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ENTREVISTA

Javier Cercas: "El pasado ha de estar presente; sobre todo el peor"

El novelista investiga en 'El monarca de las sombras' la figura de un tío falangista que murió a los 19 años en la batalla del Ebro y se convirtió en el gran mito familiar

  • Javier Cercas: "El pasado ha de estar presente; sobre todo el peor"

    JOSE LUIS ROCA

  • Javier Cercas: "El pasado ha de estar presente; sobre todo el peor"

    TVC

    Cercas, en Ibarhernando, con el programa 'Arrelats', un episodio que aparece en su último libro.

Miércoles, 15 de febrero del 2017 - 12:52 CET

Javier Cercas cierra hoy, con la publicación de ‘El monarca de las sombras’ (Literatura Random House), un amplio ciclo sobre la memoria histórica que empezó con ‘Soldados de Salamina’ y prosiguió con ‘Anatomía de un instante’ ‘y ‘El impostor’. Un libro que ha definido como “belicosamente antibelicista”. Cercas se atreve finalmente a enfrentarse al pasado franquista de su familia, con la figura central, que no única, de Manuel Mena, un tío de su madre que se alistó en una bandera de Falange, combatió como alférez provisional con los tiradores de Ifni y murió con 19 años durante la batalla del Ebro. “Es una historia que tengo en la cabeza desde que tengo uso de razón”, dice. Para reconstruirla ha viajado a archivos, campos de batalla y a su pueblo natal, Ibahernando.

De su tio abuelo Manuel Mena, ¿quizá lo interesante no es que su historia sea tan extraordinaria, sino lo ordinario que es su caso, como el de tantos jóvenes que fueron a la guerra y no volvieron? Pinta tu aldea y pintarás el mundo, pinta a tu familia y pintarás a todas las familias. No es tan excepcional, pero sí tiene un punto que lo es, en su peripecia bélica. En casa ninguno sabíamos que este chaval no participó en algún combate, como la mayoría, sino que estuvo en una unidad de choque en todos los frentes más duros, Teruel, el Ebro, la bolsa de Bielsa, Lleida... Para mí lo esencial no es la anécdota, es la herencia de la guerra, qué hacemos con este pasado, qué hago yo y qué hace el lector.

El libro tiene un vínculo con ‘Soldados de Salamina’. Es complementario. Allí había una reivindicación, política, moral, del pasado republicano. En este caso hay una asunción de mi pasado; vengo de donde vengo, como tanta gente de este país. No puedes ignorar este pasado porque ignorarlo es vivir con él de forma inconsciente. Cuando la gente dice que dejemos atrás el pasado y miremos hacia delante eso es un error total. Sobre todo con el pasado que forma parte del presente. La transición, si salió más o menos bien, como pensamos las personas normales, si optamos por no mataros y construir una democracia frágil e insuficiente, fue porque el pasado estaba siempre presente. Eso que se dice del pacto del olvido no es cierto. Hubo un pacto para no utilizar politicamente el pasado bélico.

"Eso que se dice del pacto del olvido no es cierto. Hubo un pacto para no utilizar políticamente el pasado bélico"

Aquel ‘sobre todo que aquello no vuelva a suceder’ no era olvido, tenía muy presente el pasado... Eso no es olvido. Desde Suárez y Carrillo hasta mi padre y mi madre, todos tenían el pasado presente. Que eso no podía volver a pasar. Por eso la transición salió bien cuando todo el mundo en lugar de armarla, armamos una democracia.

Dice que todas las familias tienen una sombra del pasado, algo a lo que no miran. Lo que yo he hecho es poner luz en esa sombra. Lo hacía ahora o no lo hacía nunca, y eso me angustiaba. Ese pueblo para mí es el origen de todo, y regreso a él, mi madre no ha salido nunca de él aunque haya vivido décadas en Girona. Yo no sabía lo que  había sucedido pero eso formaba parte de mí. Yo no sabía ni que mi abuelo había sido el primer alcalde franquista, ni que después de la guerra no quiso que la familia tuviese nada que ver con la Falange. Solo que había sido de Falange. Yo tenía dos opciones, que eso siguiese en la oscuridad o iluminarlo hasta donde fuese posible. Y es lo que decidi. Imagínese que me hubiese encontrado una atrocidad, aunque lo que me he encontrado finalmente no era tan grave.

De todas formas, cuando le facilitan un expediente en el que se ve que su abuelo no fue ajeno a una condena a muerte... ¿siguió hurgando? A tope, hasta donde llegué. Este caso lo analizo con mucho cuidado. Era un caso de asesinato, no solo de represalia política, e hizo seguramente lo único que podía hacer.

¿Por qué se resistió tanto a abordar este tema? Porque era algo muy personal. Yo podría haber encontrado cosas horribles que hubiesen hecho mi familia o este chico. Y si las hubiese encontrado, las habría publicado. Si haces un libro así has de llegar al final. Claro que me daba vergüenza, porque era asumir mi peor pasado. He querido entender de dónde vengo, que es lo contrario que justificar, porque la única manera de combatir el mal es entenderlo.

"A mí me daba vergüenza ser de un pueblo pobre, atrasado, cuenado era chico. Y [hasta ahora] no había sido capaz de digerir literariamente algo tan importante para mí"

Nunca había escrito sobre el pueblo del que salió a los 4 años, Ibahernando (Cáceres). Me llama la atención que también diga que le daba vergüenza. Es que es verdad, este es otro subtema del libro. La emigración es una de las capas de la novela, y la encarna mi madre. Sí, a mí me daba vergüenza ser de un pueblo pobre, atrasado, cuando era chico. Catalunya era otra cosa, era rica, cultivada... Sí, no era solo una vergüenza politica, era una vergüenza de origen. Y yo no había sido capaz de digerir literariamente algo tan importante para mí.

La casa del pueblo siempre está allí. Qué hacer con ella cuando su madre falte. Exactamente. Se podría haber titulado ‘La casa’. Es la herencia. Este libro no habla tanto de la guerra civil como de la herencia. De la herencia de la guerra civil y de la herencia en general, la casa de nuestros antepasados. Yo soy mis antepasados, igual que mi hijo será lo que yo soy. Este es el final del libro. No morimos del todo, sobrevivimos en nuestros descendientes, igual que nuestros antepasados sobreviven en nosotros. Porque estamos hechos de materia que no se destruye...

Y de recuerdo. Porque la muerte es el olvido. Y de recuerdo. Ese era el tema de ‘Soldados de Salamina’. Aquí es más bestia: no nos morimos. Yo estoy hecho de mi padre, y tú del tuyo. Y no somos culpables de lo que hicieron nuestros antepasados, pero sí responsables.

Si ‘Anatomía de un instante’ era el libro de su padre, este es el de su madre, ¿no? Es absolutamente exacto. Los protagonistas aparentes son Suárez y Manuel Mena, y los protagonistas secretos, respectivamente, mi padre y aquí mi madre, que es la que preserva la memoria de la guerra. Cuantas más capas invisibles, mejor es el libro.

Usted no condena moralmente a su tío que marchó al frente. Sí a los intereses a los que servía. ¿Quiénes han hecho siempre la guerra? Los chavales. ¿Quiénes los envían a la guerra? Los adultos. Es así. Los creadores de los discursos. Es lo que hizo Sánchez Mazas. Por eso esa frase de Slavoj Zizek de que detrás de todo genocidio hay un poeta. Detrás de toda guerra, también. La gente que tiene las palabras y las utiliza para incendiar los ánimos. Quien creó una retórica épica, sentimental, inflamada, fueron poetas. José Antonio también hacía sus pinitos y estaba rodeado de ellos. Siempre son los intelectuales.

"¿Quién envía a los chavales a la guerra? Los adultos. Los creadores de discursos. La gente que tiene la palabra y la utiliza para incendiar los ánimos"

Usted expresa alivio en el libro cuando descubre que Manuel Mena llegó a confesar estaba harto de la guerra. No sé si alivio. Pero hasta entonces era una estatua y, de repente, se humaniza. Yo creo que ese chico ya no cree. Esto ha pasado desde que el mundo, los chicos van a la guerra engañados y se encuentran con la realidad, que es un espanto.

¿Qué hacer con la memoria? Es vital. Sin ella no poemos vivir. Pero no se puede sacralizar como no se puede sacralizar la historia, ni nada. Todo ha de estar sujeto a la critica, porque si no, renunciamos a la verdad. Esto fue el caso Enric Marco. Como era un testimonio, nadie ponía en duda lo que decía. Pero se tenía que hacer. Porque la memoria no es infalible. La memoria es individual, y es rebelde, y es subjetiva, y es parcial, y así ha de ser, no puede ser esterilizada. Tenemos que utilizar la historia, la memoria y la literatura para que el pasado siempre esté presente. Sobre todo el peor. Que no lo obviemos, pero que tampoco lo edulcoremos, o lo utilicemos politicamente para nuestros intereses actuales.

En Ibahernando aún existe la calle del alférez Manuel Mena. ¿Qué se debería hacer con ella? Cuando se promulgó la ley de la memoria histórica se empezó a hablar de eliminar la calle. Mis hermanas se le dijeron a mi madre, temiendo su reacción. Mi madre respondió: ‘Lo que no entiendo es cómo no la quitaron hace años”. Eso lo dice todo. Naturalmente soy partidario de eliminarla. El problema aquí es que la derecha no ha cortado, no ha condenado el franquismo. Condenarlo como todo el mundo ha condenado ETA. Esto es lo primero. ¿De dónde venimos? Del franquismo. ¿Era un error? Sí y se ha de condenar de manera radical. ¿Todos los que se apuntaron eran unos asesinos hijos de puta? No necesariamente. Hubo gente que de buena fe se equivocó. No hay que cargárselo todo. ¿Ha de haber una calle del Caudillo? No. ¿Tenemos que eliminar la de Jardiel Poncela? No. No hemos de acabar con una caza de brujas como la de Polonia. Pero ha de haber un corte. El Rey debería haber condenado el franquismo. Y ha hecho cosas, como homenajear a los de la Nueve, porque ojo, no es tonto.

‘El monarca en la sombra’ del título es el Aquiles de la ‘Odisea’, que está en el mundo de los muertos y dice que preferiría ser un esclavo vivo que un rey allí abajo. Es un poco lo que acaba descubriendo de su madre, ¿no? A veces cuando era joven me preguntaba si ese modelo de héroe era para ella el ideal vital, y mi conjetura es que estaba diciendo lo contrario. Que ese chico se había equivocado. Que no era un modelo a seguir sino a evitar. Otra vez el ‘que eso no vuelva a pasar’. Que es mejor envejecer que tener una muerte hermosa. Al final la más belicosamente antibelicista es mi madre. Y eso yo no lo entendía.

No como su bisabuela, que recibió el cadáver de su hijo con el brazo en alto y diciendo 'Arriba España, hijo mío'. Es una escena que aún no acabo de entender.

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