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LA ENTREVISTA

Marina Garcés: «La gran derrota es haber aceptado que nos maltraten»

La realidad ha demostrado que el impulso colectivo por sacar la política a las plazas y revisar el régimen del 78 no ha regenerado el sistema. Peor aún, la vida se ha precarizado más. Pero la filósofa no depone el arma del pensamiento crítico.

Domingo, 9 de octubre del 2016

La filósofa Marina Garcés, en el barrio de Gràcia, el pasado miércoles.

A Marina Garcés no le va a gustar el símil. Pero tiene un aire a la Libertad que guía al pueblo de Delacroix. En el avanzar, resuelta, sobre los rescoldos de un fuego colectivo que prendió en el 2011 y se ha ido sofocando a manguerazos de miedo. Conteniendo la náusea, la cabeza ligeramente vuelta para reconocer a los que siguen en pie, la filósofa no detiene la marcha hacia la emancipación. Su último libro, 'Fora de classe. Textos de filosofia de guerrilla' (Arcàdia), recoge su espíritu de revuelta en artículos breves, limpios y hondos.

Se mueve entre las ganas de vomitar sobre el mundo y de abrazarlo, dice. El vómito es la rabia que provoca cada día la realidad. Y no solo me refiero a las guerras y a los refugiados, sino al haber aceptado la violencia física, económica, psíquica, laboral, ambiental. La normalización del maltrato es la gran derrota de nuestro tiempo. Las cosas se rompen y consentimos que se rompan. Pero, precisamente porque hay tanta destrucción, me entran ganas de abrazar esa realidad frágil hecha de deseo de vivir, de compartir, de ser. En esa tensión irresoluble entre una y otra es donde creo que podemos encontrar espacios para la crítica.

¿Qué ha producido la última náusea? La incorporación a la cotidianidad de la agresión sexual y el entretenimiento que proporciona. Es un síntoma de todas las violencias. Si hay una juventud que se relaciona con la posibilidad de maltratar a través del sexo, quiere decir que estamos en unas cotas de agresividad muy altas.

claves biográficas

  • Nació en Barcelona, en 1973. Es hija de Jordi Garcés, arquitecto, y de Tona Mascareñas, creadora del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano. Se doctoró en Filosofía por la UB en el 2001.
  • Es profesora titular de Filosofía de la Universidad de Zaragoza y dirige junto a su pareja, Santiago López Petit, Espai en Blanc, una apuesta colectiva por el pensamiento filosófico. Publica 'Fora de classe. Textos de filosofia de guerrilla' (Arcàdia).
  • Entre el 18 de octubre y el 9 de mayo dirige 'Saber, hacer, comprender', un aula abierta al debate en el Institut d’Humanitats (CCCB).

Fin del "sí se puede". El 15-M fue un momento en el que se alteró el mapa de los posibles. Se abrieron unos límites que pasaban por perder el miedo, la crítica a la representación y el rechazo a una democracia secuestrada por un sistema de partidos. Más que una esperanza defraudada –me parece impotente verlo así– es la evidencia de que aquellos posibles que se abrieron dejaron un gran vacío, y que las fuerzas a las que se enfrentó –el poder económico, institucional, de partidos– son muy fuertes.

¿Aún más fuertes ahora? El sistema no se ha relegitimado –ya nadie cree que del capitalismo pueda salir una vida mejor para todos–, pero el gran vacío abierto por la movilización se ha llenado con miedo. La gente sigue sufriendo, la crisis está donde está y el voto va a parar al que se entiende que pueda ser menos desestabilizador.

¿Qué dice eso de todos? Dice algo que quizá haya que mirar de cara: el poder no se deja perturbar tan fácilmente. Quien tiene unos privilegios, los defiende con más agresividad que nunca. Solo hay que ver a esta Europa mostrándose defensiva, ofensiva, indiferente y a la vez avergonzada de sí misma. Es una cara más del dominio del miedo y también del poder de los que tienen privilegios.

"Necesito parar y callar", anuncia. Eso no significa abdicar, sino situarme en la retaguardia.

Y en esa posición, ¿sobre qué enfocará el pensamiento? Mi foco de inquietud es la relación entre los saberes y sus efectos.

¿En qué sentido? La pregunta es: ¿por qué si sabemos tanto podemos tan poco sobre nuestras condiciones de vida? Esta evidencia pone en cuestión la gran premisa del pensamiento crítico moderno, que decía que educar es emancipar, que saber es poder, que el conocimiento nos hace libres. Tenemos más educación y más cultura que nunca, pero sus efectos no son emancipadores.

¿Todo esto le duele? Siento dolor y desorientación. No porque supiera hacia dónde debíamos ir, sino porque se habían abierto posibilidades.

Hoy, ingluso muchos carteles de protesta del 15-M están guardados en la biblioteca de Princeton. Pero no nos debemos dejar encerrar en narraciones lineales de 'happy end' o de apocalipsis. Cuando parecía que ya no necesitábamos la linealidad para entender el sentido de lo que nos comprometía, ha vuelto otra linealidad, la de la derrota y, a nivel planetario, la del apocalipsis. Nos dicen que, hagamos lo que hagamos, estamos abocados al desastre. Pero lejos de toda frustración, creo que hemos de ser más críticos, no dejarnos intimidar.

¿Y eso cómo se hace? No flaqueando. La generación de los que nos politizamos en los años 90 nos enfocamos hacia la emancipación colectiva. Y eso que había una izquierda que hacía medio de izquierda...

Esa izquierda acaba de implosionar. ¿Qué le parece? Más allá de la vergüenza y la tristeza que eso provoca, si un partido como el PSOE ha estado dispuesto a hacer política con la gente y las trampas que ha hecho, no me sorprende que la consecuencia sea esta.

Y en Podemos, Iglesias y Errejón se pelean. Y la CUP dialoga los presupuestos de Puigdemont. ¿Es lo que está pasando en Podemos? ¿Es lo que ocurre en la CUP? Yo no lo sé.

Se puede seguir casi en 'streaming'. A mí me interesa saber qué ha sido de los círculos, qué está pasando en los ayuntamientos en los que gobierna la CUP. Prefiero mirar donde no esté fijada la mirada de los medios de comunicación.

"Nos dicen que, hagamos lo que hagamos, estamos abocados al desastre. No tenemos que dejarnos intimidar"

Hablaban de algo que ya no. Habrá que evitar la tentación del centro, de pensar que solo desde el palacio o la plaza se pueden cambiar las cosas. En estos momentos es en el centro donde se concentra el embate destructivo del poder. Basta ver el de Barcelona. De los centros hay que entrar y salir, sin ser capturados ni depredados.

¿Quién 'entrará' y 'saldrá'? Las inteligencias marginales, guerrilleras, de retaguardia, que hacen de guardabosques para vaciar de poder el poder.

No se ven los guardabosques. Continuamente nos gestionan los tiempos de trabajo y los focos de atención. No debemos dejarnos atrapar en el ritmo de la productividad comunicativa, emocional, académica y vital que nos marcan. Los problemas de la vida a los que queremos dar respuesta no están en esa agenda. ¿Qué pasa si no jugamos al juego del poder? ¿Qué pasa si lo rodeamos de otras formas de vida que se puedan sostener y, desde ahí, combatir lo que nos daña? Es en los márgenes donde podemos cultivar ideas y resistencias, y desarrollar procesos de autonomía social.

Mientras, habría que olvidar las palabras para volver a hablar. ¿Qué palabra rescata? 'Dignidad'. No por ser pura, sino porque es la palabra que orientó el espacio de todos los posibles en estos últimos años. Es difícilmente secuestrable. Acoge y moviliza palabras como 'libertad', 'igualdad' y 'fraternidad'. Proporciona un lugar desde donde pensar. Se vive o no se vive. La precarización que hemos ido aceptando es indigna y nos hace indignos. El combate entre 'dignidades' e 'indignidades nos permite dibujar un mapa de la política de nuestro tiempo.

Eso en lo colectivo. ¿Y en lo estrictamente personal? Elijo una palabra ausente.

¡Ay! Existe la palabra 'maltrato'. Y yo anhelo el 'buentrato'.

¿El 'buentrato' es amor? El 'buentrato' es amor en sus diferentes expresiones. No sé por qué el amor, fuera del amor de pareja, nos ha quedado algo abstracto. Yo lo extiendo a aquellos que no son bien amados, a los que no son abrazados por su condición física, psíquica, social. Está en nuestras manos abordarlo seriamente sin esperar a ninguna revolución.

¿Ha sido más amada o ha amado más? He amado mucho y me han amado mucho (no siempre de manera bien conjugada). Amar depende de haber sido amado. La relación con el mundo y con uno mismo depende de haber recibido un amor incondicional a través de las manos que te reciben, las de la madre. Y yo lo recibí.

Perdió pronto a su madre. Murió a los 50 y pocos de un cáncer. Yo tenía algo más de 20.

¿Y el miedo, ese que se extiende? ¿Sabe qué es? Soy poco temerosa de lo que he hecho conmigo y con mi vida. He apostado fuerte por las ideas que me mueven y por las personas que quiero. En cambio tengo muchos miedos íntimos.

¿Miedos íntimos, usted? Yo era una niña con muchos miedos nocturnos, y los sigo teniendo. Pero como los conozco íntimamente no he dejado que me dominen.

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