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OPINIÓN

Cuando Stoner levantó la patita

Viernes, 18 de mayo del 2012 - 12:46h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Emilio Pérez de Rozas Periodista

Todo el mundo habla en el Mundial de motociclismo de Casey Stoner, que acaba de anunciar, por sorpresa, su retirada al concluir la presente temporada, como un muchacho muy especial, un campeón particular, un habitante de la Tierra inigualable. La manera, el momento, el estilo y el discurso escogido para decir adiós a las carreras, a una campaña espectacular, a una carrera impresionante, demuestra que, en efecto, el ídolo del motociclismo australiano, que no mundial, pues ahí le ganan varios, ha sido especial y, por supuesto, impresentable.

Casey Stoner durante el anuncio de su retirada, el 17 de mayo en el circuito de Le Mans. Mirco Lazzri / Le Mans

Es posible que muchos recuerden ahora que, en efecto, aquel maltrato que, dicen, cuentan y aseguran, le daba su padre en los inicios de su carrera, la enorme distancia que hay entre su querida Australia y el lujo de Montecarlo o la vida que le proporciona el circo de las motos en cada uno de los grandes premios, así como la parafernalia que acompaña al negocio-espectáculo de las carreras, sus esclavitudes con las marcas y patrocinadores, sus roces con Dorna, compañía organizadora del Mundial, han terminado por aburrir a Stoner, que ha dicho basta y se va. Probablemente con otro título mundial, el tercero, pero se va.

Y, en el parque cerrado del campeonato, nadie, absolutamente nadie, cuestiona su derecho a irse. Es más, ya hubo quien lo anunció, la revista española Solo Moto y la publicación italiana Moto Sprint. Pero lo que no tolera este micromundo son las mentiras, las manipulaciones y, sobre todo, esa peculiar manera que tiene Stoner de creerse el ser más perseguido del planeta cuando la realidad es que no es cierto. Lo primero que ha de hacer un campeón, perdón, cualquier ser humano, es no mentir.

Las mentiras de Estoril

Y Stoner, que cree que en esta vida se puede decir todo y de cualquier manera, mintió, y mucho, en Estoril cuando dijo que esa información era falsa. Lo segundo que debe hacer un profesional es no vomitar sobre el trabajo, el espectáculo, la profesión, el campeonato, el negocio, el escaparate que le ha dado de comer, le ha convertido (a su pesar) en una celebridad y ha poblado su cuenta corriente de millones y millones de dólares y/o euros. Y lo siguiente que tiene que hacer alguien que está defendiendo y representando a una marca tan poderosa como Honda, que se lo ha dado todo, y a un patrocinador como Repsol, es hacer las cosas con seriedad, con profesionalidad y sentido común. Y nada de todo eso hubo en la manera, forma y estilo de anunciar su despedida, el jueves, en la sala de prensa de Le Mans.

Stoner puede irse porque ya no le divierte correr. Bien. Stoner puede jubilarse porque ya tiene bastante, suficientes títulos, victorias, prestigio, fama, gloria y dinero. Estupendo. Stoner puede, incluso, no explicar por qué se va. Y hasta decir, porque todos le creemos cuando lo dice (aunque, insisto, alguien que mintió vilmente como mintió él en Estoril ya no es de fiar), que el nacimiento de su preciosa hija, Alessandra, que acaba de cumplir tres meses, no tiene nada que ver con su decisión.

Respeto al deporte

Pero Stoner ha de honrar al deporte y no decir, imitando a todos aquellos que dicen que la Liga española "es una mierda" tras perder un partido por 5-0 o quedar a, exactamente, 50 puntos del campeón (100 contra 50), que MotoGP es una porquería. Primero, porque no es verdad. Segundo, porque todo el mundo acepta que estamos en una época de transición. Tercero, por respeto a tus compañeros, marcas y patrocinadores. Por respeto a las 2.000 familias que habitan el paddock y viven de las carreras. Y, cuarto, porque es absolutamente innecesario.

Tú, enorme, tremendo, veloz Stoner, decides irte y anunciarlo. Bien. Y, si quieres, explicas las auténticas razones de tu adiós. Sin mentir, por favor, sin mentir como en Estoril. Dices, ya tengo suficiente. Me voy a mi granja de Australia. Prefiero aquella soledad, que este ruido. Mis modales que los vuestros. Estupendo. Pero, por favor, cuando decidas irte, no te acerques a mi pierna, no levantes tu patita y no te mees en mi zapato.

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