El Periódico

FESTIVAL DE CANNES

Cannes abuchea a Netflix

La polémica por la proyección de 'Okja', filme de Bong Joon-ho producido por la plataforme de cine y TV 'online', se salda con gritos y pataletas

Cannes abuchea a Netflix

AP / THIBAULT CAMUS

Los actores Devon Bostick, Jake Gyllenhaal, Lily Collins y Paul Dano y el director Bong Joon-ho, en la presentación de 'Okja' en Cannes.

Viernes, 19 de mayo del 2017 - 21:14 CEST

La nueva película de Bong Joon-ho, 'Okja', ha sido abucheada en Cannes, pero en realidad la cosa no iba con ella. Es una obra discutible pero en ningún caso merecedora de tal maltrato y, de hecho, la sonora hostilidad de la prensa se ha manifestado antes de que la primera imagen de la película apareciera en pantalla. El detonante ha sido el logo de Netflix, la compañía que ha producido el filme y que muchos se han empeñado en convertir en el villano de esta edición del certamen. Para más inri, la película empezó a ser proyectada en un formato de pantalla incorrecto, lo que generó más pataletas y abucheos. ¿Un simple error humano o un posible sabotaje encubierto? 

No está de más recordar la polémica generada alrededor de 'Okja', que vendría a ser al cine lo que las pugnas entre los taxistas y Cabify son al transporte de personas: un conflicto entre dos modelos de negocio. El pasado 13 de abril la dirección de Cannes anunció sacando pecho la presencia de Netflix en su concurso, con dos películas, por primera vez en la historia de la plataforma de 'video on demand' (VOD). Los distribuidores y los exhibidores franceses, para quienes es inaceptable que títulos que no van a estrenarse en salas estén presentes en la competición, no tardaron en poner el grito en el cielo.

La respuesta del festival fue recular: a partir del 2018, anunciaron, no aceptarán a concurso ninguna película que no empiece su circuito comercial en los cines. Ted Sarandos, número 2 de Netflix, comentó por Facebook que aquello le parecía una declaración de guerra. Por si los ánimos no estuvieran suficientemente caldeados Pedro Almodóvar, presidente del jurado que este año otorgará al palmarés, vino a decir hace unos días que Netflix es el enemigo.

¿Significa eso que 'Okja' puede ir olvidándose de sus opciones a premio? La película (que, encima, empezó a ser exhibida en un formato de pantalla incorrecto ofrece por sí sola suficientes motivos para ello. En realidad podría decirse que Bong ha hecho tres películas en una: una es la historia de una niña y su gigantesca mascota -el coreano ya retrató ese tipo de pareja en 'The host', aunque con intenciones muy distintas-, otra es una sátira contra el maltrato animal y las empresas cárnicas, y la última es una comedia de trazo exageradamente grueso.

Sin duda el corazón de la película lo encarna la tierna relación entre el monstruo del título, que forma parte de una nueva raza de cerdos desarrollada por una multinacional de la alimentación para combatir el hambre en el mundo y la joven que se encarga junto a su abuelo de criarlo. Inicialmente emparentada con el cine de Miyazaki, la película se convierte en una frenética aventura cuando Okja es reclamado por la compañía y la niña se embarca en un intrépido viaje para recuperarlo.

A partir de entonces lo que esencialmente es cine para niños empieza a echarse piedras sobre su propio tejado, enfatizando el elemento satírico a través de una serie de interpretaciones mucho más caricaturescas de lo que deberían -Jake Gyllenhaal, en particular, se arrepentirá de la suya- y un exceso de dramatismo y brutalidad que sumirá al público infantil en el desconcierto. Por eso, y dado el berenjenal en el que se ha metido a causa de esta película, ¿no podría el festival haber prescindido de ella en la competición?

'Jupiter's Moon', el refugiado volador

Jupiter’s Moon, que también presenta hoy su candidatura a la Palma de Oro, es una película que explicada en un párrafo incita al descrédito; hay que verla para creerla, sobre todo porque la protagoniza un refugiado sirio que puede volar -sí, un refugiado que vuela-.  De la mano de este milagroso mártir dotado de una nobleza sin parangón, el húngaro Kornél Mundruzcó nos deslumbra con secuencias de acción francamente inventivas al tiempo que nos insiste de forma tosca en los asuntos que pretende tratar -la pérdida de la fe, el terrorismo, la redención, la culpa, las relaciones padre-hijo, el inhumano trato de Occidente a los migrantes- sin llegar a demostrar si tiene algo que decir sobre ninguno de ellos.

No le asusta tener que ganarse la titularidad, pero tampoco quiere aburrirse en el banquillo