienes la defraudan, la impunidad de los políticos...

Peritaje industrial

Le gustaba decir que empezó a dibujar desde antes de masturbarse. «Parece ser que el cerebro empieza a funcionar antes que el sexo y según dicen, incluso durante más tiempo. La naturaleza es un desastre», escribió en este diario, el último en el que colaboró, aunque llegó a pasar por toda la prensa diaria de su tiempo. Lo cierto es que de niño ya dibujaba él solo tebeos completos que luego alquilaba por unos céntimos a sus compañeros de clase. Muy joven, y descartada la posibilidad de acabar el peritaje industrial que había sido el inútil deseo de sus padres, pasó por la inevitable cantera de la Escuela Bruguera que modeló el ocio infantil de los 60 y 70. Allí Perich como redactor se ocupó de las versiones al castellano de los tebeos de Pilote, El teniente Blueberry, Aquiles Talón y, por encima de todo, las impagables traducciones de Astérix, cargadas de retruécanos y dobles sentidos, a los que su sentido del humor iluminaba con su singular ingenio.

Como creador, su inspiración era francesa, no solo porque su modelo declarado era la revista satírica Hara-kiri, sino porque se miraba especialmente en el radicalísimo Siné, que luego sería uno de los fundadores de Charlie Hebdo y que, más tarde, propalestino militante, fundaría su propia revista.

El primer dibujo en prensa de Perich apareció en 1966. Y en 1971, el que sería su más grande éxito editorial, Autopista, un libro que era poco menos que la hoja de ruta de los vientos de cambio de los últimos años del franquismo y del que llegaron a venderse la friolera de 500.000 ejemplares. Autopista era además una rechifla de Camino de Escrivá de Balaguer. «Cuando un bosque se quema algo suyo se quema... señor Conde», a costa de un eslogan medioambiental popular quizá sea una de sus ocurrencias más recordadas.

Sanciones y secuestros

El Perich, sobre todo, bombeó el corazón de las mejores revistas de humor como La Codorniz, Barrabás y llegó a fundar Hermano Lobo y sobre todo la muy ideológica Por favor -junto a Vázquez Montalbán y Forges y con un plantel en la que estaban Juan Marsé, Josep Ramoneda o Maruja Torres-, claro antecedente de lo que hoy es Mongolia. Por favor recibió tales varapalos entre sanciones y secuestros que solo duró cuatro años, de 1974 a 1978. «No hay que pedirle nada por favor a una dictadura», se lamentaría después. Posteriormente pasó a El Jueves, y ahí, aunque su ingenio no fue menos afilado, no alcanzó el mismo grado de conexión con el público que en los 70.

Su última etapa en prensa se centró en las viñetas publicadas en EL PERIÓDICO. En la última, que apareció al día siguiente de su muerte, sostenía que el actual sistema era una mierda y no veía recambio. Veinte años después sus reflexiones de gato viejo nos siguen agobiando. Y haciéndonos sonreír.

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